EL HIERRO Y UN PEDAZO DE SU HISTORIA

Juan Morales González

Una entre las muchas satisfacciones que recibí en la visita que hice a El Hierro en abril del 2004, fue el tener la oportunidad de conversar en un largo y fructífero paseo en su automóvil, con el destacado compatriota, investigador y escritor Venancio Acosta Padrón, quien tuvo la gentileza y especial deferencia no solo de dedicarme largas horas de su ocupado y precioso tiempo, sino de llevarme a lugares donde nunca antes había estado, como la Fuente Mencáfete y regalarme un voluminoso y bien presentado y empastado libro de su autoría, titulado "El Hierro (1900-1975) Apuntes para su Historia". Adorna la portada el esqueleto viviente de una sabina, el impacto que origina sus impresionantes deformaciones y sus profundas arrugas en su desesperado abrazo a la vida, es demoledor en el ánimo de un herreño, esto se eleva a grado superlativo cuando lo asociamos a nuestra desconocida he ignorada historia, ¿de cuántas cosas serán mudos testigos su arrugada piel y sus endurecidos músculos?, ¿cuántos aspectos de nuestra historia nos podrán contar sus cansados pies hoy acostados y semienterrados en la tierra que le alimenta?, ¿cuántos hechos habrán visto sus cansados brazos expuestos al sol, al viento, a la lluvia?. Su venerable y anciana figura plantea un sin número de incógnitas que abren un espacio en el subconsciente de quien le contemple con ojos escrutadores. El dorso de la portada lo decora varias estampas de nuestra identidad, un grupo folclórico, la lucha, el lagarto de Salmor, los bailarines en la Cruz de los Reyes, etc. El mensaje que transmite está muy bien adaptado a nuestra historia, es pues, emocionante y conmovedor, es una invitación a su lectura.

Un libro es el mejor regalo que se me puede hacer y si el libro trata de algo tan profundamente sentido como es nuestra historia o parte de ella, el goce es mas profundo.

Por experiencia se lo que cuesta escribir un libro, las horas de trabajo invertidas, las privaciones sufridas, los riesgos que se corren, críticas, censuras, burlas, mofas, etc., pero también reconocimientos, felicitaciones, admiraciones y respeto, de todo hay, pero el solo dedicar muchas horas a investigar para dar a conocer cosas, hechos, acontecimientos, hace digno al escritor del mas amplio respeto y estima. El contemplar el grueso volumen e imaginar el trabajo invertido por Venancio, hace que le envíe por este medio mi mas profunda admiración, felicitación y respeto, a este escritor herreño y canario que me ha dado a conocer una importante porción de nuestra historia.

Una vez llegado a Venezuela leí con el debido sosiego y profundidad, el libro que me regaló y tal como me pidió, a continuación expreso mi sincera opinión sobre el mismo.

Uno de los aspectos más resaltantes de quienes escribimos, es hacer didáctica, sencilla, ordenada y secuencial, la lectura; de forma que la misma resulte una invitación al lector a que prosiga la misma, al mismo tiempo que resulte mas fácil comprender y digerir el mensaje que el autor transmite.

Para ello es necesario un ordenamiento del discurso y una secuencia entrelazada y dependiente que le permita al lector un menor esfuerzo en la comprensión y la asimilación de la lectura.

Basta leer el índice para observar ese orden secuencial que tiene el libro a lo largo de sus diez capítulos que conforman una ideal estructuración en los múltiples aspectos que se tratan.

Un excelente papel, una extraordinaria diagramación, una letra negra y grande, hace un buen contraste con el papel, facilitando la lectura y unas buenas fotografías estratégicamente distribuidas, logran estimular al lector a proseguir la interesante lectura.

La ordenada sucesión de los hechos y acontecimientos que el autor va narrando ateniéndose al título "Apuntes para su Historia", le hace mas y mas interesante a medida que el lector avanza en la lectura.

Aquí debo confesar que mi hambre de saber y mi voraz apetito, no se satisfacen con tan escuetos datos, pero el amigo Venancio no tiene la culpa de las exigencias de este particular lector, pues el título de la obra dice muy claro el contenido de la misma.

A medida que el lector avanza y va encontrando aspectos relacionados con su niñez y adolescencia, no solo se va haciendo mas familiar la lectura, sino que va despertando los dormidos y entumecidos recuerdos que yacen en el lecho del subconsciente confirmando ciertas teorías de las diferentes corrientes sicológicas que se enfrentan en el campo de dicha ciencia.

En el primer capítulo al hablar de los huidos, vino a mi mente recuerdos y vivencias que creía olvidados, cuentos y anécdotas que se tejieron a su alrededor y que llenaron mi infancia de figuras y fantasías, que solo las puede urdir las mentes infantiles.

El capítulo tres me hable de la escuela, cuantos recuerdos, cuantas satisfacciones, emociones, disgustos y sinsabores, hasta amores platónicos hicieron su aparición, en medio de juegos, risas, frío y llanto, maestros, maestras, que se erigían en el modelo a seguir.

En el capítulo VII, que habla de las calamidades públicas la obra me condujo al choque frontal de las carencias, los descrios, mis dramas y los de vecinos y pobladores que lamentablemente eran comunes, por mi mente desfilaron compañeros que se desmayaron en la escuela por hambre, que no jugaban por que les faltaba fuerzas, los comentarios que corrían y hasta las lágrimas de humildes madres que lloraban desconsoladamente porque no tenían nada que poner en el caldero.

El capítulo VI habla de algo que le oí mencionar a mi abuelo varias veces, pero no pude evitar que un escalofrío recorriera mi cuerpo, cuando leo que el 25% de la población de El Pinar en poco mas de 6 meses es llevada a la tumba por la epidemia de viruela que se desató en 1899. Aquellos desdichados no contaron con un médico ni con una botica (farmacia). Yo que nací 35 años después apenas tenía nociones de semejante holocausto porque mi abuelo materno lo nombró sin muchas especificaciones. Confieso que me siento aterrado.

Este doloroso episodio ha sido enterrado bajo la lápida del cómplice silencio, que mide muy bien el asesinato de nuestra memoria histórica.

Los apuntes históricos de este destacado investigador herreño me han llenado de una profunda tristeza y de un fuerte sentimiento de impotencia, posiblemente el amigo Venancio no está conciente del valor humano e histórico de sus apuntes, no solo recomiendo su lectura sino que sin temor a equivocarme, este volumen es necesario e indispensable en la biblioteca de todo herreño como documento de consulta, su necesidad e importancia se multiplica al tratar sobre una historia ignorada y olvidada como lamentablemente es la nuestra.

Reitero mi felicitación y profundo agradecimiento al compatriota Venancio Acosta, por tan extraordinario regalo y el banquete de conocimientos que me brindó.