Fiestas insostenibles

Wladimiro Rodríguez Brito

Este pasado fin de semana celebró San Francisco de La Montañeta, en el municipio de Garachico, sus fiestas patronales, en la que los vecinos de la costa y de las medianías se unían y se unen para despedir festivamente el verano y saludar la llegada del otoño. Esta antigua fiesta de carácter tradicional se ha transformado con el paso de los años y se ha convertido en un evento masivo y descontrolado en un espacio especialmente sensible y agresivo para nuestra naturaleza y paisaje.

La extensión del uso del coche y la urbanización de la sociedad tinerfeña ha traído consigo el que fiestas como ésta hayan perdido su carácter local o comarcal, pasando a ser celebraciones insulares, a las que acude gente de todos lados, más o menos interesada en lo que se festeja, pero sobre todo animada por la diversión y la juerga que la acompañan. Un número importante de personas acude con tiendas de campaña que montan por doquier, los coches ocupan todos los márgenes de la pista y de la cercana carretera. El personal de medio ambiente se encuentra claramente desbordado ante la masiva afluencia, perdiendo motivación en cantidades ingentes, por la notable despreocupación de la gente a la hora de preservar su propio patrimonio natural. Esta fiesta fue, como otras muchas repartidas por las siete islas, una reunión de vecinos en torno a un santo, a su imagen o a su devoción, para celebrar los bienes que un buen año había dejado a los campesinos o para aventurar mejor suerte para el siguiente. Hombres y mujeres de Garachico remontaban la pendiente desde la costa, con sus bestias con el único propósito de conmemorar una fecha importante para ellos y sus antepasados. Hoy, la mayor parte de ese acervo cultural o bien ha desaparecido o se encuentra en peligro de extinción, a tenor de lo observado durante ese fin de semana.

¿Por qué esta fiesta es insostenible? No sólo por el enclave en el que se desarrolla, en el borde occidental del mayor pinar de Canarias que abarca desde las lavas del Chinyero hasta Tigaiga, con todos los riesgos que ello implica después de un verano seco y caluroso, en unos bosques recubiertos de enormes cantidades de pinocha seca y a punto para arder. Si a esta acumulación de "pólvora" le añadimos grandes masas de personas desconocedoras de las leyes del monte, de su cultura y su propia naturaleza, tenemos una bomba de impredecibles y terribles resultados, no sólo para el medio ambiente sino también para los seres humanos.

Algunas veces ocurre que antes de que acontezca el día señalado en el Santoral se producía alguna que otra lluvia tempranera que atenuaba la sequedad de la piel tinerfeña y, por ende, el riesgo de incendio. Este año hubo apenas una "posma" (pequeña lluvia que apenas empapa el suelo) el viernes previo por la noche. En absoluto, esta breve precipitación sirvió para humedecer el suelo y disminuir el riesgo potencial. Por otro lado, no es un argumento nuevo el que los pinares hace décadas que no son limpiados por campesinos o pastores, para recoger pinocha para abonar sus campos o servir de cama para el ganado. Esto explica que por primera vez en nuestra historia los bosques canarios estén llenos de un material altamente combustible.

En San Francisco de la Montañeta llegamos a contabilizar casi un millar de personas deambulando por el monte, con dos centenares de coches que interrumpían el tráfico rodado. Imaginemos por un instante el grave peligro que esta acumulación de personas y automóviles puede representar en caso de un repentino incendio y que se tenga que evacuar rápidamente la zona. Otro aspecto no menos significativo es el impacto que genera toda esta gente consumiendo y arrojando basuras o la ausencia de cualquier tipo de instalación sanitaria o de letrinas habilitadas.

Este tipo de problemas esta comprometiendo gravemente la continuidad de esta fiesta que -mucho nos tememos- esta perdiendo su sentido tradicional que dio origen a su nacimiento y que hay que reflexionar sobre la oportunidad de mantener la celebración en el lugar y en la forma en que se ha desarrollado estos días. El peligro de una desgracia pende siempre sobre nosotros cuando el descontrol domina en una actividad festiva en el medio natural, que desborda la previsión de afluencia de público y vehículos. En estos momentos, el operativo del Área de Medio Ambiente y Paisaje no puede garantizar la seguridad de los asistentes a eventos de esta magnitud en espacios naturales, por lo que se imponen soluciones urgentes que encaucen este elevado riesgo. Parece sencillo de comprender que el Área de Medio Ambiente no puede cuidar el monte y los espacios naturales y al mismo tiempo actuar de policía de las fiestas.

Por otro lado, hay que denunciar el creciente abuso que algunas personas que acuden a estas fiestas hacen de otro tipo de "combustibles", menos flamígeros pero igualmente peligrosos para las personas. Desgraciadamente, ningún tipo de celebración está ya exenta de recibir a individuos que consumen grandes dosis de alcohol o drogas, pero en un entorno natural la posibilidad de que se provoque un incendio es muy alta, si además se añade el componente de la falta de autocontrol de algunas personas, las consecuencias pueden ser dramáticas.

Por lo apuntado en este artículo se puede deducir que nos encontramos en un punto crucial para establecer la necesidad de una mejor planificación y control de las actividades que se realizan en nuestro medio natural. Sin embargo, este esfuerzo debe ser común, debe incluir a los vecinos y al ayuntamiento de que se trate, sea el de Garachico en esta ocasión, como el de La Laguna, en la reciente fiesta de la Cruz del Carmen, o la Romería de San Agustín, en Arafo, entre otras. Es hora de hacer una verdadera llamada de atención ante los riesgos crecientes que esta sociedad está corriendo que se contraponen al verdadero sentido que nos lleva a celebrar una fiesta. La posibilidad de que la alegría se convierta en pena y tristeza existe y aumenta año a año. Está en nuestra mano, evitarlo, en las manos de todos.

* Consejero del Área de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife