Guerra
contra Canarias
Jaime
Morera Felipe
En
primer lugar, hay que partir de la premisa y enteramente asumir la noción y
darse cuenta, que las guerras modernas no son solo puro enfrentamiento entre ejércitos,
sino profundos conflictos entre naciones y pueblos, más transcendentales y
frecuentemente más devastadores y con catastróficas consecuentes para éstos,
que la misma sangrienta y visible destructora confrontación bélica entre
combatientes, como es el trágico caso en nuestro Archipiélago que nos ocupa y
nos preocupa, sobre todo a los canarios nacidos en esta tiranizada y mancillada
Tierra nuestra, que con impotencia estamos sufriendo esta pesadilla viviente.
Desde
hace ya demasiado harto tiempo y particularmente en estos momentos de la fecha
actual, nuestras Islas están siendo intensamente sometidas a una abierta y
continua invasión, a través de nuestros aeropuertos, por gentes procedentes de
los cinco continentes del Planeta, no poco de ellos, de ínfima calidad humana y
bajo y peor nivel ético, cayendo como hienas oportunistas sobre esta pequeña
colonia desprotegida e indefensa, superpoblada, superexplotada y ya hasta la
saciedad superinvadida y superabusada Tierra Patria y Pueblo Canario al que
horrendamente perjudican y, consecuentemente, destruyen, reduciendo a nuestras
urbes en invivibles infiernos de
babeles y a nuestras zonas rurales en feos eriales de cemento y piche, debido al
denso incremento poblacional y consecuente hacinamiento en nuestros espacios
vitales. Simplemente, ¡aquí ya no cabemos más!, ¡esto no es Australia! Y
todo este infernal debacle y pesadilla, con el cómplice y tácito
consentimiento de las autoridades coloniales que nos gobiernan y el repugnante
lacayaje y la cobarde traición de
los actuales políticos isleños que nos representan.
Y
también por mar, en descarada y flagrante violación de todas las leyes
internacionales de respeto mutuo entre naciones, con la incesante oleada tras
oleada de subsaharianos que nos están asimismo invadiendo. Todo este gigantesco
atropello, sin la más mínima acción preventiva ni defensiva para impedirlo
por parte de las fuerzas de seguridad colonialistas, cuya misión sería
protegernos y defendernos, en vez de amedrentarnos con continua intimidación a
la que nos someten.
Cinco
largos siglos de asesina y vil tiranía colonialista, por medio y a base de
intensa agresión e intimidación sin cuento sobre nuestro pueblo, han degradado
y reducido psicológicamente a los canarios en gentes mansas y sumisas,
incapaces de unirse y de hacer causa común entre ellos mismos y de reaccionar
para defenderse ante tal nefasta invasión como la presente, ocultos en las
madrigueras de sus propias casas convertidos en distantes y patéticos
espectadores de su propia decadencia y destrucción como pueblo. Lo que resulta
tristemente obvio para todos los que, con vehemencia, amamos estas Islas y nos
identificamos con nuestro propio Pueblo canario.
Nuestra
trágica realidad actual, sobradamente prueba y deja claro, que es de ilusos y
suicidas conceder y delegar la defensa de nuestra Tierra patria y Pueblo canario
a cargo de la metrópoli colonial que nos rige, dirige y nos opresiona, ni, para
el mismo caso, a ninguna otra potencia extranjera que nos patrocine engañándonos
con falsas promesas que nunca se cumplen.
Nuestro
destino como Pueblo y como Nación tiene que estar debidamente en manos de los
canarios, con la soberanía que significa
Lo
que está claro es que Canarias lo que necesita con toda urgencia es la absoluta
independencia.
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VOZ DE LA PALMA