LA IZQUIERDA CANARIA ¿ZONA CATASTRÓFICA?
Juan Rodríguez Dorta
Cuando tratamos "Discurso y Lenguaje de la izquierda" aplicado a Canarias, vimos reacciones que emergían, desde el dolor de una crítica que en todo momento pretendió ser sana y constructiva, como alarmadas voces discordantes. No espero, por lo tanto, que las siguientes pequeñas y simples reflexiones sean asumidas sino de igual manera.
Si hay algo que verdaderamente espanta en la izquierda y lo ha hecho siempre, son los progresistas excluyentes, elitistas, que se sienten ajenos a la masa de votantes. Aunque se intente lo contrario, al elaborar un discurso electoral, estas actitudes se manifiestan siempre trasladándolas al votante. Por lo que es bueno estar exonerado de ellas y practicar un progresismo en pos de la igualdad social, pero siendo siempre participante de esa idea. No se trata de exponerla como un valor y al mismo tiempo no practicarla.
En repetidas ocasiones hemos visto como una organización tras otra, que parecían de gran nivel intelectual, se atascaban en su proceso de crecimiento y nunca llegaban al electorado y, por lo tanto, se quedaban al margen de las instituciones hasta desfallecer o diluirse silenciosamente. Las maneras de muchas personas que se creen de izquierda por el mero hecho de teorizar sobre el tema tuvieron y -desgraciadamente- tendrán, mucha responsabilidad en ello.
La izquierda que forma una asociación política de eruditos, sin dar cabida a la integración general, tiende a limitarse y condenarse a ser una cédula, más o menos activa, que opere al margen de la mayoría ciudadana. Las actitudes elitistas descalifican de forma natural. De la misma forma lo hicieron grupos de fascistas escondidos detrás de dictadores o, un poco antes, los nobles que apoyaban a los reyes de la edad media. Muchas veces más poderosos que aquellos reyes, pero nunca del lado del pueblo sino "por encima de él". Pero no son esas las maneras de la izquierda…
Hoy el sistema democrático invita a la participación. La ciudadanía que se educa en este sistema no tarda demasiado en mostrar su disconformidad con la participación esporádica o exclusivamente electoral. El pueblo cada vez quiere participar más de la gestión. Por eso, las actitudes de las que hablamos se autodescalifican hoy más que nunca y si dejamos que se repitan en estos momentos no tenemos perdón.
No vale con dar una imagen pública si la realidad es otra distinta. Los expertos en marketing electoral aseguran que la imagen corporativa se tiene que atener a la realidad de la organización.
No se engaña a nadie convocando asambleas de forma selectiva: dejando fuera a afiliadas y personas con afinidades evidentes, excluidas por valoraciones de elites autocalificadas para "estar manejando el proceso". Si el proceso se muestra "abierto" ha de serlo de verdad. Cualquier otra forma de manipulación, una vez hecha evidente, es la descalificación definitiva de las personas y el proyecto que se fundamenta en la fuerza de la participación.
Es auténtica miopía política, la de los "sabios que están por encima del bien y el mal" y hablan continuamente de los votantes y el pueblo como algo ajeno a ellos. Aunque no deje de ser cierto que ellos son ajenos al sentir popular, no son estas las personas que conseguirán trasladar sentimientos progresistas, ni conseguirán votos, ni activaran posibles militantes. No deben nunca liderar un proceso electoral.
El sectarismo como problema reconocido complica la operatividad de la auténtica organización, la que tiene posibilidades de establecerse en cotas de poder institucional, la que soñamos las personas de izquierdas en esta tierra. Y no debiera ser así. Enfrentarse pragmáticamente a la realidad que significa este entramado espectro político no es fácil, porque no se pueden hacer valoraciones sobre las últimas elecciones en Canarias. Sin embargo, si se puede apreciar que las organizaciones de izquierdas se debilitan a pasos agigantados en este país: todas menos una…
Tampoco nos puede sorprender el crecimiento público de Alternativa Popular Canaria. Sólo tenemos que observar los fundamentos ideológicos que expone la fuerza Canaria de izquierdas. Y es que, llegados a este punto, es necesario aclarar que no es lo mismo una organización de izquierda que una de izquierdas, donde hay una evidente confluencia de progresistas de todo tipo y existe un proceso de asunción mutuo entre sus participantes de forma constante. Los que hemos seguido de cerca dicho proceso podemos estar satisfechos con él, pero no estar sorprendidos. Los resultados que se ven son los más lógicos cuando se hacen bien las cosas. Y, lo más importante, con total transparencia y sin complejos.
El espectro político que analizamos y el subsector que ocupa la izquierda en concreto, es de lo más complicado. La fractura archipielágica, la cantidad de microlíderes y sus reinos de taifas, la inmadurez política disfrazada con verborreas de intelectuales mediocres y los "afanes de protagonismo de tanto protagonista", complican cada día el espacio de la izquierda en beneficio del poder establecido. El mensaje que llega al auditorio es negativo hasta lo chabacano, lejano y difuso. Muchas veces un mensaje de perdedores, de minorías discriminadas que parecen no querer dejar de serlo. Y es que ¿si esta izquierda estuviese en mayoría, destacarían tanto los mismos "intelectuales"?
Intelectuales y pseudos-intelectuales han de hacer un autoanálisis de su empuje y motivos para caminar en el proyecto de la izquierda con paso firme.
He oído acusaciones de exceso de protagonismo, de complejos personales, de males sociales que afectan a la psicología humana obligando a cierto tipo de personas a destacar, buscando un reconocimiento social realmente innecesario. Y no son nada buenas las impresiones generales que causan en mucha gente. Gentes que nunca les dirán de frente su opinión, pero que no dudan en exponerla a sus espaldas.
Dice James Petras (en su ensayo "Los intelectuales de izquierda"), "La búsqueda de los intelectuales de izquierda por el prestigio, el reconocimiento, las afiliaciones institucionales y la certificación de la burguesía, implica aceptar, de facto, los valores que se asocian con este grupo". Y, en el mismo trabajo, sigue exponiendo al respecto "Esta aceptación de valores y prácticas juega un papel importante en la perpetuación de la hegemonía burguesa, a pesar de la retórica de protesta y contra la hegemonía de los intelectuales".
Por otro lado, la labor de los intelectuales debe de ser apreciable en todo momento. No pueden estar al margen. Quedarse en el anonimato significa apoyar el poder establecido. Militar en un lado u otro y hacerlo mal, significa trabajar para el otro. Y, posiblemente, si la izquierda nacionalista de la actualidad empieza a florecer es porque algunos intelectuales tuvieron algo que ver en ello. El que lo niegue alardea con ello de ceguera política.
Yo, sólo espero que las diferentes tácticas electorales salgan bien. Que "nuestros" intelectuales no salgan demasiado perjudicados. Y que, por nada del mundo, se dañe a la organización que ha nacido para ser un referente hoy y algo más en el futuro. Por que entonces, mi apreciación sobre algunas personas no va a ser tan fría y, tampoco me extrañaría, que se estudiaran trayectorias políticas personales y llovieran duras acusaciones que nadie podría decir que son sin fundamento. Nadie está libre de responsabilidad en estos momentos. Realmente, sólo espero que no se convierta de nuevo la izquierda canaria en "zona catastrófica".