LA  HISTORIA Y SU EVOLUCIÓN EN VENEZUELA (II)

 

 

Andrés  García  Montes

 

Como es fácil presumir para comienzos del siglo XV que se inicia la conquista de América y a lo largo de siglo y medio que duró dicha empresa, los conquistadores españoles y portugueses solo conocían el Sistema Social Feudal y ese fue el que impusieron, donde la tenencia de la tierra componía junto con los esclavos el centro del poder, así que los conquistadores y sus allegados tomaron para si no solo las mejores tierras, sino las mejor situadas, las que tenían mejor capa vegetal, las mas abundantes en agua, etc. Pero el sistema también institucionalizaba y establecía canales para que a través del ejercicio del poder, los grandes beneficios se centraran en las pocas manos de los que lo ostentaban, este sistema  que ha ido evolucionando y adaptándose a las realidades que el proceso ha requerido, con pocas modificaciones ha llegado a nuestros días, pues los descendientes de los conquistadores, tataranietos, hijos y nietos de éstos, han seguido disfrutando los privilegios heredados de sus ancestros, ya que las llamadas guerras de independencia fueron organizadas y ganadas por estas castas dirigentes, esta es la realidad de toda América Latina y aunque de ahora en adelante centraré este trabajo en Venezuela, la realidad de ésta, puede extenderse a toda la región, pues las diferencias no son significativas y con seguridad, tienden a empeorar.

 

Las diferencias en Venezuela entre la gran riqueza y la extrema pobreza más que amplias, son obscenas. Algunos datos entre los muchos que forman esta realidad. El 5% de la población posee el 80% de la propiedad sobre la tierra y el 20% restante, se lo reparte un grupo de pequeños productores y los que apenas logran el espacio del conocido conuco, frente a la mayoría que no tienen donde caerse muertos. Tal como es aceptado, la mayor riqueza de los pueblos es la tierra, pues de ella viene el alimento, cuando ésta está tan mal repartida, las desigualdades sociales, económicas y políticas, son profundas, por algo los vencedores en la última mal llamada  II Guerra  Mundial, al distribuirse el mundo tuvieron muy claro que para mantener su hegemonía había que controlar entre otras cosas la producción de alimentos y la tecnología, así en estrecho contubernio con las castas dirigentes de los pueblos del Tercer Mundo, crearan las condiciones para provocar que los campesinos abandonaran el campo y se concentraran en las ciudades, dando origen a las megaciudades de hoy, con su amplio rosario de problemas que obstaculizan y detienen la evolución y el desarrollo de esos pueblos, hasta el punto que la población urbana supera a la rural. Si a esa desigual tenencia de la tierra se le suma la huida de los campesinos de las zonas rurales, no se puede obtener otro resultado que el que tenemos en Venezuela, donde de cada bolivar que se consume en alimentos se importa entre 75  y  80 céntimos, ya que las excelentísimas tierras que posee el país, bañadas por mantos freáticos casi a flor de tierra, no produce mas que el 20 o 25% de lo que este pueblo necesita para su normal alimentación. Ello no puede ser de otra forma, en un país donde de cada cien metros cuadrados de tierra aptos para el cultivo, solo se siembra 3,2 metros, casi 97 permanecen ociosos, como puede verse, la estructura de propiedad sobre la tierra y la concentración de la población en grandes, medianas y pequeñas ciudades, se encarga de que esto se cumpla, esta realidad genera que el país invierta anualmente entre 15 y 20 mil millones de dólares en importar esos altos volúmenes de alimentos, dejando al país sin recursos para invertirlos en programas de desarrollo y bienestar, incrementando la pobreza, la desestabilización, perpetuando el atraso, y el subdesarrollo, entre otros males, mientras tiene que comprar los excedentes agrícolas y pagar el subsidio que los países imperiales le pagan a sus  productores agrícolas.

 

Si en Venezuela se pusiesen a producir los 8 o 10 millones de hectáreas de sus excelentes tierras hoy ociosas, no solo se producirían los alimentos que los mas de 25 millones de venezolanos necesitamos, sino que se le daría trabajo directo e indirecto a mas de dos millones de desempleados, el costo de la vida se haría mas accesible y esos miles de millones de dólares que hoy van a dar trabajo y progreso a quien menos lo necesita, se podían emplear en aminorar los graves problemas que sufre el país y a su vez, preparar técnica y científicamente a la población, a adquirir maquinaria y tecnología y emprender el desarrollo del país, pero mientras exista la imperiosa necesidad de comprar el indispensable alimento, con el agravante de pagar el subsidio con que los países imperiales estimulan su producción agrícola y lo transforman en poderosa arma  para mantener su hegemonía y regularizar sus finanzas a costa del hambre, la miseria y la dependencia  de los mas débiles, todo por supuesto a nombre de la libertad, la democracia, el libre mercado, la libre competencia y otros sofismas que han permitido y permiten la más fácil colonización de los pueblos, no es por casualidad que cuando en congresos, conferencias, foros mundiales, Naciones Unidas, se han hecho exigencias sobre la eliminación de los subsidios a la agricultura de los países del llamado Primer Mundo, siempre han caído en saco roto.

 

No pensemos que en lo dicho está todo lo heredado de ese proceso colonial, que como hemos dicho, con pequeñas modificaciones conserva su vigencia, pues toda  la estructura social, económica, política y cultural, con otros nombres, con otros ropajes, con otros discursos, con otros métodos, que ocultan las corruptelas, el robo y el saqueo al erario público, conservan su vigencia y siguen atando al país al pasado, vale decir, al carro de la dependencia, el atraso, el subdesarrollo y la involución.

 

Un caso representativo de esta verdad y muy poco conocido porque los intereses involucrados en ello son muy poderosos tanto en el campo nacional como en el internacional, está referido a la crisis energética de la década de los setenta del pasado siglo.

 

Como se recordará la descarada solidaridad y ayuda del mundo occidental al sionismo judío en su agresión al mundo árabe, determinó el milagro de la unión de los árabes que apoyados por la Unión Soviética decidieron  cerrar la llave del petróleo, ello decretó la subida del precio de éste que de 4 a 6 dólares el barril saltó hasta 50 en el mercado negro, hasta estabilizarse entre 34 y 36. Esta crisis estalló en 1973 y duró hasta  comienzos de la década de los  ochenta.

 

Según voces muy autorizadas el llamado boom petrolero le dio a Venezuela la astronómica suma de 285,000 millones de dólares, si el Plan Marshall fue de 20,000 millones de dólares, Venezuela lo multiplicó por más de 14 veces. Veamos lo que pasó con esta montaña de recursos.

 

Este hecho coincidió con el ascenso al poder del Sr. Carlos Andrés Pérez, alto dirigente del Partido Acción Democrática, quien prometió administrar tan abundantes recursos con criterio de escacés. Este señor recibe el poder de manos del  Dr. Rafael Caldera, máximo dirigente del Partido Copei, quien había administrado el más alto presupuesto del país hasta esa fecha, que llegó a los 14,000 millones de bolívares. El primer presupuesto del gobierno del Sr. Pérez coronaba los 42,000 millones de bolívares, lo multiplicó por tres, a su término el presupuesto llegaba a los 80,000 millones, así fue la lluvia de petrodólares que inundaba el erario público venezolano en la época, pero he aquí lo insólito, cuando se retiró en medio de esa abundancia, a los 1,200 millones de dólares que había dejado Caldera como Deuda Externa, le había sumado 13,000 millones de dólares  más. Le sustituye al final de su periodo, el Dr. Luis Herrera Campins, dirigente de COPEI, quien en la toma de posesión se quejara de recibir un país hipotecado, lo que hizo creer que al menos la deuda no aumentaría. En los primeros años de su gestión ocurrieron hechos que dispararon vertiginosamente el precio del petróleo, recordemos la caída del Sha de Irán y el inicio de la Revolución Islámica, el secuestro en Teherán  de 63 miembros de la embajada de los Estados Unidos, el fracaso posterior de éstos al tratar de ponerlos en libertad mediante una acción de comando, la guerra entre Irak e Irán, lo que determinó que el gobierno de Herrera Campins recibiera en los primeros tres años mas dinero que lo que recibió Carlos Andrés en todo su periodo, pero esto no sirvió de gran cosa, pues esas hambrientas e irracionales castas oligárquicas y sus socios internacionales le sobraba capacidad y voraz apetito para devorarse eso y mucho más y cuando el precio del petróleo bajó no solo se aplicó el control de cambios para impedir que el pirañesco apetito de las dementes élites  dirigentes con sus socios barrieran con las reducidas reservas internacionales del país, sino que cuando el Dr. Luis Herrera entrega la presidencia, había endeudado al país en 14,000 millones de dólares más, así que en el lapso de unos ocho años aproximadamente, sumando el ingreso petrolero y la deuda externa contraída el país tuvo unos ingresos de 315 a 320 mil millones de dólares, casi multiplicó el Plan Marshall por 17, pero los resultados están a la vista, los pobres de hoy superan a los de ayer, la miseria que sufre el pueblo venezolano sigue repitiéndose, el país sigue en el subdesarrollo y en el atraso y por si fuese poco, afronta una crisis estructural que nada tiene que envidiar a los países mas pobres, así estaba Venezuela para comienzos de la década de los noventa. Con toda la razón del mundo el lector se preguntará: ¿Qué pasó? Lo que había sucedido era peor a la jactancia de la nobleza española en los siglos XVI y XVII, que se ufanaban de tener 600 y 700 criados a su exclusivo servicio, pues según sus deformadas mentes esta aberración medía su valor e importancia social. Aquí el aparato del estado al servicio de esas castas dirigentes y sus socios internacionales, ayudados por la generalizada corrupción, endeudaron al país pidiendo en forma de préstamo a la banca internacional para cambiarlos por bolívares a los ladrones y  corruptos internos y externos, para que éstos lo depositaran en la banca internacional, muchos miles de millones de bolívares fueron empleados varias veces en comprar nuevos dólares en manos de banqueros y oligarcas que se estiman hoy tienen fortunas  en la banca internacional que oscilan entre 150 y 200 mil millones de dólares. En otras palabras, la deuda externa venezolana se formó para financiar la fuga de capitales, aun me parece oír al presidente del Banco Central de Venezuela declarar en forma reiterativa que la fuga de capitales era beneficiosa para el país  porque ello permitía el control de la inflación, mayor descaro imposible. Así se explica que la deuda externa venezolana junto al boom petrolero no solo no resolvió los acusiantes problemas del país sino que terminará incrementando la pobreza y el sufrimiento de este pueblo. Pero hoy esa deuda es de toda la sociedad venezolana, contraída para el goce y disfrute de esta manada de pillos que hoy se rasgan las vestiduras gritando junto a sus serviles y lacayos, que en Venezuela hay una dictadura, que hay que librarse del castro-comunismo, que el país se está cayendo a pedazos, que no hay libertad de expresión, mientras gritan estas atrocidades y no les pasa nada, salvo el que no pueden seguir robando, mientras disfrutan de una inmunidad absoluta por los crímenes de lesa patria cometidos, mientras siguen conspirando y amenazando la estabilidad del país. Es preocupante que 70 años después se repita en Venezuela lo mismo que ocurrió en la II República Española, que originó la recordada frase con que los progresistas españoles criticaban la impunidad en que cayó la República, acusándole de “Empacho de Legalismo”, que quizá fue la más grave falta que ayudó al horrible desenlace que tuvo.

 

 

Continuará…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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