La Laguna: una muerte anunciada

 

Adrián Alemán de Armas

 

Juan Carlos Alemán vive en La Laguna desde hace años; fue profesor de enseñanzas básicas en el Colegio del Camino Largo durante unas generaciones de jóvenes ahora treinta añeros. Ha caminado sus calles, paseado sus caminos, debatido sus problemas y comprendido sus necesidades, caminos, debates y comprensiones que tendría que asimilar para tomar la decisión de gobernar la ciudad, que en principio es la tercera de Canarias, aunque desde ella se gobernó el archipiélago en momentos importantes de pasadas centurias.

 

Desde hace algún tiempo, la dejación del ejercicio del poder, las novelerías de los débiles puntales que han asistido a las elecciones para salir, la falta de apoyos a líderes objetivamente valiosos y el infortunio producido por los traspiés, las persecuciones, las puñaladas, de los enfermizos manejos de algunos para conseguir el poder, cueste lo que cueste, incluso esa constante persistencia de estar durante treinta años relativamente en la sombra para aparecer el final como un salvador, como ha sucedido recientemente con determinados personajes, molestan en lo más profundo de la sensibilidad, por lo hiriente, por lo oculto, por lo sesgado, incluso por lo perverso.

 

Es fácil conseguir los apoyos de los militantes. Grupos heterogéneos de personas animosas, gentes nobles, que creen en la realidad política y se dejan convencer con palabras altisonantes, con actitudes caciquiles, con promesas por lo general incumplidas a los que se pide la fidelidad y la conceden por amistad o por agotamiento del mensaje. A los partidos políticos añejos, como es el caso del PSOE, lejos de consolidar sus bases con gentes preparadas, cultas, reflexivas y críticas, como así fue al principio de la democracia reciente, ha conseguido la eliminación de las voluntades, el abandono de la militancia, la ausencia de la crítica y el sufrimiento por persecución de los ex militantes críticos que siguen pensando que hay que mantener la democracia y votan tapándose la nariz o depositando la papeleta en blanco, con lo que la oposición gobierna con el treinta por ciento, o poco más, de los votos emitidos o de los votos contabilizados.

 

Las perrerías de las que somos conocedores, de las que presentimos, de las que nos llegan noticias, pero que no podemos decir porque no podemos demostrar, son tales que asustan al modesto votante y sucede como en las sociedades de recreo que o son subvencionadas por las instituciones o se caen a trozos y hay que cerrarlas por abandono.

 

Al respetado señor Alemán, y él sabe que lo respeto, le ruego que piense bien lo que va a hacer con la candidatura del PSOE a La Laguna. Un fracaso más en la línea de elección del candidato nos llevará a la desaparición del municipio, por absorción  y el nombramiento de un prontosaurio político, añejo, con más caparazones que un galápago, de talante sesgado, prepotente y con ideas tangenciales, me asusta a la altura de mis años donde ya he conocido unos diez alcaldes que de una y otra forma han martirizado sus presupuestos, ensalzado su cultura, rebuscado su patrimonio, abandonado la cultura conquistada y amenazado con su desaparición como municipio por fusión con Santa Cruz. Sólo con un poco de inteligencia, con un mínimo de cultura, una dosis suficiente de talante, un buen déficit de prepotencia, sólo con eso, esta ciudad se gobierna, la sociedad vota favorablemente, y el futuro se despeja como es el deseo de todos los ciudadanos.

 

Piense, Señor Alemán que le hablo desde el riesgo de opinar contra un candidato erróneo, con todo  lo que trae consigo a un ciudadano libre. Esto sólo se hace desde el cariño a la ciudad que he estudiado profundamente, he comprendido en casi todos sus argumentos y trato de defender cuando la ofenden. Porque no hay nada más importante que ser ciudadano de a pié de la ciudad donde naciste y es de bien nacido el ser agradecido. Dénos una oportunidad. De los posibles errores, serán ustedes los responsables. Así me lo aprendí yo.

 

Publicado en La Opinión el 5.10.06