Inteligencia artificial, lo que faltaba

Juan Jesús Ayala

No faltaba otra cosa más para que el ser humano se tambaleara del todo hasta caerse, que aquello que lo distingue de los demás animales cual es la razón y la inteligencia se fuera al traste por mor de los avances tecnológicos. La tecnología debe tener un límite y adecuarse a engrandecer el pensamiento humano y avanzar en las vías del progreso, pero nunca será progreso y menos se engrandecería el ser humano si retrocedemos en la historia y vamos camino del paleolítico.

Después de los años, desde el verano de 1956, ya se formula lo de inteligencia artificial y parecía que estaba al alcance de la mano, ya que lo que se pretendía era que todo aspecto de aprendizaje o cualquier motivación sobre la inteligencia pudiera también la máquina ser partícipe de este simulacro. Y se profundizaría para que las máquinas utilizaran lenguaje, formulen abstracciones y resuelvan determinados problemas que hasta ahora están reservados para el género humano.

Pues bien, en este momento la pregunta es ¿realmente la inteligencia artificial puede suplantar a la inteligencia biológica? ¿Se logrará alguna vez fabricar una máquina capaz de tener una mente indistinguible de la del ser humano producida por estos después de miles y miles de años de evolución? Parece que la cuestión es ardua y difícil y es cuestionable que se pueda lograr que una máquina sea tan eficaz inteligentemente como el ser humano. Pero dado el empeño de los científicos y los congresos que se han desarrollado a tal fin nos pone un poco la carne de gallina porque nos puede asaltar la duda si esto algún día no va ser posible.

De ser realidad sería un varapalo para la civilización y para las culturas, sobre todo, ahora cuando nos jactamos de que los regímenes democráticos triunfan y la libertad no es un cuestión a debatir; porque si es así se retornaría a un régimen autoritario y se retrocedería a la época de la manipulación y de la tiranía. Además, el ser humano no serviría para nada, ni siquiera para procrear, y entraríamos en una fase de las más exquisita y tecnológica extinción.

Y si se llegara ahí tendríamos que hacernos otra pregunta ¿no estaremos sobrepasando los estadios de la comunicación tecnológica en la que a partir de ahí todas sus logros comenzarán a volvérsenos en contra?

Preguntas para la historia más inmediata y que será encarrilada por la información como la mercancía del futuro. Bien podría ser esto la antesala de la inteligencia artificial, porque cuando el adocenamiento está en plenitud, cuando se sea incapaz de razonar porque otros lo hacen por nosotros a través de la manipulación de las redes y de la tiranía empezaremos a fallar como seres biológicos para ser devaluados y estar a expensas de lo que manifiesten otros y posteriormente lo que la inteligencia de la máquina determine.

La carencia de talentos será una constante y a partir de ahí nos encontraremos en una selva donde el comercio será lo determinante y donde la esclavitud y sometimiento del pensamiento una deriva asumible por grado o por fuerza.

Durante mucho tiempo la comunicación fue liberadora, desde la invención de la escritura y la imprenta significó la difusión del saber, del conocimiento, de las leyes y se encendieron las luces de la razón frente al oscuratismo y el chamamanismo. A partir de ahora cuando el empeño va más allá del propio conocimiento y de las posibilidades humanas seguro que estaremos al borde de un abismo que no nos damos cuenta porque aun su fondo insondable no nos atrae con la fuerza del vértigo incontrolado.

Lo cierto es que estamos en los albores de una nueva revolución tecnológica insospechada y cualquier cuestión es posible. Lo lamentable, y hay que remarcarlo, es que seamos precisamente los humanos los artífices de nuestra propia destrucción. Pero peores cosas se han visto. Será seguramente la nueva versión de la guerra del siglo XXI o del XXII, no se sabe, pero de momento las armas están en alto y prestas a caer cerca, muy cerca de todos nosotros.