La Bandera

Vicente Llorca

La decisión de Coalición Canaria de adoptar la bandera tricolor (blanca, azul y amarilla) con siete estrellas verdes formando un círculo sobre el fondo azul-celeste como enseña representativa de las Islas y promover un cambio en el Estatuto para que éste la contemple como la institucional de las Islas frente a la actualmente reconocida, también tricolor pero sin estrellas y sí, sobre fondo azul marino, con escudo en el que figuran siete islas ordenadas de dos en dos y una en punta, con una corona sobre ellas en la que se lee la palabra océano y dos canes encollarados a sus lados, ha provocado alguna que otra airada reacción en las filas del PSOE y el PP al entender que ésta es seña de los independentistas y que con tal apuesta se puede dar pie a una nunca deseada guerra de banderas.

La realidad, y estos últimos hechos lo corroboran, demuestra que esta comunidad arrastra un importante déficit en lo que a símbolos identificadores se refiere. La historia interminable del himno de la Comunidad Autónoma o, también, que en muchos lugares enarbolen una bandera con los colores en franjas horizontales, sin que ningún organismo oficial ponga especial empeño en corregir esta desvirtuación, son una muestra más de esas carencias.

Verdad es que una nacionalidad no la hacen ni una raza, ni una lengua ni tampoco una bandera, sino una comunidad de ideas, de intereses, de afectos de recuerdos y de esperanzas, parafraseando a Numa Denis Foustel; también es cierto que si la política crea los estados, la naturaleza crea las naciones y que los canarios tienen, desde hace mucho, un sentido de comunidad histórica diferente; ahora bien, es de justicia reconocer que la enseña institucional es bien reciente, se creó con la autonomía y fue una copia alterada de la que ya existía, la de las siete estrellas verdes, ideada en 1964 en Argel por Antonio Cubillo, y popularizada en los inicios de la transición al ser enarbolada por cuantos reclamaban una democracia plena, seguramente porque no existía otro símbolo que levantar para reclamar libertad política. Aunque, también se dice que Cubillo sólo añadió las estrellas verdes al que fue estandarte del movimiento Canarias Libre que en 1961 le dio forma haciendo una superposición de los colores de las dos provincias.

Pero, mucho antes existió otra bandera, también con estrellas, que pretendió ser emblema de las Islas. Fue la izada en 1907 en el Ateneo de La Laguna como muestra de rechazo al maltrato que desde la Península se dispensaba a Canarias. Era un paño azul con siete estrellas blancas colocadas tal y como están las Islas situadas geográficamente. Este estandarte sería asumido en 1924 por el Partido Nacionalista Canario y presidiría la portada del primer número de su revista El Guanche, editada en La Habana.

Las estrellas, por tanto, son una constante en la precaria simbología de esta tierra por lo que asumirlas no es más que atender a una presencia con cien años de historia.

La bandera ha de ser una. Entrar en otras consideraciones, hacer banderías, sería dar pábulo a un frentismo que entorpecería, una vez más, el desarrollo de esta comunidad.

* Publicado en el periódico Canarias7, 4-06-2005