Helicópteros: progreso y riesgos
Wladimiro Rodríguez Brito
E
ste fin de semana la gran familia que lucha por conservar el Medio Ambiente de las islas hemos sufrido un golpe durísimo. El accidente del helicóptero que el Ministerio de Medio Ambiente había contratado para luchar contra los incendios, en la isla de La Palma, puso fin a seis vidas comprometidas con la defensa de la naturaleza: los tres miembros de la tripulación y tres técnicos medioambientales.Es importante que destaquemos el papel de los tripulantes y de los trabajadores y trabajadoras que utilizan estos helicópteros a lo largo y ancho de todo el territorio y que han supuesto un enorme avance en muchas facetas, tanto de la lucha contra los incendios como en la Protección Civil de la población. Los tripulantes del helicóptero siniestrado tenían un amplio recorrido en rescate y salvamento marítimo, en accidentes como el naufragio del Mar Egeo, entre muchos otros. Sin embargo, en esta ocasión estos cualificados socorristas no tuvieron ninguna posibilidad de ser auxiliados. La máquina que tan útil había sido en tantas ocasiones dejó inexplicablemente de funcionar en las proximidades de Antequera, en el Parque Rural de Anaga, sobre un mar limpio y abierto con una leve brisa del alisio. ¿Cuántas veces se habían aventurado en barrancos encajonados, y anegados de humo y azotados por el viento, y habían salido con bien? Un fallo -la investigación en curso dirá de qué tipo- rompió todas las ilusiones y sueños de un puñado de personas que habían puesto su vida al servicio de la naturaleza.
El helicóptero se ha convertido en un medio cada vez más popular en la vida civil y militar. Desde el movimiento de tropas militares por terrenos más o menos accidentados, representan a la caballería de antaño por su movilidad y capacidad de despliegue rápido, hasta el traslado de accidentados de cualquier tipo. En otras palabras, se ha convertido en un elemento de seguridad y prevención indispensable, en especial, en territorios topográficamente abruptos y fragmentados como el nuestro. Es lógico que cuando ocurran tragedias como ésta reciente se nos plantee una gran pesadumbre y -por qué no decirlo- interrogantes sobre el uso de estos aparatos en la movilidad de equipos humanos en las islas para ganarle unos minutos al fuego. Sin embargo, debemos huir de juicios apresurados e influidos por la tristeza. La realidad es que los helicópteros son una parte fundamental de nuestros operativos, no sólo de incendios, sino de emergencias de todo tipo, de rescate y de pronto auxilio. Nuestras brigadas vuelan casi a diario en vuelos de entrenamiento, reconocimiento y despliegue contra conatos a lo largo de todo el verano. Nos esforzamos por garantizar la calidad de los aparatos y su exhaustivo mantenimiento, a pesar de ello la posibilidad de un error humano o un fallo mecánico no puede ser descartado completamente, como en ningún orden de la vida, por mucho dinero que invirtamos.
Asimismo, es importante que la opinión pública conozca los riesgos que nuestros trabajadores de medio ambiente asumen a diario en la lucha contra los incendios. Todos los días, hombres y mujeres de Tenerife, o de otros lugares del archipiélago, se suben a esas máquinas voladoras para evitar que las decenas de conatos que se registran se conviertan en un voraz gran incendio. El helicóptero permite llegar en cuestión de minutos al foco detectado en el momento en que es más vulnerable, en su nacimiento, desembarcar una brigada de extinción, que lo "atacará" para evitar su extensión. Además, es capaz de arrojar miles de litros de agua con precisión en cualquier fuego que se desarrolle en una geografía tan accidentada como la nuestra. Por estas razones es tan importante que nuestras islas cuenten con estas aeronaves como complemento indispensable y vital a los equipos humanos y materiales de tierra.
Sin embargo, no es menos cierto que este tipo de trabajos conllevan un riesgo importante no siempre valorado en nuestra sociedad, en la que tendemos a idealizar el papel de las máquinas sobre las personas. En ningún caso, a pesar de la tecnología más ultramoderna, podemos descartar accidentes, como el del pasado sábado, y eso es algo que sabemos bien los que tenemos que trabajar con ellos. Pero de la misma manera nos ocurre con cualquier medio de transporte, con los aviones, con los trenes o con los coches. Es posible que este tipo de accidentes nos impacte más por su violencia y por la tragedia que lleva implícita, pero también debemos contemplar que los helicópteros realizan a lo largo del verano miles de vuelos en toda España, extinguiendo incendios, rescatando montañeros en los Pirineos o en Picos de Europa, auxiliando a las embarcaciones de pesca y de recreo mar adentro, transportando heridos de tráfico, etc., etc. En ese sentido, debemos también asumir que se trata de un medio fundamental para nuestra vida pero que -como todo- no es infalible.
Para terminar quiero testimoniar en nombre de los varios centenares de hombres y mujeres que componen el operativo de incendios del Cabildo Insular de Tenerife, nuestro más sincero homenaje a las seis personas que perdieron la vida en el accidente, por su compromiso vital y profesional con el medio ambiente de estas islas y transmitir a sus familias y amistades nuestro más sentido pésame por su pérdida.
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Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife