GUANTANA…MERA
Ramón Moreno
Con este título de la famosa y pegadiza canción, no quiero referirme a la melodía del Carnaval Latino de Las Palmas, ni tampoco al "Tribumanía" de Santa Cruz. No. El tema tiene otras connotaciones menos lúdicas y musicales, aunque sea todo un espectáculo, bochornoso y deprimente, eso si.
Se trata del tristemente famoso y denigrante campo de prisioneros de Guantánamo en Cuba, donde los Estados Unidos retienen arbitrariamente desde febrero de 2002, a los prisioneros capturados en su "guerra contra el terrorismo", y a los que aplica un singular "status" de "combatiente enemigo", conculcando los preceptos de la propia legislación norteamericana y de la Convención de Ginebra.
Situación, que supone una mera monstruosidad jurídica, y constituye una de las más viles acciones en la historia de la Humanidad, contra los derechos humanos y la dignidad de las personas.
Hasta el primer ministro inglés, aliado natural de la súper potencia, se ha pronunciado al respecto. En su reciente visita a Alemania, Tony Blair, que se entrevisto con Angela Merkel, en una estrategia para fortalecer el vínculo Londres-Berlín-Washington -debilitado por las preferencias del anterior canciller, Gerhard Schoder, hacia el Eje Paris-Berlín-, el premier británico se ha referido al penal de Guantánamo, como una "anomalía".
A las voces de Blair, y del Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, que ha pedido su cierre "lo antes posible", se han sumado el Parlamento Europeo, Amnistía Internacional y diversas organizaciones que solicitan el fin de una situación "que denigra a los presos y degrada moralmente a sus carceleros".
Una auténtica batalla contra la ignominia de Guantánamo que también se libra en el Comité de Derechos Humanos de la ONU, que estudiará el próximo 15 de marzo el Informe que han redactado cinco relatores independientes. Aunque el portavoz de la Casa Blanca ya se ha apresurado a descalificar el texto alegando que ninguno de los redactores han estado en la cárcel. Cuando la realidad es, que la Administración Bush no les deja entrevistarse con los prisioneros, lo que hace irrelevante, en la práctica, cualquier visita que no cumpla esos objetivos.
Lo que no es de extrañar, si tenemos en cuenta el trato infrahumano que se le dispensa en ese "paraíso caribeño de la tortura", a los prisioneros. Y en este sentido es bastante elocuente la frase de uno de los generales norteamericanos al mando del campo de concentración, cuando ha dicho, refiriéndose a los detenidos: "No sois seres humanos, sino cerdos con un número de expediente"…
Estas prácticas habituales, que caracterizan a los diferentes Gobiernos estadounidenses -más a la Administración Republicana, que a la Demócrata-, tiene ahora en la persona de William Blue un implacable acusador de las maldades, mentiras y estragos de la política exterior de EE.UU. En su reciente obra, "El Estado Agresor", La Guerra de Washington contra el mundo, este antiguo funcionario del Departamento de Estado de Estados Unidos, ofrece un escalofriante testimonio de que, "aunque no puede haber justificación para el 11S, si puede haber razones".
Y es que todos estamos padeciendo el poder omnímodo de un nuevo imperio: el imperio americano. Atravesamos, pues, uno de los periodos en la historia del mundo en el que la hegemonía de un Estado, como consecuencia de la derrota o descomposición de sus principales rivales, se ejerce plena y simultáneamente sobre el planeta en toda su extensión.
Sucesivamente, desde el siglo XVI, las tres potencias de la época -España, Francia e Inglaterra- han dominado militar, económica, y en parte, culturalmente, la Tierra. Siendo Canarias, precisamente, lo último que queda del Imperio Español, más debajo de las Columnas de Hércules.
El Imperio Británico no alcanzó su pleno desarrollo hasta la derrota napoleónica en Waterloo en 1815, y su dominación no se acabó más que con el ascenso de las aspiraciones alemanas, causa de la primera guerra mundial, y después de la Segunda. Estos dos conflictos agotaron al Viejo Continente y dieron paso a la entrada en escena de las relaciones internacionales del actor político que ha dominado el siglo XX: Estados Unidos de América (léase "L’Empire américain", Claude Julián, Grasset, París, 1968). Desde 1945, éste estableció con la Unión Soviética -la otra superpotencia del momento- una suerte de condominio mundial caracterizado por una furiosa rivalidad que sería denominada como "guerra fría".
Esta confrontación terminó, como es sabido, con la implosión de la URSS en 1991, y desde entonces, Estados Unidos se encuentra en una situación de supremacía como ninguna potencia ha conocido desde hace más de un siglo.
A partir de ese momento: "El imperio americano es el único en el mundo, es una hegemonía exclusiva, y es la primera vez que ese extraño fenómeno aparece en la historia de la Humanidad" (Ver "Le Dernier Empire", Paul-Marie de la Gorce, Grasset, Paris, 1996).
Ahora y después de lo de Irak, tras la invasión USA, vemos como el Pentágono, brazo ejecutor de la política exterior norteamericana, para preservar los intereses económicos y geoestratégicos del imperio, ha designado nuevos "enemigos" a Irán y Venezuela. żA que nos enfrentaremos en los próximos meses?.
Canarias, febrero de 2006