¿Investigación Benéfica?

Emilio del Barco

Las dudas excesivas son autodestructivas, pero, tras los dogmas, no hay progreso, sólo estancamiento.

Un partido político que se rija por afirmaciones inamovibles, ha dejado de estar vivo. El mundo cambia, se desarrolla, mientras las estructuras de mando se han petrificado. Los autómatas pueden repetirse hasta el infinito, siempre iguales a sí mismos. Los seres vivos, no. Acumulan experiencias, aprenden y maduran. Una organización política que tenga como mayor gala ostentar la falta de renovación de ideas, pase lo que pase, es que se ha oxidado, sin remedio. Algunos seres humanos actúan como autómatas clónicos, hasta parecen oxidados.

Necesitamos gente renovadora, innovadora, inventora, en todos los órdenes de la vida.

No sólo en los laboratorios. Nunca se llega a lo perfecto. Siempre hay un más allá.

Cuanto más insolubles parezcan los problemas, más tienden, algunos, a mirar al cielo. Cuando, probablemente, la solución la tengamos delante de nosotros, a nuestra altura. Nuestros maestros nunca pueden ser los dueños de nuestro espíritu. Sólo guías. Hasta donde puedan acompañarnos. Más allá, el camino es sólo nuestro. No se pueden seguir hasta el final, las indicaciones del primero que te muestre un camino. Hay que poder escoger por uno mismo, mirando hacia las propias metas. Nadie puede ser objetivo con respecto a los demás. Siempre, quien se expresa, lo hace desde su percepción personal. Y no hay dos personas, ni circunstancias, iguales.

Aunque nos esforcemos, no podemos estar, simultáneamente, dentro y fuera de nuestra mente. Lo más que podemos hacer es analizar cada propósito, para tratar de entenderlos. Los nuestros también. Solemos actuar con buenas intenciones y malos recuerdos. Los convencimientos firmes se usan como armas arrojadizas, para atacar, no para acercarse. La fe asentada deberíamos usarla para cimentar el interior de nuestro espíritu. No para vencer a los diferentes.

Las mentiras, si son efectivas, se perfilan, adaptan y repiten durante siglos, pero eso no las convierte en verdades. No todo lo tradicional es bueno. Generalmente, implica más sometimiento que sabiduría. Cuando la estructura de nuestras creencias nos resulte fría, probablemente es que, en ella, la vida se ha detenido. Entonces, pensemos, reflexionemos, escojamos. Quizá estemos al comienzo de nuestro propio camino, no del que otros nos señalaron.

La tendencia actual de la investigación científica, costeada por los gobiernos de las grandes potencias, es muy selectiva. Se destinan, cada vez mayores sumas, para investigaciones con aplicaciones militares. Mientras, se congelan o reducen las investigaciones pacíficas. El poder es prioritario. En todo ello se observa, como fondo generalizado, un fenómeno frío: la gente de fe firme, desarrolla más apego a sus ideas que a los humanos, para los cuales deberían estar trabajando. Ante el temor de arriesgar la vigencia de sus ideas, prefieren prescindir de una parte de la Humanidad, borrándola del mapa.

Agüimes, Gran Canaria, 26/04/2005

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