Gobierno gallináceo

Elfidio Alonso

 

En la pasada reunión de ministros europeos de Interior, celebrada en Tampere (Finlandia), salieron a relucir muy duras críticas sobre la política que ha seguido España en materia de inmigración. El primero en abrir el fuego de las puyas fue el ministro alemán Wolfgang Schauble, cuando dijo: "Pedir dinero a otra persona es siempre el modo más fácil de resolver problemas". Más lejos quiso ir Gunther Bechstein, representante alemán de las regiones para temas de Interior, cuando lanzó la siguiente premonición: "España no se va a hundir porque llegaron 25.000 inmigrantes a Canarias". Pero Canarias sí puede empezar a hundirse, le faltó decir.


Pero aún faltaba por llegar la verdadera perla cultivada de la serie crítica, con la entrada en escena de Rita Veudouk, ministra holandesa de Inmigración, quien dijo a las primeras de cambio" "España es, en parte, responsable del problema por haber legalizado a los inmigrantes. Las mafias vieron en ello una señal positiva" (El País, 22-IX-06). Y Franco Frattini, vicepresidente comunitario, ponía también el dedo en la llaga cuando dedujo que "si pensamos en la enormidad del fenómeno que afecta a Canarias, nos damos cuenta de que dos o tres helicópteros y naves de patrulla no son suficientes". Vaya: menos mal que fue Frattini el autor de la frase...


Eso: lo que viene soportando Canarias es una enormidad. Vaya, ya era hora de que alguien lo dijera. En cambio, nuestro ministro de Justicia y admirado paisano Juan Fernando López Aguilar, quiso restarle importancia a estas críticas y reproches dirigidos por tan destacadas personalidades de Alemania, Holanda y Austria contra el Gobierno del que forma parte, escudándose en un curioso e insólito pretexto: "tales reproches se produjeron en los pasillos" (El País, 23-IX-06). ¡Ah!

 

Ya lo saben Adán Martín, Paulino Rivero y José Manuel Soria, que lanzan críticas de parecido tenor (e incluso mucho más suaves que las citadas) a campo abierto y sin tapujos. Si hubieran optado por el sistema de pasillos, tal vez el ministro de Justicia no estaría ahora en el ojo del huracán, tras haber acusado al Gobierno canario de adoptar "actitudes ramplonas y gallináceas" cada vez que osa criticar al santo e infalible Gobierno socialista en materia de inmigración ilegal, en su legítimo y responsable empeño de detener o paliar esa "enormidad" que venimos sufriendo en Canarias. ¿O no?


Sabemos que el término ramplón es muy socorrido en la nunca bien ponderada prosa política, como sinónimo de vulgar o chabacano. López Aguilar se pudo quedar en el primer adjetivo, sin necesidad de acudir al segundo, menos elegante e impropio de un jurista de su talla. No digamos si anteponemos su alto cargo ministerial, que lo convierte en juez y parte.
Porque en el dialecto canario, las pobres gallinas no gozan de buena fama, si nos atenemos a las sentencias del vulgo: "Es más p... que una gallina", "a cualquier gallo se arrima", "con el huevo en el culo la muy cochina", "es un gallina, un cobarde" y demás finas hierbas de nuestro léxico metafórico popular. Sin embargo, lo de gallináceo tiene que ver con los excrementos de estos animales, según el Diccionario, con lo cual la acusación lanzada por el ministro (quizás en un intento de querer pasar por finolis) merece una rotunda descalificación, máxime cuando esa persona pretende merecer la presidencia de todos los canarios en 2007.


Porque todos sabemos cómo terminó aquel Bokassa, emperador y presidente de la República Centroafricana , derrocado en 1979. ¿Por bocazas?

 

Fuente: LaOpiniondeTenerife