La identidad como conflicto nacionalista
Juan Jesús Ayala
No hubo que esperar a la caída del Muro de Berlín para que afloraran ciertos nacionalismos que hasta entonces estaban taponados por la mordaza del sistema imperante en la Unión Soviética. Ya con anterioridad estaban presentes en España e Irlanda y traspasando las fronteras europeas, en el Canadá. Por lo que, como ideología en alza, que está ahí y que no la podemos eludir debe ser, como es, subsidiario de estudio este fenómeno socio-político por la importancia que tiene en las políticas que se desarrollan en el planeta.
Estudiosos del nacionalismo como Ferrán Requejo Coll destacan como componentes que dan fundamento al nacionalismo, dos principales, cuales son el componente político y la de ser constructores de la identidad. Considera F. Requejo que el segundo componente, el de la identidad, cobra primacía tras los procesos de internacionalización de la política económica y tecnológica. "En un mundo fragmentado el nacionalismo se convierte en una energía potente".
¿Y qué es la identidad? Se ha hablado tanto sobre ella y se ha cuestionado desde diferentes ángulos, que se hace difícil entender tal desquiciamiento conceptual, cuando es harto sabido que lo evidente ni se cuestiona y menos se puede poner en la dinámica de una discusión inservible. Cada cual es lo que es porque posee unas señas, unas marcas, un rostro que lo distingue del otro; cada pueblo tiene una cultura y una historia pasada que lo define, además de saber hacia donde se quiere llegar y qué capítulos de su historia futura quiere escribir. No hace falta tanto devaneo intelectual, para saber quién es quién y que es lo que pretenden los pueblos habitados por distintas colectividades. La identidad empuja al presente hacia la construcción de lo que se quiere ser mañana.
Rebusquemos en las intimidades de las personas y en la conciencia de los pueblos y encontraremos lo que los define, lo que los caracteriza, lo que los une y hasta lo que los separa. Si no se da con ello no es porque no estén donde tienen que estar las características de cada cual sino porque se hace todo lo posible desde fuerzas espurias para desestructurar y tergiversar los discursos fabricados en el tiempo por el hombre y por los pueblos.
¿Qué nos define como canarios? ¿Cuál es nuestra identidad como pueblo que quiere ser? Nos define no los libros que se han escrito y divulgado sobre nosotros y menos aún todo lo que se ha hecho a nuestras espaldas. Lo que nos define es el empeño, la búsqueda desde dentro para dar con nosotros mismos; empeño que se encuentra enrocado por los que entorpecen los deseos de una colectividad que ha sido sometida a la influencia de una historia mal contada. Y como pueblo nos define el destartalamiento conceptual en muchas cuestiones que nos son vitales. Tener esa idea e introyectarla dentro del ánimo de cada cual, no cabe duda que formaría parte de una proyección para mañana ya que, hoy por hoy, se está en un impase, con una carga personal desaprovechada, con una energía dirigida hacia polos opuestos que hacen que nuestra identidad este incrustada en la rareza y que no se tenga una dimensión clara de quienes somos aunque, paradójicamente, lo sepamos de sobra.
La identidad surge con fuerza y con limpieza en los conflictos nacionalistas y cuando estos se enconan desde los linderos del pensamiento y de la discusión sana estaremos poniendo las piezas fundamentales que puedan caracterizar a un pueblo. No es tarea difícil. Sólo es ponerse manos a la obra y el momento oportuno sería cuando tengamos la percepción que se nos escapa la personalidad, que no somos dueños de sí mismos y que son otros los que dictan por nosotros.
Pensar democráticamente el momento donde el ciudadano tenga asegurada su participación en la construcción de la diferencia cultural, es lo que debe primar en cualquier conflicto nacionalista que esté a la vista. Y cuando hablamos de conflicto, no es pensando en confrontaciones de fuerza, ya que el conflicto internalizado dentro de uno mismo hecho extensivo a los integrantes de una nación haciendo que esta baje del imaginario al plano real, será lo que propiciará la construcción nacional a través, ahora sí, de una identidad colectiva, encontrada y fraguada en el transcurso de la historia de cualquier pueblo.