El fuego no
conoce distancias
Wladimiro Rodríguez
Brito
El fuego ha
tenido que ver con la desagrarización de nuestros
territorios y, por supuesto, con los pirómanos.
El fuego no
conoce distancias: se salta las leyes de tráfico y otras normas establecidas
por el hombre. Los que hemos recorrido la distancia entre Los Realejos y Tamaimo sabemos cuánto tiempo se tarda en recorrerlo por
nuestras carreteras. El fuego, sin embargo, fue por libre, sin pedir permiso a
nadie, dejando tras de sí un rastro de ceniza y tristeza. El incendio de esta
semana ha quemado de manera parcial una superficie como la de la isla de El
Hierro, o lo que es lo mismo, en una hora el fuego ha recorrido un espacio
similar al municipio de Puerto de
Estas líneas pretenden
hacer una lectura de lo que ha pasado, sobre todo, por si podemos corregir y
mejorar los recursos y nuestras actitudes para el futuro.
¿Qué podemos hacer?
Para muchos, el tema
se resuelve con más helicópteros, más motobombas y, por supuesto, con más
bomberos. Aquí, una vez más, nos encontramos con una cultura urbana que entiende
el fuego como un problema material, propio de lo que nos presentan nuestros
medios televisivos de las películas americanas, en las que siempre hay unos
hombres de Harrelson que resuelven la papeleta y la
resuelven bien y rápidamente.
Sin embargo, los
hechos son tozudos. En la isla de Tenerife se ha producido una mejora
importante de la superficie forestal en los últimos años, algo de lo que
debemos alegrarnos, pero esta superficie forestal funciona de manera
complementaria con el mundo campesino. En su entorno, las tierras se labraban
todos los años varias veces y, por supuesto, los campesinos cocinaban con la
leña muerta y la pinocha era utilizada como abono.
Hoy, en cambio, ya no
demandamos combustible de nuestros montes y la pinocha está al pie de los
árboles, eso sí, jugando un papel importante para retener el agua en invierno,
frenar la erosión y fertilizar el suelo para los propios pinos. Sin embargo, en
verano es combustible. Pero en el presente incendio el fuego se propagó por las
copas dada la velocidad del viento, alcanzando en algunos momentos rachas
superiores a los
Es decir, aquí se han
roto muchos esquemas teóricos de los que conocemos. El fuego empezó en una zona
antaño cultivada como Los Campeches, ahora sin pinos, y quemó una amplia
superficie con todo el espacio que va desde Los Baldíos, en Santiago del Teide,
hasta Arguayo, Tamaimo,
Valle de Arriba. Qué decir de la zona de Masca y todo el espacio entre Erjos y la parte norte de la cumbre de Bolico
a la que el fuego llegó pero que, afortunadamente, pudimos controlarlo.
Por lo tanto, el fuego
no es un hijo de la pinocha; el fuego ha tenido que ver con tierras cultivadas
hasta hace unos años, hoy cubiertas de zarzales, helechos y espinos. Es decir,
el fuego ha tenido que ver con la desagrarización de
nuestros territorios y, por supuesto, con los pirómanos.
En aquellos puntos en
los que los agricultores siembran papas pudimos dar contrafuegos. Tal fue el
caso de
Y es en este marco en
el que habrá que establecer para el futuro si estas tierras las plantamos de monteverde o sus propietarios vuelven a sembrarlas y
labrarlas, tema éste extremadamente importante. No lo es menos la situación de
los caseríos dentro del monte; caseríos en los que habrá que cortar los pinos
próximos a las viviendas, pero en los que sus moradores deberán limpiar y
cuidar la maleza que tienen en su entorno más cercano, junto a sus viviendas,
como hacían nuestros mayores antaño. Ellos, nuestros sabios, mantenían limpias
las zonas aledañas a sus casas en esta época del año, algo que no ha ocurrido
en esta ocasión.
En ese sentido, no hay
un sistema de extinción papá Cabildo o papá Administración que resuelva esto -y
menos con un frente simultáneo de
El fuego toca en cada
tejado, en cada puerta, sin protocolo ni permiso y, por supuesto, las
sociedades no tienen capacidad de responder en esa situación más que con la
prevención. En ese marco, para próximos episodios no debemos mantener las tierras
agrícolas sin labrar, sobre todo cuando hay viviendas próximas.
Por otra parte, me
gustaría destacar en estas líneas al colectivo que integra el área de Medio
Ambiente, lo que yo llamo "los tiznados", y sus mandos porque han
jugado un papel fundamental de entrega que la sociedad, más allá de que todos
cometemos errores, ha de reconocer. Muchos de ellos trabajaron durante muchas
horas en extrema tensión para la defensa de los caseríos, batallando hasta la
extenuación para impedir que el fuego alcanzase las viviendas y se produjesen
víctimas. Por supuesto, mi reconocimiento para el resto de colectivos y
personas -no los enumero por temor a olvidarme de alguno-, que colaboraron
infatigablemente en la lucha contra el fuego.
Tengo que decir más,
ya que la casa del amigo Lorenzo Dorta se quemó
mientras estaban defendiendo las casas de otros vecinos. Lorenzo sufre hoy en
día, sufre como tantos otros a los que el fuego arrebató sus viviendas e
ilusiones. Un abrazo, amigo.
Este artículo pretende
ser útil y un compromiso para el futuro en el que todos debemos hacer más
prevención y no alardear de supuestas grandes máquinas que apagan los fuegos de
manera milagrosa.