Gobernantes y Taumaturgos

Emilio del Barco

Los sistemas de creencias no son un instrumento más de poder. Es el más fuerte. Cualquier religión organizada, sea cual sea, tiene más poder real sobre los ciudadanos de su medio que un poder civil, por fuerte que sea. La evolución humana ha llegado muy lejos, pero no tanto como creemos. Falta por llegar la edad de la razón. Estamos fuertemente atados a los miedos atávicos. Sobre todo, debido a nuestra ignorancia. El poder está en el miedo, el terror a lo desconocido, a las tinieblas, a una eternidad llena de dolor, con la que amenazan quienes quieren apoderarse de nuestra voluntad. Los relatos de castigos celestes, están concebidos como cuentos terroríficos, que siembran el miedo y la incertidumbre en los humanos más crédulos. Para ser buenos, no es imprescindible ser religioso. Como, para ser religiosos, no es necesario ser bueno. Quienes instrumentan la muerte de otros seres humanos, aduciendo principios religiosos, con claros fines políticos, para conquistar el poder en una parte de la sociedad o del mundo, no es posible que sean buenos, por muy religiosos que sean considerados. Pretenderlo, debe ser una aberración diabólica.

¿Se puede ganar el cielo matando, o mandando matar? Esa posibilidad se ofrece en casi todas las tendencias religiosas actuales. Ganarse el cielo destruyendo vidas, parece una contradicción. No me valen guerras legales, ni atentados ilegales. La legalidad no es un salvoconducto al paraíso, sino una trampa jurídica. Hay que tener la mente muy confusa, para creer en la rectitud de tales actos. La agresividad, latente en algunos líderes religiosos del momento, es lo que se refleja en sus fieles. Estos siempre se creen obligados a seguir las indicaciones de quien estiman como superior. Este juega con ventaja. Pues sabe que a sus seguidores se les hace necesario creer. En algo, en lo que sea. La fe ha de estar presente en nuestros actos, para hacerlos más efectivos. El pensamiento positivo, creador, estimulante, ha de regir nuestra actitud ante la vida, ante el trabajo, ante las personas. Debemos aprender a quitar barreras, derribar murallas y abrir puertas a nuestro espíritu, para que nada frene nuestra expansión personal. Los grandes logros de la Humanidad se han conseguido, todos, llevando el pensamiento más allá de los límites habituales. No hay avance sin trasgresión. Cuando la lógica natural no resuelve nuestros problemas, debemos estar entrenados para buscar fuera de los caminos trillados. El pensamiento es ilimitado. Y, no podemos ser nosotros mismos quienes pongamos límites a lo infinito. Si pensamos positivamente, la creatividad siempre tiene un más allá, que no acaba. Psiquiatras, médicos, sacerdotes, magos, curanderos, gobernantes, saben que la fe lo puede casi todo. Cuando uno cree en la bondad de sus actos y tiene fe en sí mismo, no puede detenerse. Quien crea en los milagros y en sí mismo, realiza milagros. Quien cree en los demás, permite que otros los hagan.

Quienes quieran formar individuos extraordinarios, no pueden basar su formación en la cotidianeidad. Las metas han de ser puestas, siempre, más allá de nuestra frontera habitual. Soñar se hace necesario, para conocer, realmente, dónde está nuestro límite. Si anhelamos conseguir lo cotidiano, no levantaremos las alas, viviremos, siempre, a ras de suelo. Los pioneros, los creadores, los taumaturgos, los transformadores, han creído en sí mismos, como primera condición para conseguir la confianza de otros. El carisma se crea, los ídolos se moldean. Su futuro dependerá del material del que estén hechos sus sueños. La nobleza perdura, el mal se extingue en sí mismo. Quien crea actuar en pro del bien común, aunará la fuerza de los bienintencionados a la suya propia. Somos una parte del Universo, y como tal debemos conducirnos, concentrando las fuerzas del universo en nosotros. Creando, transformándonos cada día, sumando actos positivos, contribuyendo, como podamos, a la felicidad de los demás, basándonos en la propia. Tenemos la obligación de ser felices. Porque no podemos repartir lo que no tenemos. Para ser taumaturgos, habemos de curarnos nosotros antes. La grandeza del pensamiento creador, lleva a la grandeza de lo creado.

03/08/2005, Agüimes, Gran Canaria

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