Contra la globalización, unidad sindical

 

Justo Fernández Rodríguez

 

Con dos décadas de retraso, el mundo del trabajo aborda el camino hacia la unidad sindical internacional, como única forma de afrontar los desafíos y agresiones que la globalización ha significado para los trabajadores de todo el mundo, especialmente para los que viven en países en desarrollo.


En los últimos años, el sindicalismo ha perdido protagonismo en la lucha por los intereses de los trabajadores. En muchos casos, ante acontecimientos internacionales, foros, congresos o reuniones de instituciones, de carácter mundial, han sido sustituidos por organizaciones variopintas, ecologistas, okupas, feministas, contra la pobreza o, simplemente, antisistema.


Cientos de miles de trabajadores han sido víctimas de la incapacidad, decadencia, falta de unidad o estupidez de los dirigentes del sindicalismo, en sus niveles nacional e internacional, ante la ofensiva de las organizaciones empresariales y, sobre todo, de las empresas multinacionales y de los gobiernos a su servicio, amparadas por las políticas reaccionarias de la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, liderado por Rodrigo Rato, que continúan promoviendo las privatizaciones, la liberalización del comercio y las inversiones y la desregulación del mercado laboral, como ejes de una política de la que están ausentes los intereses de los trabajadores.


A esta situación hay que añadir la amenaza de deslocalización empresarial, utilizada como chantaje contra sindicatos y trabajadores, que dificulta el ejercicio de los derechos sindicales, de afiliación, negociación colectiva, condiciones de trabajo y de protección del medio ambiente.


Por eso, en el Foro Sindical Mundial de Porto Alegre, los secretarios generales de la CIOSL y de la CMT, Guy Ryder y Willy Thys, pusieron en marcha el proceso unitario, culminado estos días en Viena, donde se han reunido 1.500 delegados en representación de la Confederacion Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), creada en Bruselas en 1949, con 155 millones de trabajadores afiliados, agrupados en 241 organizaciones de 156 países y territorios, y de la Confederacion Mundial de Trabajadores (CMT), fundada 1920, con 144 organizaciones de 116 países y 26 millones de afiliados. En la primera, de orientación socialdemócrata, están integrados los sindicatos de UGT y CC.OO. A la segunda, de orientación cristiana, pertenece la Unión Sindical Obrera (USO).


De esas reuniones ha surgido una nueva Confederación Sindical Internacional (CSI), que agrupará a 309 organizaciones de 156 países, con 181 millones de trabajadores. La nueva Confederación se declara unitaria y pluralista.


El británico Guy Rider, máximo responsable de la CIOSL, será el primer secretario general de la nueva Confederación Sindical Internacional (CSI). En la Comisión Ejecutiva, de 25 miembros 18 serán de la CIOSL, 5 de la CMT y dos corresponderán a otras organizaciones sindicales que se han incorporado a la nueva Confederación. Si no se producen sorpresas, en la Comisión Ejecutiva figurarán Jose María Fidalgo y Cándido Méndez.


Guy Rider entiende que "la unidad sindical a escala mundial resulta imprescindible para garantizar una representación más eficaz de los derechos e intereses de los trabajadores y trabajadoras en la economía mundial". "La creación de la CSI reforzara las capacidades del movimiento sindical a nivel nacional e internacional". "Adquiriremos mayor peso e influencia ante las empresas, gobiernos e instituciones financieras y comerciales internacionales".


José María Fidalgo, encabezando una amplia delegación de CC.OO., planteó al pleno del congreso la celebración de una "gran jornada de acción de todos los trabajadores del mundo". El secretario general de la UGT, Cándido Méndez, ha defendido el papel de los Estados para hacer realidad otra globalización, la eliminación de los paraísos fiscales y el cumplimiento del Derecho Internacional en la lucha contra el terrorismo.


El Congreso asume combatir la pobreza, la explotación, la opresión y las desigualdades, así como garantizar las condiciones del cumplimiento de los derechos humanos y promover una representación eficaz de los trabajadores en el mundo entero.


Para conseguirlo, se compromete a cambiar, de forma radical, la globalización de forma que redunde, también, en beneficio de los trabajadores, de los desempleados y los pobres, en base a tres pilares del desarrollo sostenible, político, económico, social y medioambiental:


- Garantizar los derechos fundamentales de todos los trabajadores, incluidos los derechos sindicales.


- Modificar la orientación de los organismos financieros internacionales, obligándolos a reconocer la primacía de los derechos humanos sobre las regulaciones financieras, comerciales o económicas.


- Generar trabajo decente para todos.


- Poner fin a la pobreza masiva y reducir las desigualdades, tanto a nivel nacional como entre naciones.


- Combatir las desigualdades sociales, luchar por la redistribución de la riqueza y los servicios públicos de calidad. Educación, sanidad, agua y transportes públicos deben ser elementos centrales del nuevo modelo de globalización.


- Poner fin a la discriminación, en todas sus modalidades, en razón del sexo, religión, color, nacionalidad, procedencia étnica, identidad de género, orientación sexual, opinión política, origen social, edad o discapacidad. Constituye un compromiso firme el principio de a igual trabajo, igual salario.


- Continuar la batalla contra el trabajo infantil, en todas sus manifestaciones.


- Reforzar la lucha por la salud y seguridad en el trabajo, para reducir las consecuencias de los accidentes laborales y la enfermedades relacionadas con el trabajo.


- Rechazar el unilateralismo en los asuntos internacionales, comprometiéndose a apoyar, con todos los medios a su alcance, el papel primordial de las Naciones Unidas en el mantenimiento de la paz y en la resolución pacífica de los conflictos.


- Condenar el terrorismo en todas sus formas y bajo cualquier pretexto, así como las políticas de "guerra preventiva" y de "asesinatos selectivos", defendidas por algunos Estados.


Para tener éxito en esos objetivos, deberá adaptar los métodos de acción del sindicalismo, en función de los retos y oportunidades que plantea la globalización, incentivando la acción sindical y las movilizaciones para apoyar esos objetivos.


Considerando que la unidad sindical internacional, aplaudida por la gran mayoría de sindicalistas y trabajadores, es imprescindible para afrontar los nuevos desafíos que amenazan sus intereses, no son pocos los trabajadores españoles que se preguntan: ¿por qué no se inicia un proceso de unidad en el sindicalismo español?