El futuro de los residuos en Tenerife
Wladimiro Rodríguez Brito
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a semana pasada realizábamos un llamamiento a la participación, al diálogo y al consenso de todos los agentes sociales para proceder a buscar soluciones de futuro en un tema tan importante para nosotros como es la gestión de los residuos. Presentábamos el Plan Territorial Especial de Ordenación de Residuos de la Isla de Tenerife que, a partir del lunes [28-11-2005], podrá ser consultado y revisado vía Internet por todos los interesados. La búsqueda de alternativas de futuro en este tema se ha convertido en una primera necesidad para nuestra sociedad. En el horizonte próximo se perfila una colmatación de nuestros vertederos y es el momento de adoptar soluciones que lo eviten.En los próximos 10 años hay que conseguir invertir todo el proceso de crecimiento de generación de residuos que nos está acarreando graves problemas de índole medioambiental. Para ello también habrá que invertir en descentralizar las infraestructuras destinadas a la gestión de residuos. Desde el Cabildo Insular de Tenerife se pondrá a disposición de los gestores privados de residuos las máximas facilidades, incluido el suelo necesario, para la instalación de plantas destinadas a esta tarea. Por poner un ejemplo, el Plan prevé que en el 2016 existan tres plantas más en la isla para compostaje y para tratamiento de envases distribuidas por la isla (hoy sólo existe una en Arico).
Para el 2016, los objetivos de reciclado son claros: pasar de las 9.000 Tms. actuales de vidrio recogido a un valor cercano a las 40.000 (61,2 por ciento del total); en envases, se trata de evolucionar de las 1.800 Tms a más de 38.500. Asimismo, el volumen de compostaje se pretende que dé un salto cuantitativo importante, de las 7.000 Tms que hoy producciones llegar a las 67.000. Lo mismo se hará con todo el resto de materiales, papel y cartón, madera, neumáticos usados, chatarra... El objetivo en diez años es alcanzar el reciclado de un 50 por ciento de los residuos urbanos, una cantidad equiparable a los países más eficientes ecológicamente de Europa. Pero, aún así, después de haber alcanzado unas cotas de reciclado importantísimas, nos quedarán más de 350.000 Tm3, sin un vertedero con la capacidad suficiente para depositarlas. Y es ésta una cuestión fundamental, decidir qué hacemos con lo que ni podemos reciclar ni tenemos espacio para enterrar.
Hay que tomar conciencia de que el futuro pasa, en primer lugar, por reducir el crecimiento exponencial en generación de residuos que hemos padecido en estos últimos años. El objetivo es intentar bajar un 1 por ciento anual, a partir de la puesta en marcha del Plan Insular. Para ello se van a dedicar ingentes recursos que apuesten por las tres R (Reducción, Reciclado y Reutilización). Hay que tener en cuenta que, a diferencia del resto de España, a las islas todos los productos llegan completamente embalados, lo que aumenta a su vez los residuos potenciales que se quedan en el territorio. En ese sentido, consumidores y administración debemos exigir, cada uno en su papel, que los productos cumplan la normativa y que no se excedan en el embalaje, el plastificado o el envoltorio en el que se transportan y se venden. Así ha ocurrido en otros países europeos de mayor tradición y conciencia medioambiental, donde los clientes de los supermercados rechazan los alimentos o las mercancías que generan más residuos de la cuenta. Extender esa cultura ecológica en la cesta de la compra de nuestra población significaría una considerable disminución de los materiales que llegan a los vertederos.
Además, hay que conjugar la mejor solución con la viabilidad económica futura. No se pueden contemplar soluciones a medio y largo plazo que no tengan en cuenta los elevados costes de la gestión de residuos que, en último caso, acabará repercutiendo en el bolsillo de los ciudadanos y ciudadanas. Es tan importante reciclar como dar un uso o una aplicación real al producto resultante. No sirve para nada si no somos capaces de colocar en el mercado lo que obtengamos del proceso de reciclado. Un ejemplo negativo de esta situación es el caso de una fábrica de papel reciclado del Polígono Industrial de Güímar que ha tenido que disminuir en los últimos años su producción en un 50 por ciento porque esta sociedad no demanda este tipo de papel, en unos casos, o lo importa del exterior, en otros. Y es que "una cosa es predicar y otra es dar trigo".
El plan es y debe ser ambicioso. Hay que intentar reducir a la mínima expresión el vertido por nuestro propio bien. Para ello el plan da diferentes opciones que pretenden suscitar un amplio debate social, que debe servirnos para definir cuál es la opción de futuro por la que apuesta esta sociedad. Con realismo y con rigor pero también con ilusión y con el convencimiento de que podemos y debemos invertir la peligrosa dinámica en la que se encuentra este territorio.
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Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del CabildoInsular de Tenerife