El islamismo brota en El Sáhara
Por
José MujicaEl Aaiún (Sáhara Occidental)
El islamismo más ortodoxo es una realidad aplastante en El Aaiún, a
sólo 25 minutos en avión [desde Canarias]. El barrio de los barbudos, poblado por
mujeres con burkas y hombres con largas barbas, profesa las tesis de Yasín, en medio de
una grave crisis económica.
En El Aaiún urbano viven unas 150.000 personas, de las que el 65% son colonos marroquíes
llegados en las tres últimas décadas bajo el reclamo de una tierra prometida formateada
en las tres oleadas de la Marcha Verde; el 35% restante son saharauis autóctonos.
La reunión de notables saharauis a la que asistió el pasado fin de semana CANARIAS7, era todo menos informal. La mayoría de los más de 20 asistentes acudió con sus mejores galas, consistente en unos azulados y blancos derraá (túnicas), que conferían al encuentro un carácter de noble influencia. En ese foro se citaron varios chej (jefes de tribu), como Baira Abdellatir, que urgen abiertamente a dar un giro a los actuales acontecimientos.
Todas y cada una de las reflexiones que escuchó este periódico giraron en torno a un monotema: la discrepancia estratégica con los «hermanos» del Frente Polisario. Entre las dos opciones, los saharauis que viven en El Sáhara Occidental (desde El Aaiún hasta Villacisneros, hoy Dajla) y los que habitan en los campos de refugiados de Tinduf (Argelia), no se superan las 250.000 personas, menos que la población de Las Palmas.
Sobre ese censo y un vasto territorio arenoso de 375.000 kilómetros cuadrados con grandes recursos naturales de uranio, gas y petróleo, se disputa una trifulca que dura ya 30 años y a la que algunos saharauis de los territorios gestionados por Marruecos quieren poner fin. «El gran sufridor es nuestro pueblo, el de El Sáhara y el de Tinduf. Intentemos la autonomía y, después, ya veremos qué pasa».
Tienen razón los chiuj (en plural) cuando aluden al sufrimiento de los saharauis de a pie, aunque rara vez aluden a esa realidad. En El Aaiún, capital económica de El Sáhara, el 95% de la población está en paro. El dato no consta en la estadística oficial, simplemente, porque la estadística oficial no existe.
Pero las modestas cámaras empresariales y los observadores internacionales estiman que el desempleo en la ciudad es galopante.
En El Aaiún urbano viven unas 150.000 personas, de las que el 65% son colonos marroquíes llegados en las tres últimas décadas bajo el reclamo de una tierra prometida formateada en las tres oleadas de la Marcha Verde; el 35% restante son saharauis autóctonos.
La mayoría está ociosa y, lo que es peor, la ausencia de un proyecto de desarrollo económico acaba por desanimar a jóvenes y mayores. El único refugio, el único alimento a sus vidas es la religión: en cientos de casas se desayuna té y algunas madres engañan a sus hijos poniendo agua a hervir hasta que los pequeños caen dormidos. Por vez primera en El Sáhara, el islamismo más ortodoxo toma cuerpo.
Barrio de los barbudos.
Entrar a El Aaiún es sencillo con tal de no portar los emblemas del Polisario, pero una vuelta a pie por uno de los barrios más humildes (Matalah) convierte el paseo en un circo de miradas recíprocas: la presencia de un occidental que no sea de Naciones Unidas genera desconfianza entre los vecinos. Las mujeres van ataviadas con burkas de color negro y los hombres lucen largas barbas.
El barrio de los barbudos, como así lo llaman los saharianos, ha sido tomado por los colonos marroquíes seguidores del jeque islamista Shaij Abdul Salam Yasin, líder de la prohibida aunque tolerada Al Adl Wal Ihsan (Justicia y Caridad), principal partido de oposición a Mohamed VI, y cuyo objetivo primordial es poner fin al liderazgo religioso del monarca.
Por culpa del abandono de Marruecos hacia El Sáhara y el empobrecimiento brutal de la población (tanto saharaui como marroquí), El Sáhara Occidental es hoy pasto del islamismo integrista, una condición inédita para una población siempre tolerante. En El Aaiún está prohibido el consumo de alcohol, salvo en dos hoteles de cinco estrellas (donde se aloja la Minurso) y en un restaurante.
Aunque Justicia y Caridad es relativamente pacífico, sus fieles van a más. Este auge lo sustentan las injusticias sociales (la pateras es la parte más alta del fenómeno) y la corrupción económica y moral del Majzén (élite marroquí). Lo que el Majzén se niega a hacer, lo palia Justicia y Caridad a través de un austero pero solidario reparto de comida y, sobre todo, de principios islámicos para una cantera integrista forjada por la supervivencia.
El islamismo más ortodoxo es una realidad aplastante en El Aaiún, a sólo 25 minutos en avión [desde Canarias]. El barrio de los barbudos, poblado por mujeres con burkas y hombres con largas barbas, profesa las tesis de Yasín, en medio de una grave crisis económica.
Fenómeno complejo.
El integrismo apareció en Marruecos a finales de los setenta con Bebn Baraka, asesinado en París por los servicios secreteros marroquíes. A partir de ahí, ha habido represión por el régimen de Rabat. En el islamismo marroquí conviven tres grupos: Justicia Caridad, el oficial y el radical disgregado en tres alas: Separación y Excomunión, Camino Recto y Afganos, vinculados a Bin Laden.
El sueño de la juventud
Marruecos es un país con la quinta parte de la población por debajo del umbral de la pobreza. En El Sáhara esa cifra sube al 80%. Un paciente al que amputaron una pierna se las vio y deseó para pagar mil euros de hospitalización. La Universidad es el núcleo donde el integrismo de Yasín se gana fácilmente la voluntad de los jóvenes al denunciar un sistema que de forma inexorable los lleva al paro tras licenciarse. En El Aaiún, unos 400 jóvenes estudian en las universidades del Norte. Rabat no dejó que la mayoría retornara este verano a su casa.
Invertir para frenar la religión
Una esperanza.
La inversión externa como la que diseñan las cámaras de comercio canarias, es esperada como un oasis en medio del desierto. Las élites saharauistas de El Aaiún saben que será un trampolín para un programa económico para la población y, en especial, los jóvenes.
Mezquitas.
Los muecines se asoman a las siete de la mañana a los minaretes de las mezquitas para pregonar el primero de los cinco rezos. Hay varias mezquitas en El Aaiún, pero la más importante está junto a la plaza de Mechuar, donde se ovacionó a Mohamed VI en 2001.
Rezos.
Según los observadores internacionales, los imanes no pregonan abiertamente la yihad en El Aaiún, pero intuyen que es un tema recurrente en las reuniones de grupos, sobre todo, de marroquíes que ven cómo las promesas de Rabat para un futuro mejor se desvanecen.
Constraste.
Las costumbres ortodoxas del integrismo polarizan con la malla tecnológica de antenas parabólicas (plataformas de televisión por 15 euros al año), cibercafés (medio euro una hora de ADSL) y móviles de última generación de todos los tamaños, colores y precios.