Guerra, seguridad y derechos

 

Justo Fernández Rodríguez

 

Inmediatamente después de los terribles atentados del 11-S, Bush decidió que eran un "acto de guerra", iniciando la organización de una fuerte represalia bélica, que denominó ’Justicia Infinita’. Sin importarle las reticencias de numerosos países y organizaciones internacionales e, incluso, del Papa, Bush decidió quiénes eran los culpables y la ejecución del castigo, advirtiendo: "O se está con nosotros o se está con el terrorismo". Los B-52 arrasaron aldeas y ciudades de Afganistán, con la excusa de capturar "vivo o muerto" a Bin Landen, antiguo mercenario de EE.UU. en la guerra contra Rusia. Miles de hombres, mujeres y niños, tan inocentes como los que murieron en las torres de Nueva York, fueron masacrados. Eran los "daños colaterales" de la venganza de Bush. Pero, Bin Landen y los demás dirigentes terroristas de Al Qaeda continúan libres.


Y comenzó el traslado de centenares de talibanes, sin acusaciones concretas, calificados de "combatientes ilegales", a la base estadounidense de Guantánamo, drogados, rapados, con los ojos y la boca tapados. Las torturas de que fueron objeto, violando los derechos humanos y la Convención de Ginebra, escandalizaron al mundo.


Para ocultar su fracaso, Bush, se lanzó a una sostenida ofensiva, mediática y política, contra Irak. La excusa de que no había cumplido las resoluciones de las Naciones Unidas resultaba cínica, cuando su socio privilegiado, Israel, llevaba 23 años incumpliéndolas. Se organizó una feroz campaña sobre las maldades de Sadam Hussein, un dictador, alimentado y armado por los EE.UU., para impedir el avance islamista en Irak. Se lanzaron toda clase de rumores falsos, se manipularon noticias, se compraron periodistas, en todo el mundo, para que "orientaran" sus comentarios, columnas y editoriales, a favor de una intervención militar en Irak.


Las grandes mentiras difundidas fueron: Irak es un peligro inminente para la paz mundial; Irak tiene armas de destrucción masiva e intenta conseguir, mediante la compra de uranio, armas atómicas; Sadam Husein mantiene una relación estratégica con Al Qaeda; la caída de Husein tendría consecuencias beneficiosas para el mundo libre; su derrota y el establecimiento de una democracia, de tipo occidental, actuaría como un efecto dominó sobre los regímenes de Oriente Medio; sin Bin Landen y Sadam Husein, el mundo será más seguro.


El control de las segundas reservas de petróleo del mundo no parecían muy lejanos de la estrategia de Bush, en defensa de los intereses de las grandes empresas petroleras y constructoras norteamericanas, representadas por el vicepresidente Dick Cheney, que pretendían repartirse el botín energético y la reconstrucción de un futuro Irak arrasado por las bombas.


Pretender atemorizar al mundo con el peligro de una agresión militar de Irak era una falacia contrastada. Ni la capacidad de su ejército, destrozado y con armamento anticuado, ni la vigilancia aérea permanente que se ejercía sobre su territorio y los bombardeos estratégicos de castigo que sufría cada semana, por norteamericanos y británicos, hacían creíble la pretendida amenaza.


La masiva oposición ciudadana, expresada en multitudinarias manifestaciones, en las capitales de casi todo el mundo, no sirvió para evitar que los "tres farsantes", Bush, Blair y Aznar, reunidos en las Azores, decidieran, al margen del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, invadir ilegalmente Irak. No importó que los informes de los inspectores de las Naciones Unidas mostraran que no existían armas de destrucción masiva. Existían otros intereses
. En España, Aznar, Rajoy, Zaplana y Acebes continuaban engañando a los españoles, manifestando que "Irak tiene armas de destrucción masiva".


Pasados más de dos años y medio, después de la declaración formal del "final de la guerra", el caos, la inseguridad y la violencia continúan dominando la actualidad de Irak.


Cinco años después de los mayores atentados de la historia, el mundo es mucho menos seguro, más peligroso y con menores niveles de libertad. El asesinato de civiles, unido a las torturas de prisioneros y el ametrallamiento de mujeres y niños, por parte de las tropas norteamericanas, ha venido a incrementar el descrédito de un país, que parecía constituir un ejemplo de libertad y democracia. Abu Ghraib y Guantánamo admiten la comparación con los campos nazis.


A estas alturas, nadie mantiene las mentiras con las que pretendieron justificar la invasión ilegal de Irak. Decenas de miles de irakíes y casi 3.000 soldados estadounidenses han muerto. Irak, que estaba limpio de terroristas islamitas, por la represión de Husein, se ha convertido en un gran centro de adiestramiento y prácticas del terrorismo de Al Qaeda. El Gobierno títere, impuesto por Bush, no ha logrado el menor avance democrático, ni puede controlar la violencia contra las fuerzas invasoras. La democracia está cada vez más alejada de los regímenes de Oriente Medio.


El ejército estadounidense mantiene actualmente cerca de 500 detenidos en la base militar de Guantánamo, desde hace años. Hasta la fecha, sólo se han presentado cargos contra unos diez en los tribunales militares que la Corte Suprema ha descalificado. En las últimas semanas se han producido novedades que confirman las falsedades y mentiras utilizadas para justificar la masacre contra el pueblo irakí y, lo que es peor, sus consecuencias.


Bush, se ha visto obligado a desclasificar tres páginas de un informe secreto sobre Irak, elaborado por los 16 servicios secretos de EE.UU. El citado informe responsabiliza a la invasión de Irak de la multiplicación del radicalismo islámico en todo el mundo. "Los activistas islámicos que se identifican como extremistas, aunque son un pequeño porcentaje de los musulmanes, aumentan tanto en número como en dispersión geográfica". Otro informe, esta vez de la ONU, elaborado por expertos en terrorismo, ratifica el contenido del informe anterior.

 

La respuesta de Bush, utilizando la mayoría republicana en la Cámara de Representantes y en el Senado, ha sido la aprobación de una "herramienta" -así la ha denominado- esencial para combatir el terrorismo. En la nueva legislación se da cobertura a la actuación de la CIA, para evitar que sean acusados de criminales de guerra; se establecen tribunales militares para los prisioneros de Guantánamo; se amplían las posibilidades legales de encarcelamiento prolongado; se extiende el campo de actuación en los interrogatorios de presuntos terroristas y se mantienen las posibilidades de utilizar cárceles secretas en otros países.


La oposición demócrata acusó al Gobierno de Bush de "destruir 200 años de legislación en defensa de la libertad y los derechos humanos". "El problema es que Bush está intentando redefinir el concepto de tortura". El mismísimo Colin Powell ha cuestionado la iniciativa de Bush, porque "la comunidad internacional está empezando a dudar acerca de la justificación moral para la guerra contra el terror", emprendida por EE.UU.


Con mayor radicalismo, las organizaciones de defensa de los derechos humanos sostienen que las nuevas normas permiten la detención ilegal, sin derecho a contar con un abogado, posibilita ser interrogado mediante técnicas que rozan la tortura y permite la utilización de información obtenida mediante medios coercitivos.