¿Un primer paso [hacia la independencia]?
Groenlandia es un territorio europeo, desde el punto de vista administrativo, que pertenece al reino de
Dinamarca y que se encuentra situado frente a las costas de Canadá, o lo que es lo mismo, un territorio europeo
en América del Norte, es decir, geográficamente norteamericano.
A nadie se le esconde la similitud con
Canarias que es un territorio europeo, desde el punto de vista
político-administrativo, pero a un tiro de piedra de las costas de África, o lo
que es lo mismo, geográficamente africano.
Fue en 1931 cuando Groenlandia
pasó a la soberanía danesa tras resoluciones de tribunales internacionales que solventaron las diferencias que
Dinamarca mantenía con Noruega.
Tras un largo proceso colonial, en 1953
Dinamarca incluyó a dicho territorio como una provincia del estado danés.
Sin embargo, el 17 de enero de 1978 y
mediante referéndum, fue aprobado el Estatuto de Autonomía de Groenlandia. En el mismo, Dinamarca reconocía el hecho
diferencial groenlandés del resto del estado, permitiendo un altísimo poder de
autogobierno local basado en un poder legislativo y en un poder ejecutivo que
permitía, incluso, la participación activa del gobierno de Groenlandia
en los tratados internacionales que pudieran firmar Dinamarca y que les
afectase directamente pero que, además, permitía que Groenlandia
pudiese negociar directamente con otros países tratados bilaterales aunque
después tuviesen que ser aprobados por el reino de Dinamarca.
Cuando el 2 de octubre de 1972 Dinamarca,
mediante referéndum, se integró en
El Estatuto de Autonomía de 1978 permitió
a Groenlandia, descontenta con la evolución del
proceso de integración en
En la
actualidad, Groenlandia forma parte de
Evidentemente,
la situación no es la misma en Canarias, pero si aquí existiera un movimiento
nacionalista importante que nada tuviese que ver con lo que ahora conocemos de
Coalición Canaria, y de Nueva Canarias, se podría, si se tuviese el respaldo
necesario y, repito, con el objetivo final puesto en la independencia de
Canarias como nación, empezar una nueva negociación del Estatuto. De un Estatuto
que contemple inicialmente una autonomía plena, que poco a poco fuese
marcando las líneas que desembocasen en ese objetivo final, sin traumas, ni pérdidas
para nadie, y que no es otro que terminar
siendo un país,
una nación independiente, que conservase, como no podría ser de otra manera,
los vínculos económicos, sociales, culturales y de toda índole que ha venido
teniendo nuestra población con España y con Europa.