La corrupción (y II)

Manuel Fernández Sarmiento *

El supuesto intento de soborno de Domingo González Arroyo a un concejal de Antigua para cambiar al alcalde de ese municipio tiene varios paralelismos con el que realizó el expresidente del Cabildo de Lanzarote y líder del PIL Dimas Martín. En aquella ocasión escribí un pequeño poema, casi épico, relatando el ingreso en prisión de Dimas y que, si me lo permiten, les expongo más abajo.

Los casos de corrupción que se han detectado no son, como se ha dicho hasta la saciedad, nada más que la punta del iceberg. Es indiscutible que se impone una regeneración política y moral en nuestras maltratadas Islas Canarias. El ciudadano corriente tiene el temor de que no se descubran todos los negocios sucios que, amparados en el poder, en la influencia, en la información privilegiada, se han desarrollado como hongos. Tiene el temor de que se proceda al cambalache de trapos sucios, ya lo dije en el capítulo anterior : “Todo se arregla por debajo de la mesa; tú te callas lo mío y yo no digo nada de lo tuyo”

Cuatro sesiones plenarias en un mismo día para un ‘Parlamento Autonómico’ representan todo un récord. La necesidad de los grupos parlamentarios mayoritarios (3) de mostrar al público una imagen limpia, les ha impulsado a solicitar sesiones extraordinarias para solicitar la creación de una comisión de investigación para el mismo caso de ‘los aerogeneradores o caso eólico’. ‘El caso Amorós’, en relación con la audiencia de cuentas sobre la gestión de la Dirección General del Tesoro durante el ejercicio 2002, se llevará el cuarto pleno de la maratoniana jornada.

Con tantas comisiones creadas, se logrará la anulación de la actividad parlamentaria, para dedicarse en exclusiva a investigar las corruptelas que nos invaden. Encima, eso: media legislatura perdida.

Por otra parte, el supuesto intento de soborno de Domingo González Arroyo a un concejal de Antigua para cambiar al alcalde de ese municipio tiene varios paralelismos con el que realizó el expresidente del Cabildo de Lanzarote y líder del PIL Dimas Martín, por el que fue condenado a tres años de prisión e inhabilitación para ocupar un cargo público.


En aquella ocasión escribí un pequeño poema, casi épico, relatando el ingreso en prisión de Dimas y que, si me lo permiten, paso a exponerles.


“SIN PASIÓN: ¡DIMAS A PRISIÓN!”

 

Eran las Cinco en punto de la tarde.

Dímas en Tahíche se presentaba,

a las cinco de la tarde.

 

Una puerta de rejas de hierro le esperaba,

Era la tercera vez que esa puerta atravesaba.

¡a las cinco de la tarde!.


Su particular paseíllo disfrutaba

hasta el centro penitenciario,

las mujeres rezaban el Rosario

Su público le aclamaba,


Cincuenta metros le separaban

de la puerta de la prisión

¡Quince minutos le robaban

los besos y abrazos con pasión!


¡A las cinco de la tarde!

¡Eran las cinco en punto de la tarde!.


¡Eres el mejor! ¡Eres el mejor!

Gritaba el gentío,

y el saludaba con gran tronío.


¡Inocente! ¡Inocente!

Aclamaba la gente,

mientras él se secaba,

el sudor de su frente

 

¡A las cinco de la tarde!

Una preciosa luz de atardecer

iluminaba el volcán de Tahíche

cuando comenzó a descender

del todo terreno rojo,

el rey del trapiche

 

Las fuerzas vivas le esperaban

no sólo de Lanzarote,

pues de Fuerteventura y de la Gomera

le trajeron hasta almagrote

 

¡A las cinco de la tarde!.

¡Eran las cinco en punto de la tarde!

 

A despedir a su líder vinieron

altas autoridades,

del PIL y de la FNC,

que a Dímas dieron abrazos

como si este fuese a fallecer


A los antiguos entierros recordaba

su ingreso en la prisión,

viendo como la gente

el pésame les daba

a los consejeros del Cabildo,

en perfecta formación.


¡A las cinco de la tarde!

¡Dimas, amigo, el pueblo está contigo!

¡Dimas, amigo, el pueblo está contigo!


Arreciaron los gritos y el aplauso,

¡Inocente!, ¡Inocente!

Eran las voces de su gente

¡A la verde puerta se iba acercando!


Ocho civiles le aguardaban

para su ingreso en la prisión,

pues miedo tenían que con su arte

aprovechara el momento,

para hacer una nueva coalición.


¡Ay qué terribles cinco de la tarde!

¡Eran las cinco en todos los relojes!

¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

 

* * *

 

Rememorando a García Lorca en su poema “LA COGIDA Y LA MUERTE

 

 

                 Manuel Fernández Sarmiento