MIRANDO DESDE GUAHEDUME
Francisco Javier González
Hace algún tiempo que los compañeros de MAGEC me sugirieron la idea de colaborar con una columnita más o menos periódica y como, por un lado, nunca me he negado a esa colaboración con actividades de carácter claramente nacionalista e integrador y, por otro, se lo había prometido a mi amigo Rubén Alemán, con el que ya en su etapa de Radio Guiniguada hicimos algún "mirador", pretendo, mientras pueda y me dejen, estar más o menos regularmente en estas páginas, y lo pienso hacer "mirando desde Guahedume". Que pabien sea.
Desde luego que las cosas subjetivas son
siempre del color del cristal con que se mira, pero, incluso las objetivas, vienen
también condicionadas por el lugar desde el que se mira, es decir, por el
"mirador". Nuestras islas están llenas de miradores muy especiales, y no me
refiero a esos lugares donde se agolpan los "chonis" y algún isleño ocasional
a ver sin mirar el verde valle, la agreste cima o el ondulante arenal con decorado de
tumbonas. Me refiero a esos "miradores" donde lo que se mira trasciende a la
simple naturaleza y penetra en el más hondo significado de lo mirado. Me explico. Si miro
nuestra sociedad desde la poltrona de un diputado canario en las Cortes Españolas la
veré muy distinta que si me siento en la silla de tijera del concejal de un pequeño
municipio, perdido en una isla de las llamadas "periféricas", que no solo no ha
cobrado bajo cuerda por ningún apaño inmobiliario sino que lucha por conseguir un
médico permanente en el pueblo, y muchísimo más distinta si lo hago desde el filo de
una sorriba con el sol en alto y la guataca en la mano, o miro, envuelto en una manta que
me es extraña y no tiene mi olor, al pescador de bajura que me la ha dejado al salir del
continental cayuco.
Varios son los miradores en que me gusta situarme. Por ejemplo, de Tenerife escogería el
Roque donde Ichasaguas se enfrentó -por primera vez en la historia militar del mundo- a
la artillería de montaña de Jorge Grimón; o Montaña Izarra, desde donde Bencomo
dirigía a los guanches que destrozaron al ejército español; o el Lomo de San Roque, al
pie de la pica donde clavaron la cabeza del alevosamente decapitado Achimenchia-Tinguaro.
De La Palma escogería el Paso de Adamacansis en Aceró desde el que Tanausú contemplaba
en Adirane al ejército de Lugo y se fiaba de la palabra del jefe de los españoles. En
Gran Canaria buscaría el de Bentaiga, recordando a Bentejuí mirar a Tamarán, a punto de
perder su libertad por la actuación de los Fernandos Guanartemes que llenan todas las
épocas de nuestra historia
.Todos estos -y muchos más- son los especiales
miradores desde los que me gustaría situarme a entender el presente y el devenir de
nuestra heptaisleña patria.
La naturaleza fue generosa conmigo al regalarme un alma rebelde y en mi cabeza, como en la de muchos canarios de todos los tiempos, no tiene cabida la lógica de la dominación. Fue precisamente un español, Pi y Margall, el que sentenció que "no se adquiere la propiedad de los pueblos conquistados ni aún con la prescripción de los siglos" y este pueblo nuestro fue conquistado, siglos ha, por la fuerza de las armas, reducido a esclavitud, colonizado y transculturado, pero nadie a miles de kilómetros ha adquirido "su propiedad". Canarias es de los hombres y mujeres que hoy conformamos este pueblo y que tenemos la obligación de garantizar un futuro heredable para las generaciones que nos sucedan.
Por eso, el mirador desde el que quiero contemplar el devenir de mi patria es el de Guahedume. Allí, al pie del altiplano gomero, el brazo de Hautakuperche aún conserva el hastia que acabó con la tiranía exógena del Conde Peraza, que ni conde era siquiera. Allí se conserva vivo el espíritu rebelde que silbó "ya se rompió el gánigo de Guahedume", gánigo que oprimía la libertad y la dignidad isleña. A Guahedume no suben los Pedro de Vera ni los Lugo. Desde aquí, mirando hacia el horizonte del futuro solo se ve una tierra de hombres dignos y en libertad.
Todas las reflexiones que comparta con ustedes, los posibles lectores, estarán hechas con el espíritu alzado que me da mirar a mi Patria desde el Mirador de Guahedume.
Fuente: MAGEC