Ideologías Terroristas

Emilio del Barco

Los terrorismos actuales son derivados de ideas que quieren cambiar el orden establecido. El cambio, en sí, es saludable. Lo malo de algunos grupos idealistas es que, al radicalizarse, fanatizándose, no contemplan la toma del poder por medios democráticos. Sencillamente, porque su sistema de creencias no confía en la democracia, en primer lugar, y, secundariamente, porque no vislumbran otra posibilidad de cambio que no conllevase la aceptación indiscutida de sus principios. Eso no sería un cambio de actitudes, sino el trueque de un absolutismo por otro. Luego, no son democráticos en ningún sentido, ni antes ni después, ni organizativamente, ni socialmente.

Por tanto, negociar, con ellos democráticamente, es un error en sí mismo. Admitirían sólo concesiones de la otra parte, no negociaciones con ella. Los fanáticos, sean de la corriente que sean, son, ante todo, fanáticos; no ceden en sus principios. Las guerras en Palestina llevan sucediéndose desde hace más de tres mil años. Los totalitarios no admiten más que soluciones totalitarias. Les atraen más las respuestas fuertes, que las justas. Hitler y Stalin se admiraban mutuamente, aunque aborreciesen las ideas del contrario. Se extasiaban con la fortaleza del rival y el sueño de poder vencerlo, no con sus ideales. Es un fenómeno común, los generales leen biografías de otros generales famosos.

Ser violento es más una cuestión de actitud mental, que ideológica. La ideología no determina la violencia, sino la aceptación del abuso del más fuerte, sea cual fuese su ideología. Pero, el enemigo lo encuentran en sí mismos. Quien quiera difundir una doctrina, usando la violencia, creará más enemigos que adeptos. Esa es la eterna fuente del mal cíclico. La acción es madre de la reacción. No hay generación espontánea, sino consecuencias.

Una gran parte de las actuales instituciones religiosas oficializadas, han dejado de ser movimientos liberalizadores progresistas, para pasar a formar parte de las autoridades anquilosadas en el tiempo, cuya labor principal consiste en defender, ante todo, la conservación de sus privilegios. Que los distingan del común de la sociedad laica. La peor evolución de estas empresas religiosas institucionalizadas es que han pasado a representarse, principalmente, a sí mismas y sus intereses. Creando una contraposición con los intereses de la sociedad laica. Lastimosamente, se asemejan, cada vez más, a corporaciones de intereses transnacionales. Y, sálvese quien pueda.

Para hacer valer una justicia moral, que defienda la ecuanimidad entre los humanos, no hace falta ostentar tanto poder, ni poseer tanto. La buena voluntad no cuesta dinero. Se reparte gratis, día a día. Con eso bastaría para mejorar el mundo. Que cada uno mejore el trozo de mundo que tenga al alcance de su mano y su voz. No hace falta ser grandioso, para ser bueno y generoso. Lo grande suele encerrar más impurezas. Si no nos enseñaran, desde pequeños, a imponer nuestra verdad sobre la de los demás, la violencia social decrecería. No se tiene razón a la fuerza.

Gran Canaria, 12/07/2005

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