EL HIERRO Y SU PROCESO EVOLUTIVO (y II)

TANAJARA

Estimulado por la buena acogida del trabajo publicado en el periódico digital El Guanche, titulado de igual forma que este, con el permiso de los amables lectores expondré un conjunto de razones que no solo amparan la justa petición de el pueblo de El Pinar en cuanto a ser municipio sino que a su vez daremos a conocer con mayor profundidad un trozo de nuestra particular historia, desconocida por el resto de nuestro pueblo canario y que ha generado un modelo cultural practicado por su víctima que es el pueblo herreño, sin tener conciencia social y menos histórica, de lo dañino y pernicioso que su práctica ha jugado y sigue jugando en nuestro proceso de desarrollo integral, al practicarle como una rutina más en su quehacer cotidiano.

Todo herreño desde su más tierna infancia percibe la ruptura en la valoración socio-cultural que caracteriza a la sociedad herreña y que podemos definirla como el norte contra el sur. Es necesario matizar bien lo que en este caso debemos entender por el sur, éste está conformado por los pueblos de Isora, El Pinar y la Restinga, esta última cobra importancia en estos últimos 50 años. En Isora, por pertenecer a la jurisdicción del Municipio de Valverde y ser un colectivo más pequeño, aún siendo señalado, segregado y excluido, estas manifestaciones no han tenido la fuerte virulencia que ha castigado al pueblo de El Pinar, que en este aspecto ha sido el centro de esa manifestación segregacionista y excluyente, lo mismo que, sin desconocer las valientes y admirables respuestas dadas por otros colectivos a los abusos del poder, ha sido con creces El Pinar el más destacado en ese campo.

Tal como ya dije en la primera parte de este trabajo ya publicado, las razones por las cuales los aborígenes herreños fueron confinados a la parte más pobre en la vital agua, y por esa razón condenados a ser los pastores y esclavos encargados de producir la leche, el queso, la carne y otros productos, que primero los amigos, socios, lacayos, serviles y alcahuetes, de ese gran parásito llamado "Noble o Señor", necesitaban a lo largo de todo el periodo de señorío y luego al ¿fenecer ¿?, esta repugnante forma de propiedad y dar paso a sus herederos, los "otros señores" que como buenos lacayos siguieron imitando a su amo.

Así, los enviados de la providencia al amparo de la orden papal y, por lo tanto, ley divina, de ser los elegidos para invadir y esclavizar a los paganos guanches a cambio de darles pasaporte al cielo. Amable lector: cualquier parecido que usted encuentre con la presencia de las "heroicas" tropas gringas y británicas en Afganistán e Irak, cumpliendo con su sagrado deber de llevar a esos atrasados pueblos la democracia, la libertad y el disfrute de los Derechos Humanos, es pura coincidencia.

Bendecido y legalizado su poder por tan alto tribunal, decretaron que los paganos guanches fueran enviados al sur, pues eran seres inferiores, despreciables, hoscos, salvajes, incivilizados, brutos, incapaces de aprender, desobedientes, incultos, indisciplinados, holgazanes, violentos, peligrosos y dignos de cualquier otro epíteto que se le pueda ocurrir. Eso les hizo acreedores a ser expulsados y condenados a las tareas mas viles y despreciables, tanto a ellos como a su descendencia por tiempo ilimitado, ya que según su sacrosanto dictamen todo los que no fueran europeos y cristianos, eran inferiores, indignos de valorarles como seres humanos. Si de acuerdo a la doctrina cristiana todos somos hijos de Dios, póngale amable lector el nombre que merece el padre que discrimina a sus hijos o el nombre y el castigo a que se hace acreedor el que actúa así a su nombre.

Esta concepción racista y excluyente, en vigencia desde entonces, por todos los imperios coloniales, ha vencido el tiempo y la distancia hasta nuestros días. Claro que con los embates de la historia, pero aun fuertemente arraigada, aunque haya cambiado de nombre, pues ahora se hace llamar el Primer Mundo, frente al Tercer Mundo y los ejércitos de ocupación han venido siendo sustituidos por otros hambreadores e invasores, cuya variedad de nombres y sucios rostros se hacen anunciar con sustantivos como: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Deuda Externa, Tratado de Libre Comercio, Organización Mundial de Comercio, etc., etc. Sin negar que aun hay ejércitos coloniales que siguen hollando con sus sucias plantas, el suelo sagrado de algunas patrias.

Creí necesario efectuar este desliz, para que el distinguido lector aprecie que, a pesar de haber transcurrido 600 años desde el inicio de la conquista de nuestro archipiélago, aun persisten las condiciones ambientales para que el modelo cultural que nace al calor de la barbarie criminal de la conquista sigue gozando de un medio propicio para persistir, dentro de los cambios propios del proceso evolutivo.

En la isla de El Hierro es relativamente fácil seguir las huellas que este proceso ha ido dejando en su devenir histórico. Quizá el lugar mas emblemático, localmente hablando de la isla, sea el llamado Mentidero del pueblo de El Pinar. Es un lugar céntrico donde cruza la carretera y donde están instalados los mejores cafetines y negocios del pueblo, lugar de reunión los domingos y días feriados, y las últimas horas de la tarde y primeras de la noche los días comunes, que como buenos herederos de la cultura de aquel personaje descrito por Tirso de Molina y universalmente conocido Don Juan Tenorio, hasta hace poco sólo se reunían los hombres. Yo desde mi más tierna infancia observé como la mayoría de las mujeres del pueblo al pasar por el Mentidero adoptaban una actitud acartonada, rígida, que a la mayor velocidad que le daban sus piernas cruzaban aquel espacio sin mirar para los lados, ni pararse a saludar a nadie, mucho menos sonreír o efectuar cualquier gesto. Variadas interpretaciones se le daba a este fenómeno, lo que me estimuló a investigar. No hizo falta hurgar mucho para encontrar la auténtica causa de aquel comportamiento cultural de las damas de mi pueblo.

El Mentidero debe su fama a que era el lugar donde esperaban, con sus mulas y caballos, los criados que enviaban los señores desde el norte o Valverde, acompañados muchas veces de los señoritos o hijos de los amos, a que los esclavos, ciervos o medianeros, les trajeran la leche, el queso, la carne, las frutas que estos parásitos necesitaban, los que amparados en el poder del amo, se abrogaban el derecho de faltarle el respeto a las mujeres e hijas de los esclavos, ciervos o medianeros. De allí, la causa central de la actitud de las mujeres de mi pueblo. Es interesante destacar como el moldeamiento cultural supervive por mucho tiempo a la causa que le origina, pues el proceso evolutivo borró hace tiempo la figura descrita, después que las peleas y enfrentamientos de los terratenientes herreños y sus ansias de mantener hegemonías, más vidas de despilfarro y figuraciones, terminaron enfrentándoles en pleitos y procesos judiciales que se decidieron en Madrid, ya que la jurisdicción de Canarias le quedó corta, lo que les obligó para sufragar los elevados gastos a dividir sus amplias tierras en pequeños huertos o suertes, que los piñeros con sus nostálgicos ahorros de emigrante, fueron comprando, hasta no solo expulsarles de la comarca, sino convertir la zona en un minifundio.

Otro aspecto de singular importancia está referido al rosario de respuestas que los segregados y discriminados aborígenes herreños y su descendencia, han venido dando a ese trato despectivo que con diferentes caretas llega a nuestros días. Necesario es dejar claro que los únicos responsables de esta situación ha sido el reducido grupo que con asiento en Valverde han detentado el poder. Este aspecto queda muy bien definido en la aceptación y popularización en todo el colectivo herreño y creo es casi único en nuestro archipiélago, del nombre con que se identifica esta diminuta élite social: "Los del Rabo Blanco".

Este trato despectivo y discriminatorio se ha venido convirtiendo en un fuerte estímulo para que los piñeros e unieran y desarrollaran la mas amplia y fluida vida social en la isla, por lo menos hasta la masiva emigración de la década del cincuenta del pasado siglo. Esta verdad queda plasmada en la riqueza anecdótica, cuentos, chistes, personajes populares, dichos y decires, que el pueblo de El Pinar ha aportado a la cultura popular herreña, cuyo caudal no es igualado por ningún otro colectivo de la isla, producto de esa intensa actividad socio–cultural.

Otra respuesta al empeño del poder en demostrar la inferioridad de los aborígenes y su descendencia, se desarrolló alrededor de la biblioteca pública que tuvo el pueblo de El Pinar, creada por donaciones y aportes propios del colectivo, conocida con el nombre de "El Gabinete", donde se reunían importantes grupos de personas, la mayoría analfabetas, para oír leer una obra o cualquier texto considerado importante, por jóvenes lectores, algunos de ellos gozaban de merecida fama a nivel local. Terminada la lectura se habría una polémica colectiva sobre el significado, importancia, alcance y mensaje de lo leído. Esta práctica era única en la isla y duró hasta que los enviados de Torquemada y su oscurantismo del siglo XX, los enviados de esa providencia que, como buenos ángeles de la guarda, siempre nos están cuidando, y consideraron que eso era muy pernicioso para los descendientes de la raza inferior, y como castigo para que nunca más esos atrevidos volvieran a reincidir en tan dañina práctica, realizaron la inolvidable hazaña de, frente al local, sacar el mobiliario y los libros y darle fuego en forma pública, luciendo, por supuesto, sus vistosos uniformes de falange.

Otra demostración de esa represión excluyente es la bien conocida respuesta que en nuestro autóctono deporte de Lucha Canaria, dio El Pinar con la ayuda del pueblo de Sabinosa hasta la masiva emigración de la década del cincuenta, cuyos encuentros se daban bajo la condición de El Pinar contra toda la isla, saliendo airoso entre el 70 al 80% de los casos.

Uno de los hechos donde aflora con toda su crudeza e intensidad las consecuencias de ese hecho histórico es en la Bajada de la Virgen y las famosas "Rayas". La Raya no es otra cosa, que el punto donde un pueblo le entrega a otro, la custodia de la Virgen.

A nivel popular, la Bajada de la Virgen es el acto de masas más importante de la isla, capaz de centrar en él la atención y el interés de todos los herreños. Lógico es que este acontecimiento haga especial énfasis en estos aspectos culturales. Así, esa colorida y autóctona manifestación folklórica herreña conocida como el Baile de la Virgen y su amplio abanico de variables, ejecutada por la pintoresca figura del bailarín (danzante) y que constituye, junto a la singular música, uno de los atractivos centrales, su ejecución se convierte en un fuerte centro de competencia entre los pueblos de la isla, tratando de brindar el mejor espectáculo. Es bien conocido como El Pinar ante este desafío comienza a entrenar un año antes de la fiesta, así su organización dirigida por viejos veteranos llega al máximo de la perfección, y los veteranos que encabezan el cuerpo danzante los hacen con una soltura, elegancia, dominio y belleza, insuperables para el resto. Lo mismo pasa con el Pito (Flauta) y el Tambor, instrumentos centrales en la música, sobresalen en "La Cruz de los Reyes", el lugar de descanso donde se reúne toda la isla. Los artesanos que fabrican estos instrumentos siempre han conseguido en El Pinar destacados maestros en ese arte.

Es comprensible que esta superioridad frente al que, de acuerdo al modelo cultural descrito, se siente superior, despierte insatisfacción, sorpresa, agresividad, que junto a pequeñas violaciones intencionales o no, que rigen el evento, genere polémicas, discusiones, enfrentamientos y hasta insultos y reyertas, que casi siempre se dan entre El Pinar y otros pueblos de la isla. Esto siempre ha sido aprovechado por las élites dirigentes para seguir descalificando y mantener la segregación, al presentarles como una demostración de que los piñeros son violentos, peleones, incapaces de desarrollar relaciones con sus semejantes, incultos, reincidentes, etc., etc. Estos miopes e incapaces que han venido conformando esas élites dirigentes de la isla, no han podido darse cuenta que esos estallidos es la válvula de escape a la fuerte agresividad reprimida que los abusos, injusticias, privaciones, carencias, indefensión, etc., producto de las injusticias que una sociedad arbitraria y excluyente ha generado a lo largo de seis siglos.

Las castas dirigentes de los pueblos saben desde remotas épocas, que para poder gobernar, abusar y mantener sus privilegios, hay que practicar una política divisionista a los pueblos y mantener a los grupos que forman esa división en permanente y constante enfrentamiento, para ellos poder hacer lo que les venga en gana de acuerdo a sus exclusivos intereses. Así se explica que en espacios tan reducidos, como la isla de El Hierro, se haya mantenido por 600 años y haya arraigado tan profundo en la particular cultura de nuestra pequeña isla ese despreciable modelo impuesto por los conquistadores, que solo en fechas recientes y ante el avance de la más fluida comunicación, ha comenzado a diluirse, sin negar que aun persiste, con mayor fuerza que la deseada.

Es digno de un análisis socio–psicológico las respuestas que el pueblo de El Pinar ha venido dando a lo largo de este periodo, en el cual se puede observar que las mismas han estado adaptadas al medio, pues aunque son respuestas propiciadas y generadas por ese medio injusto, racista y perverso, las respuestas dadas por los aborígenes y su descendencia, desarmaban al poder. Pues, como castigar o reprimir el tener una biblioteca, el desarrollar la convivencia y la unidad, el organizarse y llevar los mejores bailarines a la Bajada, el triunfar en la Lucha Canarias. Donde a veces hubo estallidos, fue en las Rayas, donde el insulto, el puñetazo o un palo, encontraban la justificación en el irrespeto a las normas que rigen la celebración del evento. Los riesgos de recibir una sanción en estos casos eran mínimos, pero estos hechos siempre jugaron el importante papel de drenar parte de esa agresividad reprimida que el medio descrito genera.

No es producto del azar ni de la casualidad, que en los cortos periodos de libertad que el absolutismo le ha dado al pueblo, surjan en el sur, El Pinar e Isora, los más destacados dirigentes populares de la isla. Ello denota, con diáfana claridad, las condiciones ambientales propicias para que ello se de. Demás está el decir que las represiones mas brutales y salvajes que se han dado en la isla de El Hierro han caído con todo su peso y refinada perversidad en el pueblo de El Pinar. Se viene a mi memoria los numerosos muertos, cuyo deceso originaban comentarios de la gente, en los cuales afirmaban que después de la paliza recibida en el casino del pueblo donde la falange reunió a todos los hombres del pueblo y, amparándose en que los huidos intentaban escapar en un velero para Venezuela, les iban llamando uno a uno y a cualquier respuesta que diera a la pregunta hecha por el que fungía de jefe: ¿Usted ha visto al velero?, los cuatro salvajes que le rodeaban, a la orden de ¡soven a ese!, le caían a porrazos hasta la inconsciencia en muchos casos. En la memoria colectiva aún perdura el recuerdo es este miserable personaje, un andaluz a quien se le apodó con el nombre de el VIVIANI. El recordado José Padrón Machín, oriundo de El Pinar, lo menciona en su autobiografía "Memorias de un Desmemoriado". Pues bien, esas personas alegaban que había muerto porque después del mal trato no había podido recuperarse y su muerte era la consecuencia directa de aquellos salvajes tratos.

El Pinar fue el único pueblo de la isla, salvo la capital Valverde, donde crearon e impusieron un Cuartel de la Guardia Civil, para que éstos, por la nimia de las causas, tal como bien recuerdo, repartiera a su gusto y antojo tortazos, patadas, insultos, amenazas, golpes y culatazos, situación que duró hasta que la masiva emigración de mediados del siglo pasado redujo la población a un tercio.

Sólo hemos hecho un muy escueto paseo y reseñado una ínfima parte de la vicisitudes que ha vivido el colectivo de El Pinar, cuyo crimen ha sido el ser fundado y desarrollado por los aborígenes, que excluidos, segregados y discriminados, fueron expulsados por los enviados de la providencia para darles pasaporte al cielo. Pero cometieron el imperdonable pecado de que supieron organizarse, dar lecciones de orden y disciplina, desarrollar el colectivo más numeroso de la isla, tener capacidad y coraje de reclamar y exigir derechos, demostrar en la práctica que no eran inferiores y cuya valentía y firme decisión no ha sabido doblegarse aun ante las mas fieras represiones.

Este, amable lector, es el colectivo que hoy pide y reclama el derecho a ser cabeza de municipio, para corregir esta injusticia histórica, pues el recorrido dado por este colectivo le hace merecedor de esta solicitud, pues el hecho no es ni una distinción ni un regalo, esto arriba de un acto de justicia, esta bien ganado por el derroche de constancia, paciencia, valentía y sacrificio, de que ha hecho gala el pueblo de El Pinar a lo largo de este largo proceso histórico, que ya sobrepasa los 600 años.