La guerra como negocio

Roberto Bardini

Según un analista internacional, George Bush tiene el perfil del presidente perfecto para las grandes corporaciones: fanático, disléxico, retrasado mental, alcohólico no rehabilitado, con tendencias megalómanas y sádicas de acuerdo con un reciente estudio psiquiátrico, cumple con todos los requisitos que exige un gobierno empresarial.

El escritor inglés Thomas de Quincey (1785-1859) publicó en 1827 un ensayo que constituye una pequeña joya del humor negro: El asesinato considerado como una de las bellas artes. Veintisiete años más tarde agregó una posdata, que incluye lo que el crítico español Francisco José Súñer Iglesias definió como "una de las citas más refinadamente sarcásticas de la literatura universal": "Uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente".

Pareciera que el presidente George W. Bush, a quien el escritor argentino Tomás Eloy Martínez definió como "llano y vacío como una página en blanco", recorrió un camino inverso a la frase del autor británico. De la bebida pasó a las drogas y, de ahí, saltó a la autoría intelectual (si es que cabe la palabra) de guerras en pos de buenos negocios.

No es necesario reproducir todos los epítetos que la prensa de Estados Unidos y otros países ha dedicado al mandatario. Fernando Montiel, editor, analista y consultor en relaciones internacionales y resolución de conflictos, hace una buena síntesis en un artículo titulado "La guerra como negocio":

"Mediocre como es, George Bush tiene el perfil del presidente perfecto para las grandes corporaciones. Fanático, disléxico, retrasado mental (tiene menos de 90 de coeficiente intelectual), alcohólico no rehabilitado, con tendencias megalómanas y sádicas de acuerdo con un reciente estudio psiquiátrico, el actual ocupante de la Casa Blanca, cumple con todos los requisitos que exige un gobierno empresarial: ignorante y bisoño, fácil de manipular, fácil de engañar, fácil de extorsionar y fácil de dirigir. Por todo esto, cualquier persona medianamente racional debería exigir su salida del despacho oval, pero precisamente son éstas las razones por las que a las corporaciones les conviene tenerlo dentro. Es el criado perfecto".

En su artículo, Montiel menciona a la inglesa Mary Kaldor, directora del Programa para la Sociedad Civil Global en la London School of Economics y autora del libro Las nuevas guerras (editorial Tusquets, Barcelona, 2001). Para Kaldor -que durante tres décadas fue profesora de relaciones internacionales e investigadora en la Universidad de Sussex- los nuevos conflictos bélicos combinan "violaciones sistemáticas a los derechos humanos, desdibujamiento de la frontera entre lo civil y lo militar e involucramiento del crimen organizado".

Datos recientes ilustran acerca de esta tenebrosa combinación. La ofensiva norteamericana contra Fallujah, ciudad de 300 mil habitantes, provocó una catástrofe humanitaria. Por esos mismos días, el sitio web Antiwar.com informó -citando a fuentes del Pentágono- que la ocupación de Irak le está costando a Estados Unidos cerca de 5 mil 800 millones de dólares mensuales. Pero ese desembolso también significa grandes ganancias para ciertas empresas. Y casi simultáneamente, trascendió que Washington estudia una cuantiosa venta de armas a Pakistán, valorada en mil 300 millones de dólares, tras el argumento de reforzar las fronteras del país asiático.

Hay más indicios: The New York Times aseguró que Bush podría desencadenar un conflicto innecesario con Irán, de igual forma que lo hizo con Irak. En un editorial, el diario apunta que Washington propaga señales falsas acerca de una supuesta amenaza nuclear del país persa, a pesar de que Teherán se comprometió a suspender el enriquecimiento de uranio.

Para cerrar el círculo es bueno volver al principio de este artículo con palabras de Juan Miguel de Mora, profesor de Indología en la UNAM y ex combatiente de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil española, quien en su ensayo "Barbarie y ambición" indica: "Thomas de Quincey escribió hacia 1827 Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes. Es una lástima que el señor W.Bush no tenga talento para escribir Del asesinato masivo considerado como negocio".