Fuego en los montes de La Palma
Wladimiro Rodríguez Brito *
E
n estos momentos, transcurridos unos días y contemplando con serenidad los hechos acontecidos, parece oportuno hacer un breve balance de lo ocurrido durante el reciente incendio en los montes de la isla de La Palma.1. Para empezar, la abrupta topografía de una de las islas más escarpadas del Archipiélago ha hecho muy complicada la lucha contra el fuego. Los profundos y hendidos barrancos canalizan el aire y el viento de forma caprichosa e impredecible, obstaculizando seriamente la labor de los medios humanos, que cuentan con muy pocas vías y algunas precarias de retirada en caso de un posible cambio de dirección de las llamas.
2. Los medios aéreos no son decisivos en un incendio de estas características con una situación meteorológica desfavorable y en condiciones de mala visibilidad. En esta catástrofe se realizó el mayor despliegue aéreo de nuestra historia y sin embargo no resultaron determinantes en la extinción, puesto que los 9 helicópteros y los dos aviones no podían soltar su carga con la precisión necesaria.
3. En estas condiciones desfavorables, volvieron a ser los equipos humanos, los hombres y mujeres de los retenes contraincendios, los que tuvieron que "sacar las castañas del fuego" a nuestra naturaleza. Se retomó el tradicional sistema de "cortafuegos" y "contrafuegos", el ancestral método que utilizaban nuestros antepasados en los tiempos en que no se disponía de tantos medios y recursos materiales. En palabras del viejo y querido profesor palmero, don Leoncio Afonso, "el fuego se apaga con fuego".
4. Los cortafuegos resultaron claves en el Lomo de la Ciudad (Garafía), donde se logró evitar que el fuego alcanzara Puntagorda, lo que hubiera resultado fatal a todas luces. También fue importante el contrafuego de la Carretera del Roque de los Muchachos y en toda la franja norte hacia los caseríos de Garafía, apoyados en la pista. Por último, el viernes y el sábado, se realizaron contrafuegos, apoyados en el cortafuegos de Gallegos, con un frente de 4 kilómetros, que cortaron la progresión del incendio hacia Barlovento y el este de la isla. De igual manera, se ejecutó el último de estos contrafuegos el sábado por la tarde, entre el Refugio de Gallegos y los barrancos de Las Grajas y Los Poleos.
5. En líneas generales y dada la importancia del incendio, podemos concluir que la coordinación fue buena, a pesar de los lógicos malentendidos o improvisaciones que siempre se dan en una catástrofe de estas características. Los medios humanos y materiales del Cabildo de La Palma, ayuntamientos y Comunidad Autónoma trabajaron codo con codo en un amplio frente en dificultades notables y lograron salir airosos. Hubo una magnífica sintonía entre profesionales y voluntarios, siempre necesarios en estas circunstancias excepcionales. Resultó emocionante ver cómo todos los que trabajaron en este suceso se unieron como una piña y se enfrentaron a una labor tan delicada y peligrosa. La sintonía que existió a pie de monte, frente a las llamas, entre los citados profesionales y los voluntarios palmeros, gracias a este trabajo en común se pudo conseguir detener el avance del fuego.
6. Ante los que evalúan el incendio por la presunta tardanza en extinguirlos hay que recordarles que no existen fórmulas matemáticas para apagar fuegos en lugares inaccesibles, en barrancos profundos y laderas abruptas, es decir, en la geografía de la mayor parte de nuestras islas. Y que el hombre no puede luchar contra la Naturaleza y ganar siempre por mucha tecnología punta y medios materiales y humanos de que disponga. Esa puede ser una buena lección que podemos obtener todos de este desgraciado suceso.
7. Al final, nos hemos tenido que quedar con la frase de don Leoncio, "al gran fuego sólo se le puede apagar con fuego". Un nuevo ejemplo de lo que algunos llevamos predicando durante algunas décadas, la importancia y el valor de la sabiduría popular y de la cultura rural que la engendró durante más de cuatro siglos. Tantos helicópteros, medios humanos, nuevas tecnologías para acabar aceptando que tenemos que volver a emplear los métodos de nuestros abuelos.
Todos los que hemos participado en la extinción de este gran incendio hemos aprendido mucho y algunos se han llevado una cura de humildad de la propia naturaleza y de las personas que están acostumbradas a vivir en contacto con ella. La limpieza de los riscos del Barranco de las Grajas tirando tierra por el risco, colgados de la pared con arneses, evitando a toda costa que el fuego encontrara combustible para continuar por esa ladera fue un magnífico ejemplo de esta tesis. Una de las enésimas lecciones que la gente del campo nos continúa dando día tras día. Un saber popular que debemos canalizar y aprovechar, que puede y debe ser incorporado al mundo de la técnica en la extinción de incendios, buscando la sinergia y lo mejor para evitar que los montes de Canarias vuelvan a estar iluminados al atardecer.
No quiero terminar sin declarar públicamente que muchas veces me he quejado de falta de solidaridad o de coherencia en muchos estamentos de esta sociedad, sin embargo la pasada semana ocurrió en La Palma algo más que un gran incendio. La comunidad fue una sola, sin distinción de ideologías, credos o intereses. Todo el mundo quiso ayudar, animar, participar en la medida de sus posibilidades ante lo que consideraban una grave amenaza. La pasada semana se registró una respuesta popular masiva, espontánea y solidaria que hace renacer la esperanza en un futuro mejor para este pueblo.
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Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife