LA HISTORIA Y SU VEREDICTO (III)

Tanajara

Este desigual reparto de la riqueza ha generado que una veintena de países, llamados desarrollados y que conforman el centro del poder, vivan en la opulencia botando y derrochando, a costa de que 180 [países] vivan en la más desesperante pobreza, lo que equivale a que de cada cinco habitantes del planeta, para que uno bote y derroche con el más absoluto cinismo, cuatro vivan con grandes dificultades. Las estadísticas nos dicen que de cada cinco habitantes del planeta uno vive en el Primer Mundo y cuatro en el Tercer Mundo. La pobreza en el Tercer Mundo arropa al 90% de la población, desde los que tiene dificultades para comer tres veces al día, hasta los que pasan días sin poder comer. De las 6,500 millones de personas que habitamos el planeta, no menos de 3,500, algo más de la mitad, viven con el equivalente de dos dólares diarios y un 45% de éstos tienen que arreglárselas con un dólar o menos diariamente. Frente a este espantoso, aterrador y dramático cuadro, se exhiben aberrantes realidades como estas: Los tres multimillonarios más grandes del mundo tienen unos ingresos anuales equivalentes al P.I.B. de los 49 países más pobres de la tierra. Los 200 millonarios más grandes del mundo concentran una fortuna que suma 1,5 billones de dólares

Estas aberraciones, producto del dominio colonial de ese centro de poder que nace con la expansión colonial europea y que se ha mantenido y consolidado a lo largo de más de 500 años, no puede generar otra cosa que la invasión de ese Primer Mundo por el mal llamado Tercer Mundo. La dialéctica y el método de análisis científico nos dicen que lo que ocurre hoy, tuvo su origen en el pasado y tendrá su repercusión en el futuro. Tras este hecho se mueve más de 500 años de historia con su enorme y compleja carga de causas y efectos. El pretender ignorarle es caer en el más craso error. Pero aun en esto hay algo más, pues ese centro de poder sin proponérselo allanó el camino para que este fenómeno que hoy no le permite conciliar el sueño, se diera.

Los ideólogos del Sistema Social Capitalista tienen muy claro desde hace tiempo que éste no tiene capacidad, por sus limitadas estructuras, de dar respuestas adecuadas a las necesidades que plantea una explosión demográfica mundial, tal como lo denota la recordada campaña en la década de los 60 del pasado siglo, dirigida a la esterilización de las mujeres del Tercer Mundo. Esta campaña tuvo éxito en el Primer Mundo, pero un rotundo fracaso en el Tercer Mundo, pues sus mujeres siguieron pariendo y en medio siglo duplicaron la población del mundo. Este hecho presenta hoy la realidad, que mientras el Primer Mundo está habitado por sociedades envejecidas, llenas de jubilados, baste saber que en Alemania por cada mujer apta para la reproducción, entre 15 y 45 años aproximadamente, nace 0,9 niños. En España ese porcentaje es de l,2 niños. Mientras las sociedades del Tercer Mundo rebozan de una juventud que ante la crisis que les oprime no tienen otra salida que buscar en la opulencia del Primer Mundo nuevos horizontes.

Los estimados existentes nos dicen que para mantener una economía en crecimiento deben de trabajar tres personas por cada jubilado, las envejecidas sociedades europeas no tienen capacidad para cumplir con estos promedios, no tienen otra salida que recurrir a la sangre joven que generosamente le brinda el Tercer Mundo. Pero ellos quisieran que esto fuese controlado, no más que lo que necesitan, pero por razones obvias eso no es posible. Los descendientes de esa gran mása de inmigrantes admitidos y legalizados por necesidad, jurídica y políticamente son europeos, pero no culturalmente, pues el excluyente y prejuiciado modelo cultural europeo no lo tolera, eso le condena a la segregación, la marginalidad, la exclusión, condenándole a la periferia donde se identifica con las grandes másas de inmigrantes legales e ilegales con quienes comparten las injusticias, los abusos, los epítetos, los desprecios, las represiones, y ese interminable etc., que caracteriza nos guste o no, a la cultura europea.

Europa por las razones expuestas, al menos por largo tiempo no puede prescindir de importantes contingentes de emigrantes del Tercer Mundo. La integración de etnias y culturas siempre es traumática, pero cuando se da entre seres que se consideran iguales o de supuestos superiores a inferiores, como los grandes contingentes de emigrantes que ha expulsado Europa por sus crisis y guerras hacia el resto del mundo, ésta es más accesible, pero lograr la integración de supuestos inferiores a superiores, más que dramático es heroico. Y esa es una de las realidades de nuestros días, donde la concepción cultural del que se cree superior, sin negar las excepciones de importantes contingentes de europeos progresistas que tienen muy claras sus ideas, se puede definir, aunque parezca grotesco, en la siguiente oración: "Turbas insolentes de miserables, que se niegan a morir tranquilos, tal como les corresponde a su categoría social y cultural, en el silencio de su miseria creada por su indolencia y su incapacidad, que se vayan muy lejos de aquí, donde no molesten, que se queden en su tierra, en sus países de muertos de hambre, de tarados y mongólicos y dejen de aspirar a vivir como los blancos y civilizados europeos y norteamericanos."

Puede parecer duro e indeseable, para muchos, pero esa oración se aproxima mucho a la realidad inocultable y objetiva con la que nos topamos diariamente en esa Europa que aun sigue practicando ese modelo cultural que impuso su proceso colonial en cuyo camino le acompaña su socio inseparable, Estados Unidos de América.

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