EL HOMBRE,
Andrés García Montes
El caso chino
Por último, no puedo
dejar de mencionar el caso chino llamado a jugar un papel quizá decisivo en
esta crisis. China es el principal rival que tiene Estados Unidos en la lucha
por la hegemonía mundial en el siglo XXI y paradójicamente es su principal
acreedor, una fuente esencial de su financiamiento. Cuanto más crece el déficit
comercial de los Estados Unidos, mas crecen las fabulosas reservas en dólares
de
Los Estados Unidos en su desesperada carrera por mantener la
hegemonía mundial, tiene muy claro que solo si logra controlar los centros de
producción energética a nivel mundial, puede tener y ejercer ese poder, por
otra parte, tiene que buscar recursos para financiar los enormes déficits que golpean a su economía, estos dos aspectos
entre otros, conducen al imperio a la conquista y sometimiento de países ricos
en variados recursos, principalmente energéticos. La presencia de Washington en
la zona petrolera del Mar Caspio, la invasión a Irak, las amenazas a Irán, las
criticas a Venezuela, la presión para imponer el Tratado de Libre Comercio TLC,
en América Latina, etc., desnudan estas políticas imperiales sin las cuales la
economía de los EE.UU. es difícil que sostenga al
imperio y mucho menos la hegemonía de superpotencia. ¿Cómo reaccionaría
Por otra parte, un ataque a estos dos importantes productores de
petróleo originaría un salto descomunal en los precios del crudo, que la economía
mundial no podría soportar. En este factible caso, ya no serían solo los países
invadidos los que lucharán contra el imperio, esto abriría un cúmulo tal de
frentes, entre ellos el de China, creando un caos de tal magnitud que lo más
probable es que se tragaría al imperio y a todo su aparataje.
Esto son especulaciones, lo que nadie puede negar es que es factible.
Si bien es cierto que el control que ejerce EE.UU.,
todavía es muy poderoso, el proceso de desarrollo con sus contradicciones, al
que se le suman movimientos emergentes al calor de la enorme presión que a
nivel mundial ejerce la crisis que golpea cada vez con mayor fuerza al poder
imperial, como es el caso de la invasión a Irak, haciéndose sentir con un
carácter claro y definido antiimperialista. Si a dicho fenómeno se une la caída
del Rey Dólar, puede darse las condiciones para la disolución del imperio. Pero
es aquí, en este punto, culminante, donde el peligro de una Apocalipsis es más
probable. El peligro aumenta cuando observamos que el poder que dirige al
imperio está constituido por unos enfermos y disociados sicóticos, que en un
momento de locura apelen a su infernal arsenal de armas de destrucción masiva,
que ellos si pueden tener, pero otros no.
Luchemos por
Insisto ante el distinguido lector que estamos viviendo la
culminación de ese largo proceso que se inicia a comienzos del siglo XV con la
expansión del colonialismo europeo. Para todos aquellos que solo tengan noción
histórica sabrán que desde entonces y guardando una estricta secuencia, el
hombre blanco y europeo ha mantenido una hegemonía y ha venido imponiendo su
modelo de desarrollo, el cual ha desembocado en esta estructural crisis, que
tiene a la humanidad caminando al borde del abismo. Que el centro hegemónico se
haya trasladado del Europa a América del Norte, no cambia en nada la realidad,
pues los EE.UU., es el mejor discípulo que ha tenido
este proceso, y quienes lo formaron y dirigen, solo se trasladaron de Europa a
Estados Unidos de América.
Está en peligro la vida en
el planeta a causa del llamado desarrollo capitalista. Incluso hasta el grupo
de los ocho G8, la organización rectora del mundo industrializado, lo acepta,
pero a pesar de admitir que la vida en el planeta corre peligro, no dan
muestras de detener la carrera hacia el suicidio. Ello explica claramente que el capitalismo no tiene capacidad para
resolver los problemas que crea, dada la pobreza y la miseria material y
espiritual que sus propias estructuras crean. Así cada minuto que pasa nos
vamos acercando al punto de no retorno,
pues principalmente el daño ecológico es de tal magnitud, que amenaza
con hacerse irreversible.
Es imperativo, desde ya, modificar la manera de consumir y de
producir los bienes de consumo para salvar al planeta. Pero el capitalismo, en
su desenfrenada expansión en busca de la ganancia y centralización del capital
y la riqueza, tiene que generar un consumismo demencial, mediante la creación
permanente y constante de necesidades ficticias y artificiales, que alimenten a
ese consumismo frenético y delirante. Pero, a medida que ese consumismo
aumenta, el planeta se acerca al agotamiento y a la ruptura definitiva de su
equilibrio. Vale decir al punto de no retorno.
Continuará…
Capítulos anteriores:
·
El hombre, la
vida y el planeta Tierra (IV)
·
El hombre, la
vida y el planeta Tierra (III)
·
El hombre, la
vida y el planeta Tierra (II)
·
El hombre, la
vida y el planeta Tierra (I)