La
necesidad de una Consejería de Identidad e Integración
Juan
Jesús Ayala
Para los tiempos que se avecinan hacen falta nuevas
ideas que vayan componiendo de manera decidida y sin tapujos una estructura
nacionalista para esta tierra que no debe ser otra que la construcción de
la nación canaria.
Tarea ésta ardua y difícil y que necesita de un
tratamiento adecuado para que llegue a su término, ¿cuándo? Cuanto antes
mejor. Un Gobierno nacionalista debe tener en cuenta esta cuestión como
prioritaria, casi como definitiva, porque en ello está en juego que nuestro
pueblo no sólo se proyecte más allá de sí mismo, sino que superviva como tal.
Lo que tiene que venir desde la instrumentalización
ideológica-organizativa de una Consejería de Identidad e Integración.
Esta Consejería estaría inmersa dentro de lo que es
Y para desarrollar la conciencia nacional canaria no
hay otra alternativa positiva que su prolongación en una estructura política
encaminada a obtener las cotas máximas de autogobierno.
Debemos tener claro que nuestro pueblo ha sido
sometido a lo largo de su historia a un proceso de aculturización
e influencia mediática descomunal que ha ocasionado que la conciencia
nacional canaria esté desdibujada, confusa y deficitariamente
existente.
Por lo tanto uno de los objetivos y fundamentos de
esta Consejería tendría que ser la realización de la conciencia nacional
canaria, lo que es un fenómeno complicado, no monolítico, sino multidimensional
que emerge desde una estructura compleja formada por tres niveles: percepciones,
explicaciones y aspiraciones.
Hay que insistir que entre Canarias y los pueblos
que conforman el Estado español existe un hecho diferencial y que es el otro
quien nos marca la diferencia. Y ahí en el hecho diferencial, cultural y
socio-económico habrá que aplicar la contundencia para explicar que somos
diferentes. Y no sólo por la historia, sino por la cultura. La diferencia nos
define y nos tiene que hacer percibir que nuestra realidad es
diferente. Lo que hay que explicar para que todo esto -de ahí el éxito o
el fracaso- se prolongue en un espacio que es la estructura política y la
consecución del poder para llegar en definitiva a lo que se propone que no debe
ser otra aspiración que la construcción de Canarias como nación.
Otras tareas encomendadas a esta Consejería,
importante, decisiva e imprescindible, si es que se quiere sobrevivir
políticamente como organización nacionalista y bajo el paraguas de un
Gobierno nacionalista serían:
Apuntalar decididamente y con objetivos
nacionalistas su presencia en el Parlamento, cabildos y ayuntamientos para que
la toma de decisiones sean acordes a esos objetivos y no se vaya por libre,
ajeno a lo que debe fundamentar una política nacionalista desterrando de una
vez por todas los posicionamientos aldeanistas en las
que cada alcalde o presidentes de cabildos se crea poseído de un poder omnímodo
e individual. Hay que dejar atrás rémoras del pasado que lo que acarrearía
sería el debilitamiento de la organización por lo que se hace necesario de
manera perentoria que aquellos que detentan cargos públicos tendrán que
someterse a una catarsis y a un reciclaje en profundidad considerando sus reinos
de taifas como anacrónicos, vacíos de contenido y ajenos a las políticas
nacionalistas.
Además, y es otra tarea fundamental, trabajar e
insistir en el tiempo, entre más corto mucho mejor, para que aquellas organizaciones
nacionalistas que están dispersas y donde cada cual va a lo suyo, que es ir
hacia ninguna parte, terminen siendo integradas en un único Partido
Nacionalista Canario. Tarea esta inmediata, urgente, para huir de
fragmentaciones que favorecen a los que demonizan y nos les interesa que en Canarias
exista ese gran partido. Ir cada uno por su lado, además de ser una torpeza, es
comprometer la historia futura de este pueblo.
Y a la vez que esto está sucediendo, impregnar a
nuestra sociedad de todos aquellos valores identitarios que están ahí, que hay
que remozarlos y si es necesario hasta descubrirlos porque permanecen empañados
por la tergiversación de una historia mal contada por lo que habrá que
fortalecer nuestra dimensión cultural alejada de cualquier viso folclorista y
tomarse en serio a un pueblo que está necesitado que se les diga las cosas como
son y por qué son.
En definitiva, sería una Consejería necesaria y
aunque su tarea pudiera ser ciertamente complicada, y escabrosa los logros que
se consiguieran dejarían atrás sinsabores y malos momentos. Pero cuando se
habla de la supervivencia de una comunidad como pueblo es necesario para ello
que haya un Gobierno nacionalista, y además, que el nacionalismo esté integrado;
si se consigue, se habrá dado un paso considerable y definitivo en el futuro
del nacionalismo y de Canarias, porque se habrá depositado en la gran mayoría
de nuestra gente una conciencia nacional canaria, que es fundamental para
lograr el poder a través de ese único Partido Nacionalista Canario que no debe
de hacerse esperar demasiado.
(Pudiera ser que Paulino Rivero tomase en
consideración al presidente de