¿Fraude de Ley?

Ramón Moreno

La verdad es que lo que está pasando en la política canaria, no sólo es inaudito, insólito, esperpéntico y hasta inmoral, sino además, ¡de juzgado de guardia! Ahora resulta, que por ese engendro político llamado Nueva Canarias, han fichado un grupo de concejales electos por Coalición Canaria en las pasadas elecciones autonómicas.

Ello ha permitido que, con la mayor impunidad, el nuevo partido de Román Rodríguez se haga con el gobierno municipal de varios ayuntamientos gran canarios, sin someterse al veredicto de las urnas. ¿No es esto un monumental y escandaloso fraude de Ley? ¿Cómo se puede consentir que una formación política, recién constituida y que no ha participado en ningunas elecciones, gobierne en instituciones democráticas por la conducta execrable de unos tránsfugas que, siendo elegidos por unas siglas, ahora se pasan a otras? ¿No estamos ante un presunto delito perfectamente tipificado en la Ley Electoral vigente? ¿Hasta dónde vamos a llegar?

Este es otro lamentable y bochornoso espectáculo de los muchos que proliferan en la práctica de la política en Canarias, que no sólo produce náuseas y el mayor repudio y desprecio ciudadano, sino que pone una vez más de manifiesto, las artimañas de estos defensores de Canarias que son capaces de cualquier cosa, para seguir ocupando puestos y continuar disfrutando de las prebendas del poder.

Del total de 109 ediles que Coalición Canaria consiguió en las autonómicas de 2003, contando los cinco de Compromiso por Las Palmas (de la inefable Nardy Barrios, que también ha roto con CC en el Ayuntamiento capitalino), 67 de ellos han abandonado la Coalición para integrarse en esa Nueva Canarias. Esta formación, en su loco afán de conseguir poder como sea, se ha hecho con los gobiernos municipales de Santa Lucía de Tirajana, Agüimes, Valsequillo y San Mateo; el primero de Coalición Canaria, y los otros tres de grupos independientes que se han sumado al nuevo partido, pero manteniendo sus siglas como patrimonio a conservar. Tal es el caso de Roque Aguayro (RA), Asociación de Barrios (ASBA) y Alternativa por San Mateo (ASM).

Por contra, los grupos que gobiernan en los consistorios de Santa María de Guía y Moya, en el norte de la isla, se han quedado al completo bajo el paraguas protector y la sabia dirección del gran procer José-Carlos Mauricio, insigne valedor de todos los canarios quién, con su recompuesta ICAN, controla con todas sus huestes la pata coja de CC en Gran Canaria. En toda esta burda comedia (Canarias es una pura farsa política y una insostenible ficción jurídica), ha quedado patente que todos estos individuos no están en política para defender Canarias y contribuir a su gobernabilidad -como nos dicen cínicamente-, sino para servirse del poder y seguir medrando.

¡Y no digamos nada de la presunta corrupción generalizada en todos los estamentos y ámbitos de la vida en nuestro Archipiélago! Donde política y negocios van de la mano en un maridaje sin escrúpulos que ha socavado las estructuras éticas y morales de nuestra sociedad; cuyo objetivo prioritario, es dar un buen pelotazo (si es inmobiliario, mejor) con la influencia del amigo político de turno.

¿Es acaso casualidad el reciente nombramiento de los Fiscales Anticorrupción, uno para cada Provincia? Lo de Cataluña del 3% de comisiones por la adjudicación de contratos oficiales, es una anécdota comparado con lo que, al parecer, sucede en Canarias, con un grado de corrupción superior a la media del Estado español. ¡Porque esta lacra de la corrupción está generalizada! Recuerdo, por ejemplo, que siendo Manuel Hermoso presidente del Gobierno, e Ildefonso Chacón (promotor de Independientes de Fuerteventura (IF), coaligados a las antiguas AIC), consejero de Obras Públicas, había un curioso personaje -amigo de éste-, un tal Paredes, ex legionario, que frecuentaba mucho el ' antiguo Hotel Iberia de Las Palmas, y al que todo el mundo conocía como el hombre del maletín.

Y es que, hombres del maletín hay muchos en Canarias aunque no se detecten. En la mente de todos están los famosos casos Icfem, Tindaya, Aeromédica, entre otros muchos. Todo el mundo sabe, y es tema de conversación en mentideros políticos y empresariales, que hay pringados en todos los partidos, de los cuales no hay pruebas, pero si indicios racionales más que suficientes. Y que existe una especie de pacto tácito de silencio, no escrito; algo así como: si sale lo mío, digo lo tuyo...

Lo cierto es que el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. No nos olvidemos del abuso de poder, algo que se utiliza mucho en Canarias, contra los que no están de acuerdo o discrepan, o se niegan a comulgar con ruedas de molino o, simplemente, opinan de otra manera. Para estos, la consigna a cumplir a rajatabla es clara y terminante: ¡matar al mensajero!

Tampoco debemos pasar por alto el clientelismo político, el enchufismo, las subvenciones y otras prácticas detestables que tienen lugar habitualmente en diversas Instituciones, pero sobre todo en la Administración Autonómica. ¿Quien no tiene un amigo funcionario? Esta clase política que nos ha tocado padecer -reitero-, está absolutamente desprestigiada y bajo sospecha, y de presuntos inocentes, han pasado -ellos se lo han buscado-, a presuntos culpables. Por tanto, señores políticos, ¡la carga de la prueba recae sobre todos ustedes!

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