HABLEMOS DE VENEZUELA
Rubén Alemán
Decía Bertolt Brecht: "O todos o ninguno. O todo o nada. Uno sólo no puede salvarse". En Venezuela, en 1.999 las clases populares hicieron suyas estas palabras de Brecht y a finales de 2.005, después del golpe de Estado de abril de 2.002, después del sabotaje petrolero, el boicot económico y la presión de los medios de comunicación, la derecha cerril venestadounidense continúa con la campaña antidemocrática contra la Revolución Bolivariana. Creen que el llamamiento a la abstención ha sido un triunfo cuando el hecho de que haya participado en las elecciones legislativas del pasado domingo el 25% del censo supone más participación que la habida en muchos procesos electorales cuando existía el turno de partidos entre adecos y copeyanos en la IV República.
Son varias las causas de la abstención pero sin duda la clave estuvo en la confianza de muchos venezolanos y venezolanas de que las elecciones estaban ganadas por los partidos que apoyan al gobierno, guste o no a la derecha venestadounidense y a sus acólitos canarios. Aun así, el gobierno bolivariano llamó durante el último mes a participar, cosa que no suele suceder en las democracias parlamentarias formales, ya que, como sabemos, a los políticos del régimen les interesa que la gente se quede en casita o vaya a la playa para que no censuren su actuación durante los últimos cuatro años. Es más, en un ejercicio de autocrítica, el canciller de Exteriores, Alí Rodríguez, afirmó que la abstención no ha sido buena para la República ya que contraviene el principio básico de constituir la democracia venezolana en una democracia protagónica del pueblo. Gran parte de la oposición se retiró simplemente… porque iban a perder. Qué guay. Así de paso, aprovechando que el Guayadeque pasa por Agüimes e Ingenio, digo que en Venezuela hay una dictadura y legitimo la intervención gringa en ese país. Se creen que somos totorotas.
Venezuela, para los que apenas cruzamos la frontera de los 30, viene a suponer lo que Chile o Nicaragua supuso para los que ya peinan canas. Pero mantenemos la esperanza de que los errores que se cometieron en esos países hermanos no se repitan de nuevo, aunque no hay que olvidar que la presión oligárquica, mediática e imperial nunca retrocederá. Y sabemos que fastidia que un proceso tan drástico de cambios se haya hecho pacíficamente, por las urnas, respetando escrupulosamente la democracia, respetando los derechos humanos, con observadores internacionales, con un referéndum revocatorio que luego se convirtió en ratificatorio del mandato del presidente Hugo Rafael Chávez Frías. No soportan la solidaridad internacionalista con Cuba, con los pobres de Massachussets, con Brasil, con Argentina, en pos de la unidad de la que hablaban Simón Rodríguez, Simón Bolívar o el mismísimo Ernesto Guevara de la Serna. No toleran la creación en la propia Venezuela de las Misiones Robinson, Barrio Adentro, Ribas, Mercal, etc para dotar de escuelas, hospitales, alimentación a precios populares e infraestructuras viarias a los que valían menos que la bala que los mataba.
Señala el art. 2 de la Constitución Bolivariana, "Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho." Pero la Constitución no se queda ahí, como hace por ejemplo la Constitución Española -la "última cocacola del desierto", para algunos- sino que añade: "y de Justicia". El art. 3 dice que "el Estado tiene como fines esenciales la defensa y desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular, la construcción de una sociedad más justa y amante de la paz, la promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo (…)". A los dueños de la bala les molesta que un gobierno cumpla lo que está escrito en su propia Carta Magna.
Desde Canarias no podemos más que continuar con nuestro apoyo moral hacia el proceso de cambios de la República Bolivariana de Venezuela. En la era de la aporofobia, del culto al móvil de cuarta generación y de los triunfitos, hemos de sacar enseñanzas de otros lugares del planeta, sin olvidar jamás que los nuestros son problemas específicos de un archipiélago neocolonial y con una desestructuración social y medioambiental propia de la acumulación de capital producida en los últimos veinte años en una tierra desvertebrada política y culturalmente.
Fuente:
Unidad del Pueblo