El Gobierno de Aznar apoyó el golpe de estado en Venezuela
José Vicente González Bethencourt *
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ntre el 12 y 13 de abril de 2002 se produjo un golpe de estado en Venezuela sobre el que el entonces ministro de Asuntos Exteriores y hoy senador del PP, Sr. Piqué, opinó el 14 de abril que no se podía distinguir entre golpes de estado buenos y malos. Ese mismo día el actual diputado del PP, Sr. Arístegui, publicó que la citada revuelta popular abría una puerta a la esperanza, saludando con optimismo al presidente golpista Carmona. Cuatro días más tarde, el Sr. Arístegui no dudaba en calificar lo ocurrido como golpe cívico-militar. Previamente, en un telegrama de 8 de abril, el embajador de España en Venezuela, Sr. Viturro, informaba al Gobierno español que existía riesgo por algunos sectores de oposición de incitar al Ejército a derrocar al presidente Chávez, circulando rumores de distribución de armas para generar una situación de caos que pudiera llevar al Ejército a restablecer tranquilidad y, llegado el caso, establecer junta patriótica. Al día siguiente el embajador vuelve a informar de rumores de golpe de estado militar, confirmando la presencia en Caracas de un general destinado en Washington, Enrique Medina, del que se dice podría liderar golpe cívicomilitar en unión de otro militar, Efraín Vázquez. El Sr. Viturro, los días 10 y 11, con celo profesional, sigue informando a su Gobierno en términos cada vez más acuciantes, hasta que a la una de la madrugada del 12 de abril envía un telegrama con la conclusión de que la estrategia dirigida a conseguir la salida de Chávez estaba dando resultado y puso en la tarde de día anterior los muertos necesarios para provocar la intervención del Ejército, única fuerza capaz de poner fin al Gobierno del presidente Chávez. El 13 de abril envía otro telegrama al Ministerio de Asuntos Exteriores: "siguiendo instrucciones de V E., fuimos recibidos por presidente del Gobierno provisional Pedro Carmona, y ministro de Asuntos Exteriores, José Rodríguez". Se trataba de la primera entrevista concedida por Carmona a representantes extranjeros tras su designación por los 50 firmantes del Decretazo de disolución de la Asamblea Nacional a cuyo presidente correspondía la jefatura del Estado ante la supuesta dimisión escrita de Chávez, nunca demostrada, pero que al quedar disuelta no permitía ese procedimiento previsto en la Constitución Bolivariana y así se justificaba la designación de Carmona.Toda la gestión del Gobierno de Aznar hecha con posterioridad al golpe de estado articulaba el reconocimiento internacional del presidente golpista. Bajo su exclusiva responsabilidad, como Presidencia de la Unión Europea, el Gobierno español declaró que la Unión Europea confiaba que el Gobierno provisional de Venezuela (no ya la Junta cívicomilitar) respetaría los valores e instituciones democráticas, y no condenó el golpe de estado. El entonces presidente español atendió la llamada telefónica que el 17 de abril le hiciera Carmona. El Sr. Aznar no podía ignorar que hablaba con un golpista: el embajador, al hacer balance el 16 de abril de lo sucedido, decía que el nuevo gobierno había nacido ilegalmente. La Junta cívico-militar, instigadora del golpe de estado, buscó una transición de poder con apariencia constitucional, y el Gobierno del PP tomó la iniciativa de emitir un comunicado conjunto para facilitar legitimidad internacional. Sin embargo, otros países declinaron hacerlo. Asistí a la comparecencia de Moratinos el pasado miércoles en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso. No dijo que el Gobierno de Aznar participase en la preparación del golpe de estado, sino que no lo condenó y trató de ofrecerle legitimidad.
¿No es eso apoyar el golpe de estado? Entregué al ministro un mensaje escrito de apoyo de militantes socialistas de Tenerife. Por su coherencia se lo merece y seguiremos apoyándole.
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Senador por Tenerife. Consejero del Cabildo. PSOE