Por la igualdad real

 

Justo Fernández Rodríguez

 

El mensaje principal del Informe Mundial de la Organización Mundial del Trabajo (OIT) para abordar la construcción de sociedades más justas se fija en la lucha contra la discriminación y desigualdad en el ámbito del trabajo. El fomento de la igualdad de oportunidades para el trabajo decente, de hombres y mujeres, son elementos esenciales para lograrlo.


En los centros de trabajo de todo el mundo, millones de personas continúan siendo víctimas de discriminación y desigualdad, pese a los tímidos avances logrados en la lucha por su eliminación. Muchos de los países miembros de la OIT han ratificado los dos convenios fundamentales sobre la discriminación, igualdad de remuneración y de empleo y ocupación, comprometiéndose a legislar y aplicar políticas que prevengan tales formas de abuso.


La discriminación basada en el género, la edad, raza, origen étnico, religión, discapacidad, orientación sexual o por padecer el VIH/SIDA, habituales en gran parte de las naciones, desarrolladas o en desarrollo, constituyen formas de neofascismo que es preciso erradicar.


Para miles de trabajadores y trabajadoras, tales prácticas pueden significar la imposibilidad de acceder a determinados puestos directivos para los que están suficientemente capacitados. Para otros, significa la negación de poder aspirar a un puesto de trabajo.


La discriminación se encuentra frecuentemente arraigada en los valores y las normas culturales y sociales predominantes en cada nación o región.


La participación de las mujeres en la población activa y en el empleo remunerado viene manteniendo su tendencia al alza en todo el mundo, pese a la persistencia de brechas de género en el empleo, la remuneración y la segregación profesional. Luchar contra la discriminación requiere respuestas nacionales, regionales y globales.


El Informe afirma que "estas barreras a la igualdad pueden impedir que las sociedades aprovechen plenamente las posibilidades que brinda la economía globalizada, provocando inestabilidad política y agitación social, lo que perturba la inversión y el crecimiento económico".


He de manifestar mis dudas. Existen pocos ejemplos de empresas multinacionales que rechacen estos sistemas, pese a las palabras de Juan Somavia, director general de la OIT, señalando que "la discriminación en el trabajo es una violación de los derechos humanos, que malgasta talentos, con efectos perjudiciales sobre la productividad. Genera desigualdades que socavan la cohesión social y la solidaridad y constituyen un freno para la reducción de la pobreza".


Los pasos para luchar contra la discriminación y conseguir la igualdad, promulgados por la OIT, pueden resumirse en cinco puntos:


- Promover la igualdad de género mediante una acción global más integrada y mejor coordinada.


- Incorporar la no discriminación y la igualdad a la totalidad de los Programas Nacionales de Trabajo Decente de la OIT, teniendo en cuenta las necesidades específicas de los diferentes grupos.


- Promulgar mejores leyes y procurar una mejor aplicación de las mismas.


- Adoptar iniciativas no reguladoras más eficaces, como las relativas a las políticas de adquisiciones, préstamos e inversiones de los gobiernos.


- Contribuir a la capacitación de los interlocutores sociales para convertir la igualdad en una realidad en los lugares de trabajo, mediante mecanismos como los convenios colectivos y los códigos de conducta.


Pero ganar la guerra contra la discriminación en el lugar de trabajo requiere el esfuerzo conjunto de varios agentes: los gobiernos nacionales, para promulgar y aplicar las leyes; los organismos internacionales, para armonizar la normativa y difundir las buenas prácticas, y los interlocutores sociales y las empresas, para hacer suyos los objetivos de igualdad.


Sin embargo, las leyes no bastan para erradicar la discriminación y la desigualdad. Jueces, inspectores de trabajo, trabajadores y empresarios han de comprenderlas para que puedan garantizar su aplicación. Las organizaciones sindicales y patronales constituyen un elemento esencial del problema. No importa en qué medida pueda modificarse la legislación o con qué eficacia se aplique ésta: los avances serán escasos si no se cuenta con los interlocutores sociales.


Está en manos de los interlocutores sociales superar las limitaciones legales, en cuanto al principio de igualdad y no discriminación, a través de la negociación colectiva, especialmente, en los países industrializados. Reducir las tensiones entre la vida laboral y familiar, conciliando las responsabilidades profesionales y las derivadas de la atención a la familia, es otra posibilidad del diálogo social.


En España, pese a la oposición, lógica, incomprensible o por sistema, según se mire, del Partido Popular y de los sectores empresariales más reaccionarios, el Congreso aprobó una Ley de Igualdad, con el apoyo de 192 diputados, presentada por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.


La ley reclama que "las mujeres y los hombres son iguales en dignidad humana e iguales en derechos y deberes", e incluye medidas como un permiso de paternidad de 15 días, que se ampliará a un mes dentro de seis años. Más de 400.000 hombres podrán pedir, cada año, el permiso de paternidad de quince días. En el caso de partos de bebés prematuros, el permiso de maternidad se ampliará para comenzar a partir del día en que el niño salga del hospital. Se amplía el derecho a reducir la jornada laboral, de uno a dos años, para cuidar a un familiar enfermo, y se considera acoso sexual cualquier comportamiento verbal o físico que tenga el propósito de atentar contra la dignidad de una persona. Combatirá la discriminación en salarios y pensiones, el mayor desempleo de la mujer, la escasa presencia femenina en puestos de responsabilidad empresarial, política, social o cultural y modifica la ley electoral, estableciendo listas electorales paritarias y una mayor conciliación entre la vida laboral y familiar.


Para Comisiones Obreras, la Ley de Igualdad "supone un impulso importante para mejorar la posición de las mujeres en el mundo laboral y una herramienta para la acción sindical en las empresas. La obligación de negociar medidas y planes en empresas de más de 250 trabajadores posibilitará la conciliación de la vida laboral y familiar".


La UGT, por su parte, considera la ley "un instrumento legal necesario que compromete a todos, sindicatos, empresas y administraciones públicas, en el objetivo de prevenir, eliminar y subsanar toda forma de discriminación". Así sea...