Gran
Canaria en gris
Ana
Alonso F. Aceytuno
El enorme fuego desatado en los últimos días en la isla de Gran Canaria ha teñido
de gris algunas de las pocas zonas que quedaban al abrigo de otro tipo de fuego,
tanto o más devastador que aquél: el de la especulación y transformación de
la mayor parte del terreno agrario de la isla en urbanizado. Los municipios más
afectados han visto a lo largo de los últimos 30 años cómo las extensiones de
tomateras, que formaban el paisaje del sur de Gran Canaria, desaparecían y eran
sustituidas por miles de apartamentos que cubren de cemento incluso las laderas
de las montañas cercanas a las playas. Ahora el fuego ha devastado las zonas de
medianías de estos mismos municipios, reductos de una agricultura que ha ido
retrocediendo por falta de apoyo ante el empuje del ladrillo.
Puesto que ha llegado el momento de las acusaciones entre las distintas
formaciones políticas, creo que también es hora de recordar algunas cosas.
Canarias tiene un régimen especial fiscal llamado RIC (reserva de inversiones
para Canarias) que permite a las sociedades y empresas reducciones de hasta un
90% de impuestos sobre sus beneficios si se invierten en actividades que
incluyen desde viviendas y yates, a deuda pública para construcción de
infraestructuras o conversión de suelo para agricultura.
A tenor del resultado, no es difícil imaginar a qué se han dedicado estas
inversiones: recalificaciones masivas de suelo agrario en urbanizable y su
posterior repoblación por edificios y autovías y circunvalaciones que han
degradado el territorio para acortar distancias, en ocasiones insignificantes.
Sugiero a nuestros políticos que utilicen los fondos de
Fuente:
El
País