A los intelectuales marroquíes firmantes del llamamiento

Sara Hasnaui

El Sáhara Occidental no es marroquí, según dictamen del Tribunal Internacional de la Haya. El Sáhara Occidental es, según Naciones Unidas, el único territorio no autónomo que arrastra un proceso de descolonización inconcluso pendiente de un plebiscito a la población.

Estas afirmaciones están respaldadas por dos organismos de objetividad y autoridad reconocidas. No solo lo dicen los intelectuales españoles.

Con estos datos, cualquiera se plantearía las siguientes preguntas: ¿Por qué entonces Marruecos obstaculiza la celebración del referéndum de autodeterminación del pueblo saharaui, auspiciado por Naciones Unidas y aceptado inicialmente en 1981 por su máximo representante, el difunto Hassan II? ¿Por qué el gobierno marroquí lleva meses reprimiendo violentamente las manifestaciones pacíficas de ciudadanos saharauis contra la ocupación marroquí? ¿Por qué las autoridades marroquíes someten a la población saharaui a cárcel, torturas, desapariciones y a la muerte? ¿Por qué los saharauis llevan treinta años soportando el exilio en campamentos de refugiados? ¿Por qué se mantiene el grueso del ejército marroquí en territorio saharaui con la consiguiente sangría a la economía nacional, derroche insolente si recordamos las constantes víctimas marroquíes en el Estrecho?

Las conclusiones obvias se resumen en dos: Marruecos conculca el derecho internacional, y los saharauis no quieren ser marroquíes. La reacción esperada consistiría básicamente en denunciar la situación, en alzar la voz contra esta sinrazón.

En vez de ello, los intelectuales marroquíes, en un escrito al diario El País (Julio 2005), que sacaría los colores ajenos al lector más flemático, hacen un llamamiento a sus homólogos españoles para que cesen en su apoyo a la resolución del conflicto saharaui, y por ende, en su apoyo a la legalidad internacional.

Pésimo síntoma y débil esperanza para un país que dice encaminarse hacia la democracia. Cuando los intelectuales marroquíes dejen de actuar como devoradores de pecados del gobierno, gozarán de apoyo, no sólo de los intelectuales españoles. Pero sobre todo, se habrán ganado el derecho a llamarse intelectuales, y el respeto de todos.

A los saharauis se les brindará la oportunidad de pronunciarse sobre su futuro, y podremos tener como resultado un Sáhara independiente, o no. Pero no tendremos paz, ni justicia, ni un Magreb estable, mientras se persista en negarles ese derecho inalienable.

* Escritora saharaui, miembro de la "Generación de la Amistad"