Goytisolo y el Sahara

Juan Manuel García Ramos

La reciente presentación en el seno de la ONU de la propuesta sobre una posible Alianza de Civilizaciones de José Luis Rodríguez Zapatero, ha desencadenado una proliferación de artículos periodísticos y de posturas para todos los gustos en torno al asunto.

La retirada de las tropas españolas de Irak, tras la llegada al poder del presidente socialista, estuvo acompañada por ese lema conciliante que no venía sino a repetir con tímidas modificaciones una fórmula del ex presidente iraní Mohamed Jatamí, quien años atrás, durante una entrevista en la CNN, lanzó aquello del Diálogo de Civilizaciones como cortafuego de lo propugnado en el verano de 1993, en la revista norteamericana Foreign Affairs, por el catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad de Harvard, Samuel P. Huntington, en torno al Choque de Civilizaciones.

Choque, diálogo o alianza, todo esto parece una fiesta conceptual a la que asisten invitados tan variopintos como el gran novelista Juan Goytisolo para colocarse a un lado o a otro del pleito planetario.

Aunque hay una diferencia entre las invitaciones a la reflexión de Hungtinton, Jatamí y Rodríguez Zapatero, y es que mientras el catedrático de Harvard no sólo explicó los pormenores de su "choque" en el referido artículo de revista de 1993 y en un voluminoso libro posterior de 1996, ya traducido al español con el título de El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial (Barcelona, Paidós, 2005), en el caso de Jatamí y Zapatero todo se ha quedado en la simple enunciación, en el escueto lema, en la belleza solitaria de la idea sin desarrollar, sin decirnos en qué consisten sus diálogos y sus alianzas posibles.

Ahora ha sido la ONU la que ha nombrado una comisión multilateral para profundizar en la propuesta de José Luis Rodríguez Zapatero, una comisión integrada por intelectuales y pensadores de muy distinto calado y credo, y mucho nos tememos que, como suele ser norma en el funcionamiento de todas las comisiones, los resultados nos lleguen tarde y mal.

Le será muy difícil a ese grupo de elegidos por Kofi Annan argumentar en contra de lo planteado por Hungtinton primero en su artículo y luego en su libro, pues, sobre todo en la segunda de esas entregas, el despliegue de información contrastada y sistematizada, las referencias históricas, las fuentes bibliográficas y los juicios arriesgados, resultan casi abrumadores.

Se trata de un libro estilo Harvard, donde el mismo Hungtinton reconoce que hizo un esfuerzo por proporcionar la respuesta más completa, profunda y minuciosamente documentada a la pregunta con la que terminaba su artículo en 1993: ¿se está dando en estos momentos un choque de civilizaciones en el mundo?

Las cuestiones tratadas tienen que ver con el mismo concepto de civilización, con la cuestión de la existencia o no de una civilización universal, con la relación entre poder y cultura, con el equilibrio y desequilibrio de poder entre las civilizaciones, con la vuelta atrás cultural en las sociedades no occidentales, con el creciente proselitismo musulmán y la autoafirmación china, con el futuro de Occidente.

En las abundantes páginas del libro de Hungtinton encontramos hasta una versión de la Alianza de Civilizaciones de Mohamed Jatamí; digo sólo una versión, porque de lo que se trata es del acercamiento que a mediados de los años noventa del siglo anterior se dio entre los regímenes de Irán, China, Pakistán y Kazajstán, una serie de países enraizados en la oposición a Occidente, con agravios comunes frente a la influencia occidental, un acercamiento que el hoy reciclado para la misma causa occidental, el coronel Gadafi, celebró en 1994 con palabras incendiarias: "El nuevo orden mundial significa que los judíos y cristianos controlan a los musulmanes y, si pueden, después dominarán el confucianismo y otras religiones de la India, China y Japón. Lo que los cristianos y judíos están diciendo ahora es: estábamos decididos a aplastar el comunismo, y Occidente aplastará ahora el islam y el confucianismo. Ahora bien -sigue el Gadafi del año 1994-, nosotros esperamos ver una confrontación entre China, que encabeza el bando confuciano, y los Estados Unidos, que encabezan el bando cruzado cristiano".

Si, desde luego, ésa era la manera de entender lo de la Alianza de Civilizaciones por parte de Jatamí, Dios nos coja confesados, porque el libro de Hungtinton se queda muy por debajo en su presunta belicosidad, o en su pesimista manera de ver las cosas que ocurren entre las naciones y las culturas del mundo.

En cuanto a la participación del Juan Goytisolo en toda esta discusión internacional, lo que nos llama poderosamente la atención y no nos deja de parecer un ejercicio de cinismo por su parte, es que sea tan concluyente a la hora de denunciar genocidios y atropellos en Bosnia, en Chipre, en Palestina, en Chechenia y guarde tan estricto como sospechoso silencio en torno a lo que sucede en su más inmediato alrededor: en los territorios anexados del Sahara Occidental por parte de Marruecos, país en el que reside Goytisolo desde 1996 y donde ha sido mimado por sus autoridades políticas y culturales -en junio de 2001 fue nombrado miembro honorario de la Unión de Escritores de Marruecos "en reconocimiento a sus posturas en favor de Marruecos y de su cultura"-.

Clama al cielo, al cielo de todas las religiones habidas y por haber, que Goytisolo sea tan sensible a colonizaciones ilegales de tierras como las palestinas por parte del Gobierno de Israel y no haya escrito o dicho una palabra en relación a lo sucedido entre Marruecos y el Sahara Occidental, por lo menos que nosotros hayamos leído o escuchado.

Clama al cielo que Goytisolo se desgañite exigiendo el cumplimiento de la legalidad internacional en Irak, en Sarajevo, en Argelia, e ignore que desde 1975 un dictamen del alto Tribunal de La Haya dejó claro al mundo entero que ni Marruecos ni Mauritania gozaban de ningún tipo de soberanía sobre los territorios ocupados del Sahara Occidental tras la cobarde retirada de las tropas españolas de esas posiciones.

Las condiciones de vida infrahumanas de las mujeres, los ancianos y los niños saharauis en los precarios campamentos de Tinduf o las represiones que en estos últimos tiempos padecen en El Aaiún algunos de sus habitantes por manifestar su desacuerdo con la ocupación marroquí, no merecen una línea solidaria de la prosa brillante de Juan Goytisolo, quien prefiere hacer turismo bélico por otras latitudes algo más cinematográficas y volver a su cómoda y luminosa residencia de Marrakech a ejercer un silencio cómplice con las autoridades del Reino de Marruecos sobre lo que sucede un poco más al sur. En este caso no hay vulneración de la legalidad internacional.

Termina uno algo asqueado de tanto debate intelectual, de tantas actitudes cínicas e hipócritas, envueltas en el papel couché de las revistas literarias de élite, y de tantos compromisos políticos adulterados.

Para algunos progresistas de cartón piedra, vende más el antiamericanismo galo-germano que ocuparse de conflictos vergonzantes que tienen lugar delante de sus propias narices.

* Publicado en los periódicos Canarias7 y Diario de Avisos