La ganadería en Canarias, una actividad sostenible
Wladimiro Rodríguez Brito *
Una lectura de los últimos datos de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación correspondientes al 2003 pone de manifiesto el importante papel que aún desempeña la actividad ganadera en la economía del Archipiélago, superando incluso a subsectores de mayor peso mediático como son los plátanos o los tomates. Asimismo, esto ocurre a pesar de la enorme inyección dé subvenciones que el Régimen Especial de Abastecimiento, el famoso REA, aporta a las importaciones de los derivados cárnicos y lácteos, entre otros. Esta financiación complica sobremanera la competítividad de los productos locales, qué tienen unos costes de producción muy superiores a los elaborados en el continente (europeo).
La última negociación del Poseican, para el 2006, consigna ayudas para las importaciones por un montante superior a los 75 millones de euros, es decir, más de 12.000 millones de las antiguas pesetas. Por el contrario, las ayudas para los sectores productivos insulares (al margen del plátano) como la papa, tomate o viña, entre otros, apenas alcanzan los 41 millones de euros. Bajo estas circunstancias debemos analizar y valorar justamente la labor de núestros ganaderos, desde El Hierro hasta Lanzarote, para, a pesar de todos los problemas ya conocidos, sean capaces de mantener una cabaña más que importante, con una producción próxima a los 30.000 millones de pesetas, es decir, el 25 por ciento del producto agrario total.
En este sentido, afirmamos que la ganadería es sostenible ambientalmente, sobre todo si existe una complementariedad con la agricultura, y no ocurre que como ahora: con problemas con los residúos orgánicos de nuestra ganadería (gallinazas), importamos más de 10.000 Tms. de estiércol de ovejas. No olvidemos que podemos producir forrajes con aguas depuradas en las islas orientales y también forrajes de zonas húmedas en las occidentales, desde tagasastes hasta un largo etcétera.
Por lo tanto, con esta nueva óptica, es posible y sostenible un crecimiento de la actividad ganadera. Es obvio que debemos intentar reducir en la medida de lo posible la alta dependencia que padecemos, ya con carácter crónico, de las importaciones de alimentos, lo que supone, sin lugar a dudas, una debilidad estratégica para nuestra sociedad. Por otro lado, en el peor de los casos, es mejor importar forrajes que carne congelada, además de necesitar menos combustibles fósiles para transportarlos y mantenerlos en condiciones adecuadas de frío.
Necesitamos un nuevo giro cultural que revalorice el papel de la ganadería en las Islas; debemos cambiar los hábitos del consumidor, educándolo e informándolo. Además hay que cambiar hábitos y prejuicios del consumidor de este tipo de productos, de forma que conozca y valore la calidad que supone la frescura de estos alimentos. En definitiva, la ganadería es una apuesta estratégica para esta sociedad, rentable en términos socioeconómicos, pero también importante por su contribución a la salud de nuestro medio ambiente.
Por último, quiero felicitar a los ganaderos canarios, que han sido capaces, contra vientos y mareas, de mantener la producción en la última década. En diez años, en que el sector primario canario ha retrocedido paulatinamente, la estabilidad de la ganadería es una magnífica noticia para el agro de las Islas. En este proceso ha sido inestimable el decidido apoyo que tanto el Gobierno de Canarias como los Cabildos insulares han destinado a reforzar el sector. En especial, merece la pena destacar el papel que el Cabildo Insular de Tenerife ha desempeñado con la construcción de queserías, del matadero, promoción de los productos locales, etc.
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Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife