EL HOMBRE, LA VIDA Y EL PLANETA TIERRA (V)

 

Andrés García Montes

 

El caso chino

 

Por último, no puedo dejar de mencionar el caso chino llamado a jugar un papel quizá decisivo en esta crisis. China es el principal rival que tiene Estados Unidos en la lucha por la hegemonía mundial en el siglo XXI y paradójicamente es su principal acreedor, una fuente esencial de su financiamiento. Cuanto más crece el déficit comercial de los Estados Unidos, mas crecen las fabulosas reservas en dólares de la China. Esto coloca en manos de la China una bomba económico–financiera tan poderosa, que pone inclusive en juego no solo la estabilidad de los EE.UU., sino la propia existencia del imperio, pues sin disparar un tiro, ni mover arma alguna, con un acto no solo legal, sino soberano, como es poner en el mercado sus reservas en dólares, provocaría el derrumbe del todo el poderoso Rey Dólar, ya bastante golpeado, y sin el dólar como moneda del mercado internacional  y sin el auxilio de los privilegios que el dólar le da al imperio estadounidense, lo más probable es que el imperio se derrumbe. Pareciera que esto no ocurrirá porque la China si procediese así sufriría graves dificultades, pues el derrumbe del dólar repercutirá en toda la economía mundial, como si fuese poco, el mayor y rentable aliado que tiene su próspera y creciente economía es el mercado de los Estados Unidos, sería algo así como matar la gallina de los huevos de oro. Esto parece así, sino existiese una fuerte contradicción que cuando menos hace viable dicha salida. Veamos:

 

    La China necesita con carácter indispensable crecientes cantidades de petróleo que su acelerado desarrollo devora  como su principal alimento, es con creses el segundo consumidor mundial después de los EE.UU. De allí el más grande contrato celebrado con Irán para su suministro y mas recientemente con Venezuela.

 

    Los Estados Unidos en su desesperada carrera por mantener la hegemonía mundial, tiene muy claro que solo si logra controlar los centros de producción energética a nivel mundial, puede tener y ejercer ese poder, por otra parte, tiene que buscar recursos para financiar los enormes déficits que golpean a su economía, estos dos aspectos entre otros, conducen al imperio a la conquista y sometimiento de países ricos en variados recursos, principalmente energéticos. La presencia de Washington en la zona petrolera del Mar Caspio, la invasión a Irak, las amenazas a Irán, las criticas a Venezuela, la presión para imponer el Tratado de Libre Comercio TLC, en América Latina, etc., desnudan estas políticas imperiales sin las cuales la economía de los EE.UU. es difícil que sostenga al imperio y mucho menos la hegemonía de superpotencia. ¿Cómo reaccionaría la China ante una invasión a Irán por parte de los EE.UU., dirigido a controlar su principal fuente de suministro petrolero? En este mismo camino está Venezuela.

 

    Por otra parte, un ataque a estos dos importantes productores de petróleo originaría un salto descomunal en los precios del crudo, que la economía mundial no podría soportar. En este factible caso, ya no serían solo los países invadidos los que lucharán contra el imperio, esto abriría un cúmulo tal de frentes, entre ellos el de China, creando un caos de tal magnitud que lo más probable es que se tragaría al imperio y a todo su aparataje. Esto son especulaciones, lo que nadie puede negar es que es factible.

 

    Si bien es cierto que el control que ejerce EE.UU., todavía es muy poderoso, el proceso de desarrollo con sus contradicciones, al que se le suman movimientos emergentes al calor de la enorme presión que a nivel mundial ejerce la crisis que golpea cada vez con mayor fuerza al poder imperial, como es el caso de la invasión a Irak, haciéndose sentir con un carácter claro y definido antiimperialista. Si a dicho fenómeno se une la caída del Rey Dólar, puede darse las condiciones para la disolución del imperio. Pero es aquí, en este punto, culminante, donde el peligro de una Apocalipsis es más probable. El peligro aumenta cuando observamos que el poder que dirige al imperio está constituido por unos enfermos y disociados sicóticos, que en un momento de locura apelen a su infernal arsenal de armas de destrucción masiva, que ellos si pueden tener, pero otros no.

 

Luchemos por la Vida

 

    Insisto ante el distinguido lector que estamos viviendo la culminación de ese largo proceso que se inicia a comienzos del siglo XV con la expansión del colonialismo europeo. Para todos aquellos que solo tengan noción histórica sabrán que desde entonces y guardando una estricta secuencia, el hombre blanco y europeo ha mantenido una hegemonía y ha venido imponiendo su modelo de desarrollo, el cual ha desembocado en esta estructural crisis, que tiene a la humanidad caminando al borde del abismo. Que el centro hegemónico se haya trasladado del Europa a América del Norte, no cambia en nada la realidad, pues los EE.UU., es el mejor discípulo que ha tenido este proceso, y quienes lo formaron y dirigen, solo se trasladaron de Europa a Estados Unidos de América.

 

    Está en peligro la vida  en el planeta a causa del llamado desarrollo capitalista. Incluso hasta el grupo de los ocho G8, la organización rectora del mundo industrializado, lo acepta, pero a pesar de admitir que la vida en el planeta corre peligro, no dan muestras de detener la carrera hacia el suicidio. Ello explica claramente  que el capitalismo no tiene capacidad para resolver los problemas que crea, dada la pobreza y la miseria material y espiritual que sus propias estructuras crean. Así cada minuto que pasa nos vamos acercando al punto de no retorno,  pues principalmente el daño ecológico es de tal magnitud, que amenaza con hacerse irreversible.

 

    Es imperativo, desde ya, modificar la manera de consumir y de producir los bienes de consumo para salvar al planeta. Pero el capitalismo, en su desenfrenada expansión en busca de la ganancia y centralización del capital y la riqueza, tiene que generar un consumismo demencial, mediante la creación permanente y constante de necesidades ficticias y artificiales, que alimenten a ese consumismo frenético y delirante. Pero, a medida que ese consumismo aumenta, el planeta se acerca al agotamiento y a la ruptura definitiva de su equilibrio. Vale decir al punto de no retorno.

 

Continuará…

 

Capítulos anteriores:

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