LA HISTORIA Y SU VEREDICTO y (IV)
Tanajara
Era necesario decir lo que antecede, para poder medir en su justa dimensión, los previsibles acontecimientos que están por venir, pues aunque cierren todas las puertas, aunque levanten muros altos y largos, aunque se forren de alambradas, el hambre, la miseria, la desesperación a que han condenado a las tres cuartas partes de la población mundial y el inimaginable costo en sufrimientos, sacrificios, mutilaciones y muertes, el Primer Mundo no podrá controlar y menos impedir la invasión que le llega del Tercer Mundo. Esta afirmación se ampara en el siguiente razonamiento:
Este es un problema de carácter socio–económico que la represión, las leyes, las cárceles, los tribunales, las amenazas, incluso el maltrato y la tortura, no pueden resolver. Pues para muchísimos de estos desdichados es mucho mejor estar preso que en libertad, pues la tortura del hambre y todo tipo de carencias y restricciones es más terrible que estar preso. La solución está en dar respuestas adecuadas a las causa que genera el problema. Ahora bien, ¿puede el sistema social imperante minimizar siquiera esta realidad tanto en el Tercer Mundo como puertas adentro, en el momento histórico en el cual está envuelto en la crisis más amplia y compleja que jamás ha conocido?. Baste saber que a la crisis de superproducción que económicamente le tiene atado, hay que sumarle la contaminación ambiental que exige fuertes sacrificios económicos, la crisis energética que acorrala aun más a la deteriorada economía mundial, el desempleo y la cada vez más crítica capacidad de consumo de las grandes másas que restringe cada vez más el mercado, las enormes contradicciones entre el imperio norteamericano y su desbocado apetito hegemónico y la Comunidad Económica Europea, los cada vez más escuálidos recursos que ese Primer Mundo le arranca al esquilmado Tercer Mundo.
La lista es interminable, a cuyo amplio prontuario se suma la incapacidad estructural de el Sistema Social Capitalista para dar respuestas a las necesidades que exigen los 6,500 millones de personas que habitamos el Planeta. Esto es solo en el campo económico, el campo social no presenta mejor perspectiva, el modelo cultural al que aludimos se levanta como muralla infranqueable en la necesaria integración y asimilación que tiene que darse con la inmigración, convirtiéndose en volátil leña que alimenta la hoguera de los prejuicios sociales que la composición clasista del sistema social imperante no tolera, pero que lo necesita para su propia existencia.
Como negar, y menos desconocer, la deuda que el opulento y orgulloso Primer Mundo le debe a esos pueblos que hoy le invaden pacíficamente, para humilde y decorosamente ofrecer su esfuerzo físico e intelectual representado en su trabajo y su esfuerzo que crea riqueza y genera prosperidad y bienestar.
Muy diferentes fueron las invasiones de los europeos a lo largo de todo este proceso, que arriba de violento y sanguinario, condenaban a sus habitantes -los abuelos de los que hoy llegan- a la muerte si se oponían a la ocupación, a la esclavización de las mayorías, a la explotación más voraz y despiadada, a la segregación y la exclusión socio–cultural, y después a baños de sangre cuando cansados y maltratados por siglos, decidían enfrentarse en busca de su libertad. Pero esto no fue todo. Mediante métodos bestiales los pacíficos habitantes de los pueblos invadidos, eran obligados a extraer sus propias riquezas naturales en beneficio exclusivo de las ostentosas metrópolis.
Me viene a la mente la afirmación del gran escritor Eduardo Galeano en su célebre obra Las Venas Abiertas de América Latina, cuando refiriéndose a la mina de plata del Potosí, la más rica descubierta jamás dice: " ...de cada diez indios que subieron a los páramos helados del Potosí, siete no regresaron jamás". Estamos hablando de más de ocho millones de personas.
Sin apasionamientos, sin férreas posiciones o fanáticos estereotipos, con el sosiego y la mesura que aconseja la razón, compare distinguido lector y arribe a sus propias conclusiones.
La deformación cultural del europeo, es de tal magnitud, que él con todos sus prejuicios se autodenomina civilizado y al que llega lo llama, en el mejor de los casos, gente del Tercer Mundo, con el desdén y el desprecio característico. Me pregunto:
¿Cuándo el europeo tendrá el coraje y la valentía de mirarse en su propio espejo, haciendo una correcta lectura de la imagen que proyecta?. Quedan excluidos los importantes contingentes de europeos progresistas que con clara visión histórica si tiene muy claro lo que aquí se plantea.
Cómo negar el derecho histórico que asiste a los inmigrantes de estos pueblos, cuya humildad e ignorancia no les permite reclamar esos derechos, pero cómo desconocer la silenciosa presencia de los mismos en los acontecimientos que nos ocupan, lo mismo que ignorar la presencia de los vientos sembrados a lo largo de más de 500 años en los cuales estos pueblos fueron sometidos a un saqueo descomunal de sus riquezas y recursos, su población sometida a una condiciones de vida infrahumana, condenándoles al más atroz subdesarrollo y atraso, dejándoles en nuestros días la única salida de emigrar en busca de una vida decente, para encontrarse con explotaciones sin nombre, trato despectivo, incremento de la miseria, la segregación, la marginalidad y la exclusión social más detestable.
Si analizamos el fenómeno con sentido crítico y analítico, no debe extrañarnos el curso de los acontecimientos que nos ocupan, ni el enorme poder destructivo de esas protestas, pues la enorme carga agresiva reprimida que han generado los siglos de abusos e injusticias, alimentadas por lo que sigue ocurriendo en nuestros días, al hacer eclosión, no puede generar otros resultados. Por otro lado, ¿acaso no es cierto que Europa lleva más de 500 años sembrando vientos?, ¿por qué se sorprende al cosechar tempestades?, ¿no es cierto que la siembra de trigo no puede dar otra cosa que trigo multiplicado?.
Lo que acaba de ocurrir en Francia es apenas el inicio, pues ese juez insobornable e incorruptible que se llama historia, ha dictado su veredicto y los deseos, caprichos o intereses del hombre, nada pueden contra ese dictamen, que guste o no, acéptese o rechácese, esto se ha convertido en un nuevo y afilado puñal que se mueve peligrosamente muy cerca de la garganta del Sistema Social Capitalista, ya que amenaza directamente a sus dos bases principales de sustentación, los Estados Unidos de América y la Unión Europea.