HISTORIAS DE
Ramón Moreno
¿Y qué decir del entramado
político-jurídico en el que estaba atrapada Canarias –una especie de “secuestro
legal”– , durante todo el ignominioso período colonial
español, que padecimos, en los más de cinco siglos? España estuvo conculcando
flagrantemente la legalidad internacional, desde el mismo instante en que,
terminada
El problema radicaba en que, España,
fue incapaz de irse decentemente de sus colonias; no sólo de América Latina,
sino luego de Guinea Ecuatorial (que era la finca privada de cacao de los
prebostes españoles), y después del Sahara Occidental, e hizo toda clase de
malabarismos y piruetas político-jurídicas para perpetuar “sine die” su presencia en nuestra tierra.
Pero el Derecho Internacional
contemporáneo, no amparaba la entelequia de un “territorio nacional español” en
otro continente –en este caso el africano–; sustentado por el represivo aparato colonial, en
base al criterio decimonónico de “soberanía política” (subterfugio para dar
“legalidad” a la apropiación de territorios), y que colisionaba frontalmente
con el principio emergente de “localización geográfica”.
En este sentido, es importante
resaltar, por si a alguien se le ha olvidado, que fue, precisamente, el
criterio de “soberanía política” (por el que España “acreditaba” la españolidad
de nuestro Archipiélago), que tomó diferentes connotaciones actuales a partir
de
Estos factores fueron, fundamentalmente,
el binomio “población y territorio”, los cuales al ser considerados como parte
esencial del concepto de “independencia política”, hallaron su máxima expresión
en el derecho inalienable e imprescriptible a la libre autodeterminación de los
pueblos, y a disponer de los recursos naturales de su territorio.
Estos dos principios, estandartes del
Derecho Internacional contemporáneo, tuvieron su más álgido protagonismo en
Todo lo demás, fue una pura falacia y
una permanente manipulación de nuestra inequívoca situación geográfica real (a
tan solo
O sea, Canarias que era sujeto “por
cuenta ajena” de Derecho Comunitario, no veía que Europa solucionara sus graves
problemas; y mucho menos España, cuya “soberanía política” no servía a la hora
de delimitar nuestras fronteras marítimas. Porque, una cosa era
¿De qué les servía entonces a los
canarios “ser” españoles y europeos? La prensa de esa época, y concretamente un
diario superespañolista que añoraba el
nacional-catolicismo, editorializaba: “Madrid nos trata como a una colonia”, y … “Nunca ha sido Canarias tan colonia como ahora”. ¡Ah!,
¿pero no se habían enterado? ¡Claro que Canarias era una colonia! Exactamente
igual que las antiguas “provincias” de Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Guinea
Ecuatorial y el Sahara Occidental. ¡¡Canarias era la última colonia europea en
África!! Ahora es el Estado 54 de
Pero estábamos inmersos en una
“verdad inventada”, y sumidos en un silencio sepulcral, producto de los
cuarenta años de feroz y sanguinaria Dictadura Franquista, que tanto marcó a
este pueblo. No obstante, las contradicciones afloraban implacables, y la
realidad se imponía. El seudópodo, o falso pie, que nos unía “obligatoriamente”
a España y, por el Tratado de
Canarias recuperó
su verdadero lugar geográfico en la cartografía mundial, y lo que antes no se
conocía y, por consiguiente, no podía ser definido, empezó a estar claro,
meridianamente claro…
Era lamentable y bochornoso ver, en
la última etapa colonial, al llamado Gobierno Autonómico de Canarias, llorar
como plañideras porque “Europa los dejó solos”; al no impedir la constante
avalancha de inmigrantes irregulares; pidiendo una “alianza con Italia y Malta (que
también sufrían la inmigración), en contra de Bruselas”… ¡Pobres diablos!...
Canarias, septiembre de 2006.