La corrupción (I)

 

Algo huele a podrido en el panorama político-empresarial de Canarias.

 

Manuel Fernández Sarmiento*

 

La corrupción es un mal social que ha ido extendiéndose, cual pandemia aviar, alcanzando niveles nada despreciables, tanto en la política como entre el funcionariado y en la sociedad civil. Lo veníamos denunciando desde hace algunos años en los diferentes medios de comunicación: algo huele a podrido en el panorama político-empresarial de Canarias.
Aquellos rumores y denuncias, más o menos veladas, de la connivencia entre el mundo empresarial y el político no eran un simple bulo: una vez más se confirma el dicho de que "cuando el barranco suena es porque agua lleva".

Triste es el panorama que están proporcionando nuestros funcionarios -y dentro de poco, probablemente, todo hace indicar que, presuntamente, nuestros políticos- tanto en nuestras islas como en la península, donde el caso de Megaturbinas es noticia corriente en todos los telediarios.

 

Triste por el hecho en sí, pero aleccionador porque, por fin, se pone al descubierto uno de los tantos escándalos que se denuncian en los medios, pero que no se pueden denunciar en los juzgados por falta de pruebas.


Aún quedan muchos asuntos oscuros que aclarar: “El caso Amorós”, que promete no ser menos interesante que “el de Megaturbinas. El supuesto intento de soborno de Domingo González Arroyo a un concejal de Antigua. Permutas y compras lacerantes para el erario público e incomprensibles para cualquier mente sana. Y me estoy refiriendo solamente a los casos más recientes, porque si nos alejamos un poco en el tiempo nos encontraremos con casos como el de ”Tindaya”, que, en el colmo de la desfachatez y sinvergonzonería, demostrando una avidez compulsiva por el dinero, desaparecieron 3000 millones de las antiguas pesetas sin llegar a mover una piedra de dicha montaña, y que, por si fuera poco, y por el procedimiento de urgencia -que no había ninguna pero permite adjudicar obras digitalmente- se adjudicó un estudio de dicha montaña por 1,7 millones de euros más, claro, en período preelectoral, a una empresa que estaba vinculada a la anterior. Más grave aún: se pretendió archivar el asunto sin que apareciesen los tres mil millones, ni los culpables, ni hubo ceses ni dimisiones.


¡Magnífico ejemplo para animar a los políticos y/o funcionarios decentes a no serlos tanto!


Se imputan delitos a políticos y al cabo de los años -demasiados- resulta que no existen pruebas, que no hay delitos, aunque si una carrera política destrozada, una vida familiar y social resentida, una dignidad mancillada. Ni compensación económica, ni moral ni social. Ni siquiera, simplemente disculpas.

 

Ahí está “el caso del ICFEM”, en el que en principio había una malversación de miles de millones; luego resultó que no era cierto, que no había delito, pero tampoco fueron a la cárcel por injurias los que realizaron la falsa acusación, y ahora, por último, se vuelve a desempolvar el asunto. ¡Cosas de la política! O casos en los que donde dije digo, digo Diego.


Aunque los más sorprendente es que los supuestamente injuriados, calumniados y vejados, cuando se dice que no hay caso, no se querellan contra sus injuriadores, calumniadores y vejadores. Todo se arregla encima de la mesa: tú te callas lo mío y yo no digo nada de lo tuyo. Y así nos luce el pelo. Se pone en duda lo evidente. Aunque haya grabaciones que han oído todo el que ha querido, se niega lo dudoso, se reniega de antiguas amistades, que no conviene ahora recordar. Se solicitan comisiones de investigación, que, como todo el mundo sabe, es lo más apropiado para que un asunto no se aclare nunca. Tal es así, que, a veces, solicita la creación de dichas comisiones quienes se encuentran en el punto de mira del asunto a investigar.


Ya publiqué en el antiguo Foro de La Provincia, 10 de Octubre de 2003, un artículo del que extraigo lo siguiente:

"Es indiscutible que el pueblo llano ya no tiene fe en los políticos, son tantos casos de corrupción, de tratos de favor, de amiguismo, de acuerdos vergonzosos entre partidos que ya ni se molestan en disimular u ocultar. Todo ello conduce al desánimo generalizado del pueblo y es el motivo de la escasa credibilidad y fe que se tiene en los políticos, motivando unos índices de abstención en las elecciones preocupante”.


Gran perjuicio producen estos políticos, y flaco favor le hacen a la democracia. A este paso van a lograr que sólo les voten sus familiares, sus socios en los negocios, sus amigos y ellos así mismos. ¡Ah!, y los estómagos agradecidos, que, como a votos cautivos, les interesa votar a los mismos para seguir beneficiándose".


La corrupción es un mal social que ha ido extendiéndose cual pandemia aviar alcanzando niveles nada despreciables, tanto en la política como en el funcionariado como en la sociedad civil.

Por supuesto, no todos los políticos, ni todos los funcionarios ni toda la sociedad civil es corrupta, lo malo es que la corrupción de algunos salpique en su fama a los decentes. No quiero decir que todos los que no son corruptos sean decentes, no. Es que, a lo mejor, no han tenido la oportunidad de ser corruptores o corruptos. La oposición siempre lo tendrá más difícil que el gobierno.

 

Nota: Este artículo lo escribí y me los publicaron ¡una o dos semanas antes de comenzar las detenciones en el ayuntamiento de Telde, que puedo asegurar que desconocía!


* Mafersa

 

Continúa…