Icod de los Trigos y don Diego Pérez

Wladimiro Rodríguez Brito

Hace unos días nos dejó para siempre don Diego Pérez, hombre y campesino comprometido con esta tierra, su gente y sus costumbres. Durante toda su vida fue un luchador incansable, emigrando primero a Venezuela, en tiempos de racionamiento y estraperlo, y retornando después para invertir y trabajar hasta la extenuación en la tierra que le vio nacer, esforzándose en mejorar las difíciles condiciones de vida y económicas del agricultor del norte de Tenerife, en concreto, de este singular territorio encajonado entre la ladera de Tigaiga y el Barranco de Ruiz, conocido como Icod el Alto o Icod de los Trigos.

Don Diego actuó de hecho como un "alcalde en funciones" durante muchos años de este pueblo realejero de casi 4.000 habitantes, luchando por sacarlo de la marginalidad y de un atraso secular. Es por lo que estas líneas pretenden testimoniar un sincero homenaje público a la labor de un hombre que con su esfuerzo y sacrificio personal hizo posible el progreso de su comunidad. Es importante recordar estos hechos de una vida al servicio de los demás, porque no abundan demasiado en nuestra geografía insular y se trata también de un acto de justicia obligada con este sencillo hombre del norte. Entre sus logros podemos citar la construcción de una red de riego eficiente para fortalecer la agricultura de la zona. Don Diego, junto a los Hermanos Vielma, consiguió los terrenos para la construcción de una balsa, como depósito regulador para aportar riego al agro de la zona, sobre todo cuando en la primavera se produce una sequía prolongada, perdiéndose la cosecha de papas por falta de agua. Es destacable el esfuerzo realizado para la instalación de una red de riego a lo largo y ancho de las medianías de Icod el Alto.

Don Diego fue ante todo un hombre con compromiso que sembraba ilusión mirando por el futuro del campo y sus gentes, que soñaba con volver a cultivar Los Campeches, hoy tierra de espinos, helecheras y zarzas, hoy tierra incubadora de incendios forestales. Asimismo, en la lucha de don Diego por mejorar su pueblo quedaron varios kilómetros de pistas construidas con cemento, como la de Lolita, promovidas por el Cabildo Insular de Tenerife, sobre caminos polvorientos o embarrados, intransitables buena parte del año por las condiciones meteorológicas, indispensables para poner en explotación importantes áreas de cultivo. Don Diego fue un asiduo visitante de los consejeros de agricultura y aguas del Cabildo de Tenerife, Ricardo Melchior, Alonso Arroyo y José Joaquín Bethencourt, para conseguir mejorar y dignificar la vida de Icod de los Trigos.

A don Diego le tocó vivir también estos últimos tiempos, difíciles para la agricultura, aunque de otro modo. En la defensa de las papas del país sufrió, como otros tantos campesinos canarios, el ataque de la polilla guatemalteca o de las importaciones de choque que "barrían" la producción local. En esta difícil coyuntura participó activamente para encontrar soluciones que hicieran viable este cultivo tradicional. Ayudó a promover una cooperativa para conseguir unas mejores y más dignas condiciones económicas para los productores. Don Diego fue parte importante de todo este último proceso que su tierra ha experimentado, sólo el Colegio de La Pared fue construido antes de que él se dejara la vida luchando por su territorio y sus gentes.

Nuestro campo es naturaleza, esfuerzo y trabajo, pero también ilusión y sueños de futuro en un mundo mejor, más justo, más solidario. Icod el Alto es un territorio bien dotado por la naturaleza: suelo fértil y humedad para la agricultura y los aprovechamientos forestales. Sin embargo, las tierras pertenecían en última instancia a gentes que no moraban en dicho territorio y los sistemas de medianías son muy duros para los cultivos de secano. Por eso, hablar del Lance, La Corona, Los Campeches o la Pista Lolita nos sitúa en un mundo marginal, con malos caminos, embarrados y transitados por campesinos maltratados y conocidos en el resto de la isla como los cochineros, dado que criaban la mayor parte de los lechones que se criaban en la isla. En definitiva, nos ha dejado un hombre ejemplar, comprometido y valiente en la defensa de la cultura de la tierra. Hoy somos todos un poco más pobres. Descanse en paz.

* Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife