LA INVASIÓN QUE NO CESA
Ramón Moreno
Ciertamente, que el fenómeno inmigratorio es un problema que afecta, en mayor o menor medida, a muchos Países de la Tierra; fundamentalmente, a los Países ricos o desarrollados. No es extraño, pues, la nueva ley sobre inmigración que el Senado norteamericano quiere promulgar -absolutamente restrictiva-, y que tanta polémica y protestas está suscitando en Estados Unidos, receptor de inmigrantes de todo el mundo.
En la Europa Comunitaria este fenómeno ha tenido una especial incidencia, dada la avalancha de inmigrantes magrebíes y, sobre todo, del África SubSahariana, que desde hace décadas arriban al continente europeo. Bélgica, Francia, Italia, reino Unido, Holanda, y la misma España, han sido los destinos preferidos de estos "desheredados" que ven en la "vieja Europa" el sueño dorado que cambiará sus vidas y les proporcionará un futuro mejor, inalcanzable, hoy por hoy, en sus países de origen, sumidos la mayoría en el caos más absoluto.
A ello hay que añadir -que existe, efectivamente-, la figura del "inmigrante exitoso" (una minoría convertida por los medios de comunicación en élites privilegiadas) que son el principal "reclamo" y propician un imparable "efecto llamada" multitudinario. Las figuras dominantes del "inmigrante exitoso" al igual que el enemigo inmigrante, los Zidane, Khaled o Djamel Debouze, entre otros, -y en otro resgistro, las de Khaled Kerkal (presunto responsable de los atentados de 1995 en Paris, y abatido a tiros por la policía en septiembre del mismo año) o Zacarías Moussaoui (acusado en EE UU de haber participado en los atentados del 11S)- participan del hecho de invertir al cuerpo inmigrante de una amenaza económica, social, política, religiosa, cultural.
Un ejemplo clarificador lo tenemos, en la victoria del País Galo negros-blancos-magrebíes- en el mundial de fútbol de 1998 que sirvió de fundamento a la apología de estas singulares figuras del éxito de los "inmigrantes", que se expresaba bajo la forma de la excelencia deportiva consagrada a la bandera tricolor francesa. El discurso periodístico se adueñó de esta figura del "vencedor" oponiéndola a la de los "delincuentes" o "terroristas".
Y aquí ya se plantea, evidentemente, el tema de la integración. Máxime, si tenemos en cuenta que adaptarse a una sociedad con profundos cambios es una tarea exigente. El discurso de la "integración" y las imágenes del "integrado" son manipuladas por los medios de comunicación como otras tantas garantías antirracistas y medidas compensatorias frente a una retórica de la amenaza. Sin embargo, ejerce una función central en el mantenimiento de los estigmas de la diferencia y su transmisión casi hereditaria a una parte de los europeos, a los que se designa como de "origen inmigrante" y a quienes se conmina constantemente a "integrarse".
Una visión rígida, si se quiere, de la identidad nacional de los países europeos con mayor tasa de inmigrantes, puede llevar a terribles frustraciones. A la inversa, el estudio sobre la identidad cultural contenido en el informe 2004 del programa de la ONU para el desarrollo (PNUD) afirma que "las políticas multiculturales no sólo son deseables, sino también realizables y necesarias". Lejos de ser una amenaza para la unidad de los Estados, "el multiculturalismo habla de construir un compromiso común respecto a los valores fundamentales no negociables", los Derechos Humanos.
Aspecto con el que podría estar de acuerdo; pero, el "multiculturalismo" que solapadamente se nos está imponiendo en Canarias (detrayendo incluso partidas presupuestarias ya asignadas a otros capítulos de necesidades perentorias del pueblo canario), no sólo conculca esos "derechos humanos", sino que es perverso en sí mismo, por cuanto va en contra de nuestra identidad, nuestra cultura, y nuestra propia existencia.
¿Habrá mayor grado de derechos humanos de un pueblo, en una imprescindible escala de valores, que negarse a ser "engullido" por una invasión que no cesa y, por tanto, luchar denodadamente por el derecho inalienable a su propia supervivencia? La identidad del pueblo canario está gravemente amenazada por una inmigración fomentada que la subvierte desde dentro, y por un europeísmo impuesto que la erosiona desde fuera. ¡No existe un lugar del mundo que esté soportando la denigrante e insostenible situación que padece Canarias! ¡Las graves amenazas contra la unión archipielágica, la cultura, y la existencia del pueblo canario, vienen de ahí precisamente!
Por todo ello, me parece muy oportuno y hasta necesario (dado el clamoroso silencio y la inhibición de esta sociedad), el comunicado que el Observatorio Canario de Estudios Políticos y Estratégicos (OCEPE) ha remitido a los medios de comunicación, alerta a la opinión pública canaria sobre la avalancha humana que se nos está viniendo encima, demandando la urgente y necesaria Ley de Residencia, pese a la libre circulación de personas que impone la UE.
El OCEPE asegura asimismo, que es absolutamente vital para Canarias la demarcación de las fronteras de nuestro territorio (reconocidas internacionalmente) que delimiten nuestros espacios marítimos y así disponer de nuestros recursos marinos (petróleo y/o gas incluidos). Para conseguirlo, el OCEPE considera llegado el momento de replantearse seriamente las relaciones Canarias-Estado español, que acabe con una situación colonial que dura ya más de cinco siglos.
Canarias, abril de 2006