Los Iluminados

Emilio del Barco

La libertad de acción está siempre condicionada; es una utopía. Estamos limitados por el entorno. Nuestros conocimientos y medios nos restringen. Cualquier principio religioso que hayamos absorbido, nos fijará socialmente. Porque las reglas sociales suelen tener una base de justificación religiosa. Los grupos de poder siempre han colaborado, para mantener el equilibrio entre ellos. No otra cosa encierra la regla de oro maestra: Dad al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios.

En las comunidades primitivas, ambos principios se confunden: Los jefes de la comunidad lo son en representación, o por designio, del dios de la misma. Modernamente, algunos dirigentes políticos, para alcanzar cotas de poder supremo, justifican sus acciones en supuestas inspiraciones divinas, recibidas directamente desde el Cielo. Incluso existe algún iluminado que dice hablar directamente con Cristo cada día, de quien afirma recibir instrucciones. Este hombre singular, jefe de la nación militarmente más poderosa del mundo, se define como un ‘renacido’.Y cree que los irakíes y el mundo entero deberían estar agradecidos por la intervención de sus tropas. Si no hubiese tantos políticos americanos que, paralelamente, son accionistas de empresas armamentistas o petrolíferas, podríamos pensar que no están interesados personalmente en mantener conflictos armados. Pero, la invasión de Irak por los americanos y aliados, no ha sido una bendición de Dios para los irakíes. Que, si antes vivían oprimidos por Sadam, ahora es que no viven. Tener miedo constantemente, y sentir odio hacia el invasor, no debe ayudarles a sentirse felices. Todo parece concebido como un inmenso negocio para unos pocos y una enorme ruina para el mundo.

Tendríamos que retrasar nuestro espíritu a los tiempos en que los dioses andaban entre nosotros, para comprender esta implicación de valores. Cuando la vida religiosa y la social formaban un núcleo inseparable. Si los condicionantes sociales forman parte de nosotros, las creencias religiosas son la esencia misma de nuestros razonamientos morales. Si ambos mundos se confunden, al ser humano le queda muy poco espacio para maniobrar en libertad. Se produce la petrificación social.

El individuo, en libertad, consigue la felicidad, siguiendo la armonía de su propia naturaleza. Los conceptos de Bien y Mal no pueden ser absolutos. Lo que es bueno para unos, en un momento dado, podría ser malo para otros, en ese mismo instante. Lo curioso es que el concepto del Bien y el Mal que tienen algunos políticos de rango mundial, coinciden muy poco con los valores que apreciamos la mayoría de los mortales. No podemos dejarnos encandilar por el poder de quien no nos inspira ni simpatía, ni confianza. Tenemos ya demasiada información sobre sus propios intereses personales. No podemos coincidir con ellos, porque todo indica que se pretende crear un superpoder, eje alrededor del cual gire el mundo. Y eso no puede ser bueno para toda la Humanidad. Sobre todo, porque la inmensa mayoría de los humanos no lo aceptamos, bajo ningún concepto, como la encarnación del Bien.

La identificación del individuo con el Universo, es lo que le confiere fuerza, libertad y felicidad. Y no vislumbro que pueda llegar a esta identificación, siguiendo las reglas corruptas del Imperio. Que, para unirnos a su causa, nos quiere captar, haciendo hincapié en los mismos cánones exigidos por los líderes religiosos de todo el mundo: Sometimiento, obediencia y fe ciega. Lo que frenaría el avance de la civilización, al desaparecer la libertad individual y la independencia del pensamiento.

Agüimes, Gran Canaria, 01/07/2005

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