Irak: mentiras, invasión y caos

Justo Fernández Rodríguez

Se han cumplido dos años de la ilegal, injusta y sangrienta invasión de Irak contra la decisión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, justificada basándose en tergiversaciones, manipulaciones, inventos y mentiras. La caótica situación militar, política, económica, social, humanitaria y de corrupción que domina Irak, donde lo único que funciona, a medias, es la extracción de petróleo, refleja la ausencia de planificación del Gobierno de Bush, para después de la segura victoria militar de los ejércitos invasores.

Sin haber concluido la labor destructora del ejército estadounidense y sus aliados, las grandes compañías, cercanas al vicepresidente Cheney, se repartían la gran tarta de la reconstrucción. Dos años después, el propio Congreso estadounidense investiga más de cien casos de corrupción en la tarea de reconstrucción.

Los ideólogos de la guerra fracasaron estrepitosamente. Las tropas invasoras no fueron recibidas con flores. Irak se ha convertido en un nuevo Vietnam, donde 150.000 soldados estadounidenses permanecen atrapados e impotentes, ante los ataques de una creciente insurgencia y la proliferación de grupos terroristas islamitas que provocan, a diario, decenas de víctimas. La invasión, según la CIA, ha conseguido que Irak, donde no existía la menor conexión con Al Qaeda, se haya convertido en base y principal campo de entrenamiento del terrorismo islamita.

Todas las promesas de que el remedo electoral y la elección de un Gobierno títere debilitaría la resistencia armada y la violencia terrorista se han desmoronado. Ocho días después de la formación del Gobierno iraquí, la ola de violencia desatada se ha incrementado, multiplicándose las víctimas.

La afirmación de que actualmente el mundo es más seguro es una falacia propagandística. Los atentados terroristas se han triplicado, pasando de 208 en 2003 a 651 en 2004. Las hemerotecas son un lastre para los políticos. Podemos recordar cómo Blair y Aznar no dudaron en sumarse a las mentiras de Bush, para justificar la masacre del pueblo iraquí. Mientras en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Colin Powell presentaba pruebas falsas sobre imaginarios laboratorios móviles, en los que se fabricaban armas químicas y biológicas, Blair no dudaba en presentar, como investigación de los servicios secretos británicos, un antiguo trabajo académico de un estudiante californiano, advirtiendo que Irak estaba en condiciones de "atacar el mundo, en un plazo de 45 minutos".

En España, José María Aznar (2-2-2003) manifestaba que "el Gobierno tiene información reservada que demuestra que Irak, con armas químicas y biológicas y conexiones con grupos terroristas, supone una amenaza para la paz y la seguridad mundial", en EE.UU. Bush engañaba a los norteamericanos, insistiendo en que "Saddam Husein tiene ántrax, VX, gas nervioso y busca un arma nuclear", y Donald Rumself, secretario de Defensa, remachaba que "Saddam ha continuado produciendo armas químicas y biológicas, moviéndolas constantemente y escondiéndolas en barrios residenciales".

Aznar insistía en Antena 3 (13-3-2003), mirando a la cámara: "pueden estar seguras todas las personas que nos ven de que les estoy diciendo la verdad: el régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva". Lo confirmaba Mariano Rajoy (27-4-2003): "Mire usted, que Irak tiene armas de destrucción masiva es un hecho objetivo. Yo tengo la convicción de que aparecerán".

La realidad es que, cuando Bush, Blair y Aznar percibieron que no iban a conseguir una votación favorable a la invasión en las Naciones Unidas, se reunieron en las Azores y decidieron emprender una agresión bélica, al margen de la legalidad internacional, decidida por Bush, dos años antes. Aznar lo hizo sin consultar al Congreso de los Diputados y contra la opinión del 91% de los españoles, según el barómetro del CIS.

Tres personajes, con escasos escrúpulos éticos nos mintieron y engañaron para inciar una guerra ilegal, injusta e innecesaria, obviaron las resoluciones de las Naciones Unidas reinventando la guerra preventiva, que ha destruido un país y ocasionado decenas de miles de víctimas inocentes.

Por fin, las últimas mentiras han quedado descubiertas, aunque eran pocos los que aún las creían. El pasado mes de enero nos llegaba la información de que los 1.400 inspectores estadounidenses destacados en Irak para encontrar las armas de destrucción masiva y las conexiones entre el régimen de Sadam y Al Qaeda, abandonaban su búsqueda sin haber encontrado nada.

Recientemente, el informe del inspector de la CIA, Charles Duelfer, ha dado por terminada, oficialmente, la inútil y artificial búsqueda de las armas de destrucción masiva en Irak: "Después de más de 18 meses, la investigación de las armas y el interrogatorio de los detenidos han quedado agotados", dijo Duelfer.

La invasión de Irak nos ha mostrado hasta dónde puede llegar un Gobierno elegido democráticamente, para aceptar las torturas y las más degradantes humillaciones a los prisioneros de guerra, responsabilizando exclusivamente a soldados y suboficiales, pese a sus declaraciones, de cumplir instrucciones del alto mando del Ejército; incluyendo el internamiento, sin cargos ni capacidad de defensa de cientos de sospechosos, en Guantánamo, para quedar fuera de la legalidad estadounidense, o el traslado de detenidos a países donde se permite la tortura.

Olvidadas las mentiras del inminente peligro para el mundo; desbaratada la falsedad de la implicación del régimen iraquí con el terrorismo islámico; descubierta la desvergüenza del pretexto de las armas de destrucción masiva, en la conmemoración del segundo aniversario de la invasión de Irak sólo quedan los intereses petroleros y económicos de un grupo de aventureros que han escalado, con el voto de los ciudadanos, las cúpulas gobernantes de EE.UU., Gran Bretaña y España.

Los resultados de las elecciones en Gran Bretaña pueden tener varias lecturas. Que las mentiras de los políticos, aunque cuesten la vida de decenas de miles de inocentes, no tienen precio electoral o que la incapacidad y ausencia de programa y liderazgo de la oposición llevó a muchos británicos a olvidar las mentiras de Blair en aras de mantener una situación económica aceptable. Ha ganado Blair. Sin embargo, el castigo ha sido fuerte. Ha perdido 54 escaños, manteniendo un liderazgo tambaleante. Sin terminar de contar los votos, crecen las voces que reclaman, desde dentro del laborismo, una sustitución rápida del liderazgo de Toni Blair.

¿Cuándo estos tres grandes mentirosos sin escrúpulos se reunirán en alguna isla para pedir perdón a los familiares de las víctimas y a los ciudadanos manipulados y engañados?