INMIGRACIÓN
Y COLONIALISMO
Cuando Canarias solucione su principal problema, es decir, acabe con su
situación de dependencia, como cualquier otro estado libre, en uso de su
soberanía, determinará el cupo de ciudadanos extranjeros a admitir en su
territorio y las condiciones para entrar.
Hasta que esto no ocurra,
A los canarios nos corresponde únicamente la ayuda humanitaria a los migrantes que arriban a las Islas facilitándole su tránsito
hacia Europa y la denuncia de las prácticas colonialistas y neocolonialistas de
los países europeos.
Exigencias de
Igualmente,
También exige que los acuerdos que España pueda tener con otros países, como
los de
Dados los reiterados incumplimientos del Estado español de sus obligaciones
hacia esta Colonia,
Situación colonial
España, como potencia administradora, tiene una serie de obligaciones
perfectamente definidas por las Naciones Unidas respecto a las naciones
colonizadas.
De acuerdo con estos principios de las NN.UU. España
tiene, entre otras, las siguientes obligaciones respecto Canarias:
-Preservar la integridad territorial y la inviolabilidad de las fronteras
canarias.
-No variar la composición étnica del Pueblo canario.
-Garantizar la sostenibilidad de los recursos de
-No realizar ningún tipo de actividades que comprometan la calidad
medioambiental de Canarias.
Política continuada de España para
acabar con la población autóctona de las islas.
Para perpetuar indefinidamente la presencia de su Administración en las Islas,
España ha desarrollada una política continuada para acabar con la población
autóctona adaptándose a las diversas circunstancias que han ido sucediéndose a
lo largo de la historia.
Desde el mismo inicio de la conquista y colonización de las islas,
Cuando en la segunda mitad del siglo XX las Naciones Unidas exigen la lista de
territorios a descolonizar, España no incluye a Canarias bajo argumento que la
población de las islas está compuesta exclusivamente por colonos españoles y no
existe población propia de las islas que pueda ser el sujeto de la
descolonización. Sí incluyen territorios como el Sahara Occidental y Guinea
Ecuatorial ya que están pobladas por aquellos a los que despectivamente
denominan moros y negros aunque hasta ese momento los consideraran una
provincia española más como hacen en la actualidad con Canarias.
Pero la realidad que no se puede ignorar y a la que no debemos renunciar es muy
distinta y científicamente demostrable ya que a pesar de todas las
atrocidades cometidas por el colonizador, la población de las Islas es
mayoritariamente autóctona y claramente diferenciada de la española.
Finalizada la conquista, a pesar del inmenso genocidio, la población de las
Islas siguió siendo mayoritariamente autóctona. Al genocidio se le unió la
esclavitud, muchísimos canarios (adultos y menores) fueron vendidos como
esclavos en ciudades españolas como Sevilla o Valencia y fueron llevados a
islas hasta entonces deshabitadas como Madeira.
Muchos de estos esclavos fueron rescatados por sus familiares que pagaron
dinero por su liberación y regreso a las islas.
Al genocidio y la esclavitud se le sumó el “tributo en sangre” es decir
la emigración forzosa a América de familias enteras de canarios que fueron
destinados a los lugares más inhóspitos y conflictivos. Así, hoy podemos
encontrar descendientes de Canarios desde los Estados
Unidos a Argentina. Naciones como Cuba, Venezuela, puerto Rico y Santo Domingo
no existirían como tales sin la numerosa y decisiva presencia canaria. La
emigración forzada a América ha durado hasta fechas recientes ya que las duras
condiciones de vida impuestas por el colonialismo, a través de sus autoridades
o de señoritos y caciques, impedían a la población
llevar una vida en condiciones mínimas de dignidad.
Al genocido, la esclavitud y la emigración forzada a
América se le añadió el envío a las islas de población española, presidiarios,
deportados, funcionarios incentivados con primas económicas por residir
en las islas, militares y un largo etcétera. Y no solamente españoles sino
ciudadanos de todos los países de
Por último, el descontrol negligente e intencionado de fronteras ha propiciado
la radicación en Canarias de numerosa población de América, Asia y de la propia
África que entra irregularmente en el Territorio isleño.
Solamente en la última década se calcula en más de 350.000 las personas que se
han establecido en Canarias con las inevitables consecuencias de desempleo y
bajos salarios así como el colapso de los servicios sanitarios, educativos, de
vivienda e infraestructuras, etc. Y a todo esto hay que unir la práctica
imposibilidad de los canarios de desarrollarse conforme a su cultura e
idiosincrasia (etnocidio).
Derecho a emigrar desde las “ex
colonias”
Los Estados europeos que ejercieron durante décadas y hasta siglos su dominio
colonial sobre la mayoría de los países de América, África y Asia y que
continúan en la actualidad expoliando esos países bajo formas neocoloniales, no pueden negar la entrada en su territorio
de cuantos ciudadanos de sus ex colonias lo pretendan.
Las remesas económicas de los emigrantes constituyen en la actualidad el
principal capítulo del PIB de muchos países y contribuyen más a su desarrollo
que las supuestas ayudas y cooperaciones de Estados europeos.
El drama humanitario que supone la pérdida de la vida de tantos africanos en
viajes clandestinos realizados en embarcaciones que no reúnen las mínimas
condiciones de seguridad se puede evitar facilitando visados que permitan
viajar en condiciones seguras y dignas como lo hacen quienes se trasladan desde
muchos países americanos hacia Europa.
Rebrote colonialista en pleno siglo XXI
Así mismo es un claro chantaje de los países europeos el condicionar la
cooperación a la readmisión y represión de la libertad de emigrar de los
ciudadanos de estos países africanos.
Resulta igualmente condenable la connivencia de los países europeos con los
regímenes de Marruecos que mantiene la ocupación del Sáhara
Occidental desde el río Draa hasta el Cabo Blanco y
con los golpistas de Mauritania expulsada, por este motivo, de
Dado en Ajuy, Taknara, a 23
de Septiembre de 2006
por el
Comité Nacional de