Hogueras de San Juan

Wladimiro Rodríguez Brito

Miles de hogueras iluminaron la piel de la isla el pasado 23 de junio, durante la noche de San Juan. Desde tiempos inmemoriales repetimos un rito pagano, que enlaza el valor purificador y mágico del fuego con el solsticio y la llegada del verano. En los ritos de esa noche se entremezclan ritos paganos y religiosos. El santoral cristiano incorporó esta antiquísima celebración vinculándolo a uno de sus santos más significativos. Todos los canarios hemos participado en nuestra juventud en la preparación de estas hogueras, que ya forman parte de nuestra cultura.

Pero más allá de las disquisiciones teológicas, lo que sí es un hecho es que con los nuevos tiempos se han incorporado nuevos elementos que nada tienen que ver con el origen y el desarrollo durante siglos de esta celebración. Las hogueras son también la consecuencia de un marco legal poco adaptado a las necesidades de nuestro pueblo. Aún no hemos resuelto la gestión de numerosos tipos de residuos (plástico de invernaderos, envases de venenos o pinturas, enseres, etc.). Nos faltan gestores autorizados o bien los costes de transportes a la Península convierten en prohibitivo este sistema. Falta legislación europea específica para territorios insulares como el nuestro. En este sentido, las hogueras de San Juan solucionan lo que no hace la burocracia europea y ni la local. Pero debemos ser conscientes de que cuando quemamos estas hogueras que contienen todo tipo de residuos (muebles, neumáticos, ropas, plásticos, etc.) al lado de las viviendas el humo penetra en las mismas, con su correspondiente contenido tóxico y dañino para la salud de las personas. Los enseres quemados llevan productos químicos que sólo deberían ser incinerados en lugares indicados, con sus correspondientes filtros, que eliminen a su vez cualquier riesgo para la salud de las personas. Así, estas hogueras de carácter lúdico se convierten en un serio atentado ambiental.

En Canarias, dado el hecho insular, la escasez de territorio y el coste del transporte de los residuos hacia el continente pocas opciones nos restan para tratar las basuras que no sea a través de una planta de valoración energética, que a la vez que destruye estos residuos sin emitir gases a la atmósfera genera energía para ser utilizada en otros usos. Así se hace en Dinamarca, en Austria o en otros países de la vanguardia europea de la ecología y el medio ambiente.

En San Juan no tenemos ningún inconveniente para quemar cualquier cosa que pueda arder, en esa noche no hay protesta ecologista que valga. Todo está permitido. Imagínense que el Seprona multara a los que hacen las hogueras. Sería ilógico pero también legal. Y es que esas hogueras constituyeron peligros potenciales para la generación de incendios en las proximidades de los montes o incluso de zonas urbanas.

De esta forma, y sin que abandonemos la filosofía de las tres "r": reducir, reutilizar y reciclar, por qué no podemos intentar adoptar soluciones que permitan la eliminación racional y controlada (por la más rigurosa legislación comunitaria que existe en medio ambiente) de los residuos generados por esta sociedad, por usted, por mí, por todos.

Los que tenemos la responsabilidad de solucionar los problemas de los residuos debemos crear las condiciones para que en la isla tengamos una infraestructura con todas las garantías de seguridad que la tecnología actual nos lo permita, aunque las plataformas del no prefieran que dejemos las cosas como están, es decir, que no hagamos nada. A excepción de participar en manifestaciones del no una vez al mes.

Sin embargo, no podemos incorporar al santoral más santos "pirómanos" para que nos resuelvan de mala manera el problema de determinados residuos. No es de recibo que hagamos cómplice de nuestra falta de decisión ambiental a San Juan. Hay que implantar las soluciones que existen en el resto del mundo desarrollado, desde Austria a Dinamarca.

Recientemente, hemos sostenido un fuerte enfrentamiento ante la instalación de una planta incineradora para animales en el Complejo Medioambiental de Arico, en cumplimiento de la repetida normativa europea. Desde determinados foros volvemos a tener el enfrentamiento radical como respuesta, -insisto- sin ofrecer alternativas. Mientras tanto, el tiempo pasa, los problemas se multiplican y la sociedad tinerfeña en su conjunto es la que sale perdiendo.

Imaginemos que el próximo día de san Juan coincida con tiempo sur, que se mezclen el humo contaminado con el polvo sahariano, los problemas que originaríamos para las personas con problemas respiratorios o los ancianos podrían ser importantes. Hay que empezar a hacer las cosas bien, aunque sea a costa de reducir la entidad y el volumen de las llamas de las mencionadas hogueras.

En este nuevo marco de relaciones ambientales y sociales es en el que debemos proponer un nuevo rumbo que permita afrontar ya los problemas y no sólo retrasarlo con discusiones filosóficas e irreales. No es coherente quemar con alegría y sin control todo tipo de elementos peligrosos la noche de San Juan y poner el grito en el cielo y la amenaza de manifestación sobre la mesa, cuando planteamos construir una infraestructura que ya está funcionando en los países más respetuosos de Europa con el medio ambiente y con todas las garantías para la salud de los tinerfeños.

En este sentido, el Cabildo de Tenerife terminará asumiendo la responsabilidad que le han concedido sus ciudadanos para buscar la mejor solución para la isla y sus ciudadanos.

* Consejero de Medio Ambiente del Cabildo Insular de Tenerife