Las harimaguadas o "maguadas" canarias

Francisco P. De Luka

El concepto "harimaguada" surge en las antiguas fuentes documentales posteriores a la conquista de las Islas, proporcionándonos una aceptable descripción etnográfica que nos puede acercar bastante al riguroso conocimiento del fenómeno religioso canario anterior a la llegada de los europeos. Así, autores como A. de Viana, el primero en usar esta voz, nos refiere:

"..aunque se entiende por la mayor parte / ser este oficio propio de las vírgenes /que solían llamar Harimaguadas /y prometían virginal pureza/ las cuales habitaban en clausura / de grandes cuevas, como en monasterios. (Ed.1991, 85).

Por su parte, Fr. J. Abreu Galindo nos dice:

"las Harimaguadas, mujeres destinadas al culto, tenían casas donde se encomendaban al Dios que estaba en lo alto, que decían Almogaren, que es "casa santa", las cuales rociaban todos los dias con leche…" (Ed. 1977:156).

En relación a la variante "maguadas" se atestigua por la valiosa información que nos aporta Mª Rosa Alonso (1991), procedente a su vez de la información de las Crónicas de El Ovetense, El Lacunense y El Matritense, escritas a principios del siglo XVI.

Por otra parte, el historiador franciscano canario Fr. José de Sosa (Ed.1994: 294) nos lega un manuscrito de 1678 en el que aparece reflejada lo que los cronistas de la conquista conocían como la Casa de las Maguadas, en Gáldar (Gran Canaria):

"..Ai tradición que esta casa siendo muy labrada de colores era el Palacio en donde assistían las doncellas recogidas y como religiosas que llamaban Maguadas..." .

Del análisis lingüístico comparado con la tamazight del Ahaggar se infiere la traducción de ambas voces como sigue: "uhârent^tmawaden" = "reunidas (asociadas) doncellas adolescentes" <> harimawaden <> harimaguada, al castellanizarse el término, y la grafía singular masculina "amawad"= "adolescente", <> amaguad <> amaguada <> maguada. (F. P De Luca, 2004:147). Al tratarse de un nombre masculino no descartamos la posibilidad de que el término abarcase tanto a mujeres como a hombres adolescentes especialmente dotados para la función religiosa. En este sentido, Morales Padrón (1978:436), de G. Escudero, hace referencia a "hombres que vivían en comunidad como religiosos", al tratar de los diezmos que recibían como guardianes sagrados de los silos de cereales. Debido a que eran principalmente las mujeres las que llevaban a cabo la práctica ritual, entra dentro de lo posible que la voz maguada se hubiese feminizado.

En la isla de Tenerife podemos intuir la posibilidad de la existencia de maguadas, como lo prueba la toponimia insular a través de la denominada Montaña Magua, en Arico (F. P. De Luca, 2004:148), en una zona cultual que probablemente se extendía hasta el Poris de Abona, controlada por las jóvenes sacerdotisas o vestales y en la cual se realizarían los ritos propiciatorios de la lluvia o anzar. Elementos etnográficos y lingüísticos presentes en dicha zona apuntarían en esta dirección.

La comparación cross-cultural nos depara asimismo un interesante dato en relación al modo de elección de estas vírgenes destinadas a cumplir los cometidos rituales; podría sin duda ofrecernos un vector etnocultural determinante a la hora de explicar la concurrencia de la edad como factor esencial en dicha elección, como de hecho ocurría en la sociedad precolonial canaria, según señala Fr. José de Sosa (1994: 285)

Aunque el marco geográfico se encuentra bastante alejado de nuestro entorno norteafricano, es interesante reseñar que entre los incas de la América precolombina se elegían las "acllacuna" o "mujeres escogidas", que procedían de una selección que realizaban los funcionarios imperiales periódicamente entre la población. A tal efecto, visitaban las aldeas y elegían las niñas de 10 años que se distinguían por su perfección física. Las escogidas ingresaban en una especie de convento donde aprendían a hilar, tejer y cocinar, entre otros oficios femeninos. De una nueva selección salían las mamaconas, de las cuales una parte hacía voto de castidad y se destinaban a servir al Sol y a los altares, llamadas "vírgenes del Sol". (D. Lima, 1985:45, de S. Canals Frau).

 Bibliografía:

.- ABREU GALINDO, Fr. J. "Historia de la conquista de las siete islas de Canaria", Goya Ediciones, S/C de Tenerife, 1977.

.- DE LUCA LÓPEZ, F. P. "Notas de Etnolingüística canaria", Ediciones Tamusni, La Laguna, Tenerife, 2004.

.- DE SOSA, Fr. JOSÉ "Topografía de la isla afortunada de Gran Canaria" Ed. Cabildo Insular de Gran Canaria, 1994.

.- DE VIANA, ANTONIO. "Antigüedades de las Islas Afortunadas" , vol.1. Ed.

Mª Rosa Alonso. Viceconsejería Cultura y Deportes, Gobierno de Canarias, 1991.

.- LIMA DOMINGUEZ, D. "Los guanches. Historia y cultura" .C.C.P.C, 1985.

.- MORALES PADRÓN, F. "Canarias: Crónicas de su conquista", Ed. Museo Canario, Las Palmas de Gran Canaria, 1978.

Canarias, 17-7-06