De Guajiro a
cineasta
Miguel Leal
Cruz *
El nativo de estas islas Canarias fue el emigrante a Cuba por
antonomasia, digan lo que digan los asturianos, gallegos o andaluces. El
porcentaje de canarios en la Perla Antillana es superior al aportado desde España,
según determinados estudios comparativos. Se les denomina genérica y
cariñosamente "isleños o guajiros" por su específica dedicación a
las tareas en el laboreo del campo y específicamente del tabaco. Eran, en su
mayoría, apreciados por su seriedad y constituían la mayor proporción de
población en cuanto a la emigración existente en la Gran Antilla por países o
regiones españolas. Esta aseveración queda constatada desde el siglo XIX a través de
investigaciones llevadas a cabo por historiadores cubanos, Jesús Guanche Pérez
(entre otros) en los archivos parroquiales sitos en los mismos lugares de
asentamiento, a su vez contrastada con otras indagaciones en estas mismas
Islas, siendo fundamentales las aportadas con carácter general por el
magnífico historiador Antonio Domínguez Ortiz (ya fallecido) gran maestro para
conocer la Historia.
El canario creó su propia trama teatral (y la tramoya fue siempre el proceloso
Atlántico, a veces su sepultura), y en algún momento convertida en película
para etapas determinadas de aquel proceso. Así lo plasman los Hermanos Ríos
para los años previos a la independencia de la bella isla caribeña analizando
el protagonismo de muchos de aquellos canarios emigrantes que allí se hallaban,
convertidos en ficción real en una buena película digna de figurar entre los
clásicos del cine internacional: Mambí. Esta parte del Atlántico fue por
muchos años la puerta de Cuba y para las
posesiones en tierra continental americana que nadie (ni ningún historiador
digno) puede negar por su misma obviedad.
Los puertos de Santa Cruz de La Palma, Santa Cruz de Tenerife y Las
Palmas de Gran Canaria, se llenaban de viajeros emigrantes que esperaban
embarcar hacia lo que consideraban un lugar de esperanza que mejorara sus
miserables vidas, consecuencia de una situación injusta desde siglos en la que
sólo vivían medianamente bien menos de un 10% de la población canaria, para la
que el resto prestaba servicios laborales. De ahí el deseo de probar suerte en el
denominado "paraíso indiano", según Julio Hernández García, historiador
gran canario.
Los vapores, que hacían su gran negocio con el cargamento humano, cruzaban
el Atlántico una y otra vez no importando la nacionalidad de los buques. Sus
concesionarios o propietarios se limitaban a desembarcar a aquellas personas
en los puertos cubanos, maltrechos tras un penoso viaje sin apenas comodidades
(casi todos recluidos a la llegada en determinados lugares hasta superar una cuarentena...)
Una vez en "la tierra prometida" estas gentes, agrupadas por
familias o lugares de procedencia, se diseminaban por la isla a la búsqueda
del necesario trabajo para continuar subsistiendo (nos recuerda la problemática
que ahora tiene lugar en Canarias por la inmigración africana no controlada,
pero ya hemos dicho que aquello era extenso y con muchas posibilidades, y esto
aquí es limitado) Eran demandadas las zonas tabacaleras (y azucareras) creadas
tras desde los inicios del siglo XX en la parte central del país.
Como quiera que nos hallamos en la isla Verde, aludimos a un prototipo
ejemplar: Rústico Páez Martín. Embarcó desde el muelle de Santa Cruz de la
Palma (tras cruzar la dorsal de la cumbre con el baúl a cuestas) cuando
apenas contaba dieciseis años de edad. Natural de Todoque (Los Llanos de Aridane),
perteneció como era norma habitual de la época a una familia de agricultores
que disponían de tierras para siembra (a secano) y de numerosas cabezas de ganado
sobre todo cabrío. En plena pubertad, y por temor el servicio militar obligatorio,
marchó a Cuba en torno a los años veinte, isla en la que tenía familiares, como
era norma, que le recogieron en los primeros momentos (aún se cuenta por
cientos de miles los canarios asentados allí, según datos del Gobierno de
Canarias)
Deambuló por varios pueblos del centro de la isla antillana para asentarse
con carácter definitivo en Taguasco (Sancti Spíritus), primero trabajando
para otros hacendados, "isleños" algunos de ellos; por último independizado
y creando su propia hacienda para cultivo de tabaco, con varios empleados.
Disponía de cierto bienestar cuando triunfó la Revolución Cubana en 1959 con la
que no participó en principio pero aceptó sus postulados en todo momento. Se adaptó
al nuevo status hasta su muerte en aquel pueblo espirituano que le acogió (a
los 84 años) rodeado de su numerosa familia cubana. No tuvo cargos relevantes
durante el proceso revolucionario pero si su único hijo, Evergisto
Páez, nacido de madre también isleña de la misma Palma por parte de su padre,
quién desempeña aún cargos en el régimen cubano, al parecer.
Estuvo en su isla natal, donde una productora cinematográfica (apreciando
la viveza, perspicacia y personalidad de él mismo) le hizo protagonista de un
corto titulado El largo viaje de Rústico de enorme éxito a fines de los
años ochenta del pasado siglo, por el que esta persona puede ser conocida e
investigada, tanto él como la vida de los canarios en Cuba. En su contenido se
analiza, una vez más, meticulosamente, cuánto ha aportado el trabajador isleño
a la isla hermana en todos los aspectos ya sea laboral, cultural, médico,
militar, ideológico, patriótico..., o como simple agricultor que es a lo que
se dedica (o dedicaba) la mayoría desde el mismo fin del siglo XV tras la conquista
de ambas archipiélagos por la Monarquía hispana.
¿Qué cubano existe que no pueda dar testimonio de la presencia de un isleño
en algún lugar de la isla o en algún momento de su vida...?
* Doctor
En Ciencias de la Información (ULL)
Licenciado
en Geografía e Historia (UNED)
Maestro
de escuela CC de la Educación