El idiota de la
familia
Juan Manuel García ramos
No hablaré de la muy ambiciosa obra de
Jean Paul Sartre sobre Gustave Flaubert, no hablaré del
niño Flaubert que aprende a leer tardíamente para
luego convertirse en un exquisito gobernador de palabras. Pero hablaré de un
idiota que ocupa un Ministerio español, es decir, de un idiota político, no de
un idiota aparente, como pudo ser el escritor francés en su infancia.
Después de la que está cayendo desde hace meses en materia de inmigración
sahariana y subsahariana en Canarias, uno no puede
entender que un ministro de Trabajo y Asuntos Sociales español vaya a
Es decir, el comienzo de cualquier solución a la inmigración padecida por
Canarias en estos meses pasa ineludiblemente porque el señor Rodríguez Zapatero
ponga en la calle a don Jesús Caldera, ministro de lo que vamos hablando. Y si
el presidente del Gobierno español quiere buscar más razones para el cese de su
alto cargo, puede acudir al antecedente de la aprobación por parte de su Gobierno
del nuevo Reglamento de Extranjería de 30 de diciembre de 2004, que es la madre
de todos los corderos del descalabro inmigratorio sufrido en Canarias a partir
de aquella fecha.
Y este cese no lo pedimos sólo desde Canarias, es algo compartido por países
como Francia, Alemania y Holanda, que en su día definieron el gesto de
regularización de Caldera como "un precedente inflamable para toda
Europa". Esos países, además, han denunciado el nulo rigor y la gran falta
de solidaridad de España en la regularización de inmigrantes ilegales al tomar
decisiones unilaterales enfrentadas a la opinión general comunitaria, en
especial, enfrentadas a los países pertenecientes al espacio Schengen.
Esto no hay por donde cogerlo. La política de inmigración del Gobierno Zapatero
es un disparate de consecuencias imprevisibles.
Con sólo colocar en un escenario, por un lado, al ministro Caldera hablando
alegremente en Rabat, el pasado mes de julio, a favor de un nuevo proceso de
regularización, y por otro lado a la vicepresidenta del Gobierno, Fernández de
Todas las medidas adoptadas hasta ahora por España y por Europa han resultado
nulas a la hora de frenar la avalancha inmigratoria en Canarias. La joya de la
corona de esas medidas, el dispositivo Frontex, es un
fraude.
El portavoz de
Todo lo que ha sido política de regularización y control por parte del Gobierno
de España de la llegada de inmigrantes a su territorio, incluido Canarias, por
ahora, no ha hecho sino enrarecer las relaciones con
Nosotros, visto lo visto, nos quedamos con una salida aportada por el delegado
del Gobierno en Canarias: todos los esfuerzos -de los recursos del Frontex y de los que puedan sumarse a él- hay que
dirigirlos en un solo objetivo. Se trata de desplegar los medios aeronavales
españoles y europeos hasta las cien millas de Canarias, cuando se trate de
embarcaciones procedentes de Mauritania y Senegal, o países más al sur; cuando
se trate de embarcaciones procedentes de la costa marroquí o del Sáhara occidental, hay que reducir millas. Se trata de
devolver las pateras y los cayucos a África y de acabar con la pasividad mostrada
hasta ahora. Don José Segura Clavell se ha dado
cuenta de algo que ya habíamos planteado hace unos cuantos años: hay que atajar
el problema en origen.
Después hablamos de estrategias diplomáticas, de las posibles repatriaciones,
del Plan África, de incentivar los polos de desarrollo de los países emisores
de emigración, de lo que ustedes quieran; pero antes dejamos claro lo que tiene
que hacer ahora Canarias y los organismos que nos asistan en nuestra defensa
territorial. Y todo eso no sólo hay que hacerlo para salvaguardar nuestras
fronteras e impedir que alguien las viole, sino también para evitar la muerte
de miles de inocentes que salen del infierno africano en busca del paraíso del
primer mundo, para ahorrarnos, entre nuestra población nativa y residente,
reacciones xenófobas innecesarias, y, sobre todo, para frenar la propagación en
nuestro tejido empresarial del empleo sumergido administrado por mafias de
recepción de inmigrantes con sede en Canarias y cómplices de las otras mafias
que trasladan a esos mismos emigrantes por el océano hasta nuestras orillas.
No hay más cera que la que arde, y este problema puede desvertebrar
mañana mismo nuestras sociedades insulares desde el punto de vista político,
económico, social y sanitario. Se sabe que toda inmigración no integrada
laboral, social y culturalmente, está abocada al fracaso de las expectativas de
los que llegan y de los que los acogen. Con las imprevisiones del Gobierno
Zapatero enumeradas antes se está dañando a Europa y a Canarias. Todo tiene un
límite.
Por empezar por algún sitio, cesen a Caldera y atiendan las sugerencias del
señor Segura, que del mar y del derecho marítimo sabe. Sin más dilación. Sin más palabras.