Los gomeros de los sacos

Esta noche me duele La Gomera. Como supongo que le duele a todo aquel que ha visto el reportaje que la Televisión Canaria ha emitido sobre el terrible "Fogueo" de Vallehermoso. "Y lo peor es que los jóvenes no quieren saber", decía la memoria de uno de esos valientes. Y es cierto, el descaro histórico de nosotros los jóvenes es tan mezquino que prefiere creer que estamos ante el final de la Historia, que "ya hemos llegado" a donde teníamos que llegar. Un descaro compartido también por muchos habitantes que no sólo obvian la memoria de la isla, sino también la enfermedad que aún padece.

Decenas de fusilados, decenas de humillados, decenas de torturados. Decenas de desaparecidos cuyo paso por la isla sólo quedará patente en un nombre y apellidos que quedarán sepultados con la muerte de sus familiares. Decenas de vidas que enfrentaron su miedo para conseguir un pedazo de libertad para todos nosotros que hoy leemos esto.

Cabe preguntarse pues para qué sirvieron esas muertes y esas torturas. Para qué sirvieron las humillaciones públicas que las gomeras pasaron con sus cabezas rapadas, barriendo las calles mientras el cacique de turno aprovechaba para levantarles la falda y reírse. Para qué sirvieron esas irrupciones a medianoche en las casas de los gomeros por parte de franquistas deleznables para secuestrar obreros, dejando a tantas personas sin madres, sin padres o sin hijos. Para qué sirvieron esos sacos arrojados a la mar de nuestra isla con gomeros vivos dentro que, mientras se ahogaban con la sal del océano mezclada con la sal de sus lágrimas, gritaban por una isla que nos diese de mamar a todos de forma justa. Para qué sirvieron esos fusilamientos en medio del monte de vecinos cuyos cuerpos y almas ya nadie recogió de la pinocha.

Todos esos muertos y desaparecidos desgarraron sus días para que nosotros, los gomeros, tuviéramos nuestros días más justos, libres y dignos. Para que llegase el día en que no existiese miedo a hablar, a reunirse, a expresarse, a criticar, a elegir a sus representantes, a derrocarlos si no hacían todo lo necesario por los gomeros. TODOS los gomeros, fuesen mujeres, hombres, católicos o ateos, homosexuales o heterosexuales, de San Sebastián o de Agulo.

Sin embargo me comentaba un anciano hace un par de meses cómo había ido a reclamar una ayuda para pensionistas al Ayuntamiento, y la propia concejala se la denegaba aduciendo como razón el "no haberle votado a su partido". Y yo miro atrás y me pregunto si aquellos que iban encerrados en un saco y fueron lanzados vivos a la mar, tuvieron un final tan terrible para llegar a esto.

Es por ello que se dice que quien no conoce el pasado comete los mismos errores en el futuro. Es por ello que hoy falsamente creemos vivir en una democracia limpia y en plena salud, cuando muchas veces sólo somos unas marionetas que viven en el espejismo de una dictadura democratizada.

Esos que antes cerraban los sacos con gomeros dentro para luego lanzarlos a la mar, ya no matan a nadie. Y es por eso que creemos estar en una isla de Jauja donde ya no hay nada de qué preocuparse. La razón es que esos que antes cerraban los sacos con gomeros dentro y los lanzaban a alta mar, hoy visten de traje y corbata, o se sientan en despachos que les permiten cerrar el saco de su cuenta corriente con fondos que no les corresponden. Muchos de esos que antes cerraban los sacos con gomeros dentro para tirarlos a alta mar, ya no necesitan mancharse las manos de sangre, sino decirle a un gomero que pide su ayuda de pensionista que sólo tiene derecho a ella si vota al partido que llena el saco de su descomunal nómina.

Porque muchos de esos que antes cerraban los sacos con gomeros dentro ya han conseguido lo que buscaban: un puesto de trabajo fijo, un buen sueldo, poder y libertad para incrementar su capital personal. Con este enorme regalo, ¿quién necesita cagarse las manos matando gomeros, si se los puede tener calladitos y reprimidos a cambio de una lavadora?

Con esto y con todo, es evidente que La Gomera sigue enferma de aquellos que quieren La Gomera para unos pocos, y de éstos todos conocemos algunos. Por mucho que nosotros, los descarados jóvenes, no queramos verlo y prefiramos seguir viviendo con un baile de la Wamampy y un sueldo de setecientos euros. Por mucho que queramos creer en la falsa eficacia de las dictaduras democratizadas. Por mucho que queramos seguir ignorando los gritos que traen las olas de todos aquellos que fueron metidos vivos en un saco y lanzados a alta mar, por arriesgarse a pensar que todo algún día sería diferente.

Decenas de fusilados, decenas de humillados, decenas de torturados. Decenas de desaparecidos cuyo paso por la isla sólo quedará patente en un nombre y apellidos que quedarán sepultados con la muerte de sus familiares. Decenas de vidas que enfrentaron su miedo para conseguir un pedazo de libertad para todos nosotros que hoy leemos esto.

Fuente: La Gomera de los sacos (+)

La Tea, 31/03/06

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